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lunes, 28 de abril de 2025

MAESTRO DE ORACIÓN Y CONTEMPLACIÓN

 

Thomas Merton (1915-1968) fue un monje trapense, escritor y místico cuya obra sigue iluminando el camino de la oración y la vida espiritual. Su enseñanza sobre la oración no se limitó a fórmulas o técnicas, sino que se centró en la transformación interior y la apertura a la presencia de Dios.

La Oración como Encuentro con Dios

Para Merton, la oración no era simplemente una actividad, sino una forma de ser. En su obra Semillas de Contemplación, enfatiza que la oración auténtica no consiste en palabras vacías, sino en una disposición interior que nos permite entrar en comunión con Dios. La verdadera oración, según él, es aquella que nos lleva a la transformación, al abandono del ego y a la entrega total a la voluntad divina.

El Silencio y la Contemplación

Merton veía el silencio como un espacio sagrado donde el alma podía escuchar a Dios. En La Montaña de los Siete Círculos, su autobiografía, describe cómo el retiro en el monasterio de Gethsemani le permitió descubrir la profundidad del silencio contemplativo. Para él, el silencio no era ausencia de palabras, sino una presencia viva que nos abre a la realidad divina.

Oración y Compromiso con el Mundo

Aunque vivió en un monasterio, Merton nunca consideró la oración como un escape del mundo. En sus escritos sobre justicia social y paz, como Fe y Violencia, muestra cómo la oración debe llevarnos a una mayor conciencia del sufrimiento humano y a un compromiso con la transformación de la sociedad. Su espiritualidad no era pasiva, sino profundamente activa, llamando a los cristianos a ser agentes de paz y reconciliación.

Diálogo Interreligioso y la Universalidad de la Oración

Merton fue un pionero en el diálogo entre religiones, explorando la oración en el budismo zen, el hinduismo y otras tradiciones espirituales. Su encuentro con el Dalai Lama y su estudio de los místicos orientales le llevaron a descubrir que la oración es un lenguaje universal que une a todos los buscadores de la verdad.

Legado Espiritual

Hoy, la enseñanza de Merton sigue siendo una fuente de inspiración para quienes buscan una vida de oración auténtica. Su llamado a la contemplación, al silencio y al compromiso con el mundo nos recuerda que la oración no es solo un acto, sino una forma de vivir en la presencia de Dios.


domingo, 24 de enero de 2021

RECORDANDO A THOMAS MERTON (Jonathan Montaldo)

Dentro de una semana, 31 de enero, se cumplirá el 106 aniversario del nacimiento de Thomas Merton. Algunos lectores pueden estar familiarizados con él. Los lectores mayores pueden recordarlo literalmente (este escritor nació un año después de su muerte). Merton fue un monje y sacerdote trapense, un escritor prolífico, un erudito religioso, un defensor del diálogo interreligioso y una voz fuerte a favor de la no violencia, los derechos civiles raciales y la justicia social. Pasó la mayor parte de su vida adulta en el claustro de la Abadía de Nuestra Señora de Getsemaní en Kentucky, donde fue conocido como el Padre Louis.

Durante la infancia, Merton perdió a su madre. Fue trasladado con frecuencia a lo largo de la infancia, viviendo en Inglaterra, Francia, Italia, Estados Unidos y Bermudas. Su padre murió poco antes de que Merton llegara a la edad adulta y el hermano menor de Merton falleció en la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de su temprana edad adulta, Merton luchó con sus propios demonios, bebiendo y siendo mujeriego, supuestamente engendrando un hijo "ilegítimo". Amante de la palabra escrita, se le ocurrió la idea de convertirse en un escritor profesional, abandonando finalmente esta noción tan vanidosa y egocéntrica a medida que fue sintiendo gradualmente el tirón de la vida contemplativa espiritual.

Se interesó por las tradiciones orientales y, al mismo tiempo, se sintió cada vez más atraído por el cristianismo y específicamente por el catolicismo. Exploró las posibilidades dentro de la tradición católica antes de encontrar su camino a Getsemaní y ser aceptado en la orden cisterciense. Para beneficio de legiones de lectores, Merton encontró su camino de regreso a la escritura, siendo permitido y animado por su abad. Llegó a ver que la escritura no tiene por qué estar al servicio de convertirse en un “gran” escritor adorado, sino que puede estar al servicio del amor cristiano por la humanidad. La escritura se convirtió en un (¿el?) Componente central de la práctica espiritual de Merton. Su legado publicado incluye decenas de libros, ensayos, poesía y reseñas que cubren una amplia gama de temas. Para obtener muchos más detalles biográficos (y mucho mejor escritos), consulte aquí, aquí, o lea el propio relato de Merton sobre su vida temprana The Seven Storey Mountain.

Merton puede ser la figura más importante del siglo XX en términos de señalar los aspectos místicos y no dualistas de la tradición cristiana. Nunca se contentó con simplemente imitar robóticamente a sus maestros espirituales. Su práctica fue de indagación, diálogo, dinamismo y en ocasiones desafío. Los autores de los Evangelios, Francisco de Asís, Dante, San Juan de la Cruz, William Blake y Gerald Manley Hopkins y muchos otros vivieron y respiraron la vida estadounidense de Merton en el siglo XX en lugar de acumular polvo en los estantes de libros. Trajo textos y enseñanzas anteriores a su propio tiempo y lugar. Estudió vidas, no solo escritura.

Es la opinión de este escritor que las prácticas gemelas de la acción enérgica, ética de la justicia social y la oración contemplativa podrían llegar a ser lo que (si es que lo hace) ayuda a llevar la tradición cristiana estadounidense a través de este siglo. Para que no se calcifique y se vuelva irrelevante, ofreciendo un monolito rígido y autoritario corrompido por la política de derecha y el patrioterismo por un lado o saliendo del camino de una manera superficial, bienhechora y para sentirse bien por el otro. También es de la opinión de este escritor que el movimiento de justicia social secular podría beneficiarse de la práctica regular de la auto-investigación. Esto podría generar una mayor eficacia, una energía más concentrada y, sin duda, mejorar la salud. Merton comprendió que el contemplativo no puede simplemente esconderse en la meditación, sino que a veces debe mirar hacia afuera, no sea que use la meditación como una herramienta de evitación. También entendió que el activista a veces debe estar quieto y mirar hacia adentro, no sea que se queme, ceda al odio o la desesperación, o quizás lo peor de todo, permita que su ego tome la acción en lugar de su amor desinteresado. La vida de Merton es un caso de estudio en la búsqueda del punto óptimo entre levantar la voz y mantener el silencio, el punto de equilibrio entre la acción y el ser.

(Tomado de la página de Facebook del autor)

lunes, 20 de julio de 2020

LOS DIARIOS DE THOMAS MERTON: LOS AÑOS DECISIVOS (1960-1963)


La introducción de este libro, publicado bajo el título "Turning Toward The World", aclara el título y expone las cuestiones y temas críticos que aparecieron en la vida de Thomas Merton durante este período crucial. Los primeros años 60 fueron tiempos de cambios profundos en la sociedad y en la Iglesia Católica: el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos y el Concilio Vaticano II. Estas protestas en la sociedad y en la Iglesia despertaron en Merton un hondo sentido de la responsabilidad social y eclesial en el mismo momento en que buscaba muy activamente un grado mucho mayor de soledad en su vida. Esta paradoja (compromiso y retiro), que le acechó durante toda su vida monástica, alcanza en este volumen una intensidad que no tiene paralelo en sus diarios anteriores. 

El volumen está dividido en cuatro partes:

La primera, "The promise of Hermitage" (La promesa de la ermita) va desde mayo de 1960 hasta diciembre de ese mismo año; el tema de la construcción de un lugar que en principio sería casa de retiro, pero que finalmente se convierte en una ermita en la que Merton sueña poder vivir. Pasa tiempo en ella una vez terminada, pero todavía sin quedarse a dormir, y le llama "Santa María del Carmelo". Otros temas que aparecen en esta parte del volumen: la lucha de Merton con su llamada a una mayor soledad, desilusión con Gethsemani a la par de sus propias limitaciones como monje, críticas a Don James, apelación a Roma para irse a otro sitio más solitario, y sus muchas y variadas lecturas (Chuang-Tzu, Óliver Clément, Teilhard de Chardin, Karl Barth, Abraham Heschel, Ananda Coomaraswamy, etc). 

La segunda parte, "The continuing Need of Question" (La necesidad contínua de cuestionarse) abarca desde enero-diciembre de 1961; Merton durante este año se sumió en una gran introspección , tratando de escribir menos y luchando contra las ambigüedades de su vida. La constancia de la bondad de Dios para con él y su postura crítica respecto al monasterio y al abad, a la par de reconocer su necesidad de amarlos. Se siente urgido a decir una palabra sobre el peligro de una guerra nuclear, pero teme ser malinterpretado. Algunas intuiciones respecto a su responsabilidad con las tradiciones espirituales; sus comentarios acerca de los libros que escribe (El hombre Nuevo) y reflexiones sobre su correspondencia (Erich Fromm, Abdul Azis, Czeslaw Milosz, etc) y extensas lecturas (Karl Barth, Rahner, Gandhi, etc). 

 En este período visita el monasterio Don Jean Leclercq y conversa con Merton, sugiriendo que este es pesimista, demasiado ansioso y crítico; Merton se molesta, pero la lectura de esta parte del diario parece  respaldar el criterio de Leclercq, pues  aflora bastante negatividad: sobre el mundo, la Iglesia, la vida monástica, Gethsemani y su propia vida como monje. En este periódo revisó su libro Semillas de Contemplación para una nueva edición (Nuevas Semillas de Contemplación), comenzó sus Cold War Letters y los artículos sobre la guerra y la paz, además de despertar su interés por la naturaleza a partir de pasar más tiempo en la ermita. 

La tercera parte es "Seeking the Right Balance" (Buscando el equilibrio adecuado), abarca de enero a diciembre de 1962. Merton está fuertemente convencido de su obligación de manifestarse en contra de la guerra nuclear y la amenaza que supone para la existencia de la raza humana. Escribe al respecto en varias revistas y recibe críticas por ello, siendo el único monje y sacerdote que asume en esta postura; se muestra herido y molesto por ello, aunque en el fondo parece disfrutar de la situación. El 27 de abril el abad general de los trapenses envía la orden de que Merton no puede publicar nada sobre la guerra. Merton señala que por algún motivo inexplicable su abad, Dom James, demoró tres meses en informarle de ello. Apoya al Movimiento Católico por la Paz, aunque tiene algunas reservas. 

Merton sigue mirándose a si mismo de manera crítica, y lamenta sus duros juicios sobre sus hermanos trapenses. Algunas reflexiones eclesiológicas en esta parte del diario, como sus comentarios a su lectura de un libro de Hans Küng sobre el Concilio y la unidad de los cristianos. Merton sigue leyendo mucho y diverso, tanto clásicos de la espiritualidad cristiana como contemporáneos. 

La cuarta parte es "Gifts of Quiet and Nature" (Dones de la Quietud y la Naturaleza), de enero a julio de 1963. Al poder pasar más tiempo en el entorno tranquilo y natural de la ermita, Merton lucha contra su actitud crítica para con la comunidad de Gethsemani y su abad. Admitiendo la complejidad de sus relaciones con el abad, percibe la buena voluntad y la genuina sinceridad de este. Lucha con su compulsión de escribir y publicar, y lamenta la falta de sentido de su vida. Más reflexiones eclesiológicas y sobre un tema favorito de Merton: la diferencia entre el yo verdadero y el yo falso. Muestra su amor y admiración por Juan XXIII, y alaba a Martin Luther King Jr., y referencias a sus diversas lecturas, entre ellas César Vallejo. 
 En esta época tuvo Merton algunos problemas con sus editores, y casi finaliza el volumen evaluando el papel que ha jugado la soledad que vive en la ermita:

"Lo mejor ha sido recuperar las dimensiones reales del misterio de Cristo. Una recuperación, por decirlo así, de la fe profunda y primitiva, reconociendo que es un verdadero regalo. ¡Qué renovado y qué agradecido estoy! Mi espíritu respira de nuevo tras un tiempo de falta de aire y asfixia". 

(Tomado de: Diccionario de Thomas Merton)


martes, 30 de junio de 2020

LOS DIARIOS DE THOMAS MERTON: CAMINO DE CONVERTIRSE EN MONJE Y ESCRITOR


El segundo volumen  publicado de los diarios de Thomas Merton (Entering the Silence, 1941-1952) es el más extenso de todos, y empieza con el día en que fué recibido oficialmente como postulante en la abadía de Gethsemani; concluye una década después con el famoso pasaje "Vigilante contra el fuego" (Fire Watch) en el que Merton, ya en ese momento Father Louis, es maestro de los nuevos monjes profesos. Es un recorrido nocturno a través del monasterio, a la vez que un viaje metafórico a través de su propia historia como monje trapense. 

 En realidad el diario no cubre totalmente el  período completo antes citado. El volumen consta de tres partes: la primera, tiene solo seis entradas (escritas entre el 13/12/1941-3/4/1942); son fragmentos salvados de su diario de novicio, que se habrían destruido a no ser por siete poemas escritos en esas páginas, y alguna prosa adyacente. 

Luego ya no hay material entre abril de 1942 y principios de 1945, cuando empieza la segunda parte, "A Journal-Memoir: Dom Frederic Dunne".Es una recopilación de entradas, escritas en el transcurso de tres años, centradas en el primer abad de Merton, y que tenían como propósito compartir recuerdos para una posible biografía. Estas notas fueron encontradas entre los papeles de otro monje, y son una muestra del respeto y cariño que tenía Merton a este abad, que le acogió en el monasterio y le animó a escribir.

La parte tercera es la más amplia y la más importante ("The Whale and the Ivy"/"La ballena y la Hiedra"), y parte de ella fue publicada como libro, bajo el título "El signo de Jonás" (es el libro de Merton que más leí, de modo continuado, durante varios años). Abarca  desde el 10/12/1946, quinto aniversario del ingreso de Merton en Gethsemani,  hasta el 5/7/1952, fecha que se da la vigilancia contra el fuego. 

 En conjunto, el diario de este período es más mundano, y contiene muchos detalles de rutinas ordinarias en la vida cotidiana, de lecturas de Merton, etc, y muchas de ellas no hicieron parte de El signo de Jonás. Son pasajes más testimoniales, en los que aparece Merton tratando de armonizar sus deseos de soledad con  la atareada vida trapense en un monasterio abarrotado, y su doble vocación de monje y escritor. 

 En este período que recoge este segundo volumen de los Diarios ocurrieron acontecimientos importantes en el proceso vocacional monástico de Merton: su profesión de votos solemnes, el 19 de marzo de 1947, su ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1949; en noviembre de ese mismo año comienza a dar clases de Sagrada Escritura, Historia Monástica y Espiritualidad a novicios y monjes jóvenes; y en mayo de 1951, es nombrado maestro de estudiantes, a cargo de los nuevos monjes profesos. 


Varios acontecimientos relacionados con el monasterio impactaron a Merton en este período: la muerte de un abad, Frederic Dunne (agosto, 1948), y la elección de uno nuevo, James Fox, que será su superior durante casi dos décadas. También la visita de Dom Gabriel Sortais, abad general, la celebración del centenario del monasterio, con nuevos proyectos de escritura para esa ocasión, el crecimiento de la comunidad, más de 200 monjes, que se alivia un poco con nuevas fundaciones en Utah y Carolina del Sur. 

 También esta es la etapa en que Thomas Merton se hace famoso, tras la publicación de su autobiografía, "La montaña de los siete círculos"; además publicó varios libros y folletos, entre ellos: "Semillas de Contemplación", "Las Aguas de Siloé", y "Ascenso a la Verdad". 

El diario recoge las luchas de Merton con problemas que lo inquietan y su modo de enfrentarlos; los principales son su deseo constante de una soledad mayor, que le hace plantearse una y otra vez la posibilidad de cambiarse a una orden más eremítica, y las dificultades que ve en "vivir la vida espiritual con el bagaje de un artista". Ninguno de estos problemas se resolverán por completo, pero Merton aceptará que forman parte de su búsqueda personal y que no tienen soluciones simples. La contradicción forma parte del camino, y va encajando los conflictos de modo que acaben convertidos en su modo singular de alcanzar la santidad.

Empieza a descomponerse un poco la visión con la que llegó al monasterio, demasiado maniquea, propia del entusiasmo de su conversión, y va entendiendo progresivamente que su vocación no implica dar la espalda al mundo. Poco a poco se irá preocupando y ocupando, desde su condición monástica, de los conflictos sociales y las batallas que libra la humanidad en ese momento. Escribe: "No creo que ser monje signifique vivir en la luna". Lo que conocemos como la "Epifanía de Louisville" (18/marzo/1958) no aconteció de pronto, de una vez, sino que se fue preparando desde estas fechas, tal y como lo refleja una entrada de los diarios del 3 de marzo de 1951: "He venido al monasterio para encontrar mi lugar en el mundo, y si no encuentro ese lugar estaré perdiendo el tiempo en el monasterio...".

El proyecto de Merton, de vivir plenamente su condición humana, a la par que su santidad como cristiano, comienza a gestarse a principio de los años 50, y dará sentido y razón a sus dos vocaciones: monje y escritor. 

viernes, 19 de junio de 2020

LOS DIARIOS DE THOMAS MERTON: HISTORIA DE UNA VOCACIÓN


El primer volumen de los diarios publicados de Thomas Merton, Run to the mountain (1939-1941), comprende tres diarios de los que llevó Merton antes de entrar como postulante trapense en la abadía de Gethsemani. El primero trata de su vida mientras residía en la calle Perry, de la ciudad de Nueva York; el segundo, de su viaje a Cuba (con una parada en Miami); el tercero, trata de su vida en el colegio San Buenaventura, donde enseñó durante año y medio. 

 The Cuban interlude (Interludio cubano), que recoge el período entre el 18 de febrero y el 30 de mayo de 1940, es el más corto de los tres diarios (76 páginas), pero contiene algunas de las mejores descripciones de este volumen. El diario de la calle Perry (150 páginas) cubre el período que va del 2 de mayo de 1939 al 13 de febrero de 1940, y entre otras cosas recoge su aceptación, rescindida más tarde, en la orden franciscana.  El diario final de este volumen, los años en San Buenaventura (1940-1941) es el más largo (240 páginas), y detalla la historia de su vida como profesor en ese College, alcanzando su punto culminante en su visita de Semana Santa a la abadía trapense de Gethsemaní, llevando al lector al umbral de su vida monástica. 

 Reunidos estos tres diarios conforman un libro extraordinario. Vemos en ellos al escritor novel tensar los músculos literarios para su propio deleite (estaba en la mitad de la veintena y no había publicado sino algunos artículos en periódicos escolares y algunas críticas de libros). No cabe duda de que a Thomas Merton le gustaba escribir y de que dudaba de día en día acerca de sobre qué podría hacerlo; escribe  de modo uniforme, hay pasajes espléndidos de reflexión que tocan profundamente el alma humana, hay inteligencia y humor, con tendencia a usar superlativos. Evidencia también una memoria prodigiosa. 


En 1939, cuando comienza Run to the Mountain, hacía medio año que Merton había entrado en la Iglesia Católica romana, y el impacto de ese acontecimiento es patente a lo largo de todas sus páginas; vuelve a ello una y otra vez, a la vez que recuerda que San Juan de la Cruz pone como necesidad en este camino el borrar la memoria. El libro además trae unas descripciones maravillosas; Merton fue siempre aficionado a las guías turísticas, pero sus descripciones de la Habana superar con creces cualquier otro pasaje del texto. 

 Una buena parte de las estrecheces de pensamiento de la Iglesia Católica en los primeros años de la década del 40 se evidencian dolorosamente en estas páginas de Merton: tópicos sobre judíos y protestantes, imágenes piadosas y descripciones del purgatorio. Pero sin dudas el acontecimiento culminante del libro es  la visita de Merton al monasterio de la Trapa en  la Semana Santa de 1941: quedó extasiado, y escribió: "Este es el centro de América. Me había preguntado qué era lo que mantenía unido a este país... Es este monasterio... la única ciudad auténtica de América en un desierto". 

 Estas entradas de su diario están llenas de amor por la vida monástica y de alegría por encontrarse en Gethsemaní, cita a San Bernardo, y habla de su amor a Santa Teresita. Aún temía Merton que su pasado pudiera impedirle acceder al sacerdocio, pero de regreso al colegio se armó de valor para preguntarle a uno de los frailes, quien le contestó rápidamente que tal impedimento no existía. Escribe entonces a Gethsemaní y espera la respuesta: así termina este volumen que recoge sus primeros diarios. 

[Este libro está publicado en inglés, pero podemos acceder a parte de él en el resumen de sus diarios que sí está publicado en español, ya sea en la edición de ONIRO, en dos volúmenes, como en la de MENSAJERO].  

Estas notas están tomadas del DICCIONARIO DE THOMAS MERTON (Mensajero).

jueves, 18 de junio de 2020

LOS DIARIOS DE THOMAS MERTON

Thomas Merton escribió diarios la mayor parte de su vida adulta; empezó a escribirlos a una edad muy temprana, con 16 años de edad.  Escribirlos era una forma de expresión personal y también una herramienta de autodescubrimiento y de crecimiento personal. Se había familiarizado pronto con la idea de que su vida sería de una riqueza inagotable si escribía acerca de la misma. 

Tras la entusiasta acogida de su autobiografía y superventas, La montaña de los siete círculos, Merton seleccionó entradas de sus diarios (de 1946 a 1952) y los publicó en 1953 con el título The sign of Jonas (El signo de Jonás). En 1959 publicó entradas selectas de  sus diarios pre-monásticos en The Secular Journal (El diario secular de Thomas Merton), y en 1966 las tomó para Conjeturas de un espectador culpable de los diarios que había llevado durante la década anterior. 

Varios de sus diarios fueron publicados póstumamente: The Asian Journal (Diario de Asia), Woods, Shore, Desert (Bosques, costa, desierto), A Vow of Conversation (Diario de un ermitaño: un voto de conversación), The Alaskan Journal (Diario de Alaska), que contiene  el texto del diario de su visita a Alaska y las conferencias que impartió allí.  

Cuando Merton planeó el futuro de su patrimonio literario, quiso que sus diarios personales se pusieran a disposición del biógrafo que había designado y dio permiso para que fueran publicados a los 25 años de su muerte. Entre 1995 y 1998, Harper San Francisco publicó en siete volúmenes sus diarios completos, que abarcan el período comprendido entre mayo de 1939 a diciembre de 1968, con el hermano Patrick Hart como editor general. TRanscriben los manuscritos de Merton, y el título de cada volumen se debe a su editor.

Los volúmenes son estos: 

1. Run to the Mountain: The Story of a Vocation (1939-1941) [Corre a la montaña: historia de una vocación].

2. Entering the Silence: Becoming a Monk and Writer (1941-1952) [Entrando en el silencio: primeros pasos como monje y escritor].

3. A Search for Solitude: pursuing the Monk´s True Life (1952-1960) [Búsqueda de la soledad: TRas el ideal de la vida monástica]. 

4. Turning Toward The World: The Pivotal Years (1960-1963) [Volviéndose hacia el mundo: Los años decisivos]. 

5. Dancing in the Water of Life: Seeking Peace in the Hermitage (1963-1965) [Bailando en el agua de la vida: Buscando la paz en la ermita].

6. Learning to Love: Exploring Solitude and Freedom (1966-1967) [Aprendiendo a amar: Explorando la soledad y la libertad]. 

7. The Other Side of the Mountain : The End of the Journey (1967-1968) [La otra cara de la montaña: El final del viaje].

En 1999 se publicó un octavo volumen, The Intimate Merton: His Life from His Journals [Diarios: La vida íntima de un gran maestro espiritual, 2 volúmenes, compuesto por pasajes de los otros siete volúmenes publicados. 

La publicación de los diarios personales de Merton aporta a los lectores algo más que un documento de su vida; los diarios dan acceso a su misma vida: la batalla de Merton con el significado de la fe y la vocación, de la contemplación y la compasión, de la soledad y el amor. La franqueza de Merton revela la complejidad  de su personalidad, sus puntos fuertes y débiles. Los puntos que tocó en sus libros -la oración, la contemplación, la responsabilidad social, la vida monástica, la visión ecuménica- procedían de la experiencia vivida, y los diarios son un documento de esa experiencia vista a través de la mirada del poeta y expresada con la maestría de un escritor. No todo lo que se encuentra en los diarios es elevado e inspirador - Merton puede ser frívolo e incluso crudo a veces-, pero los diarios, en su conjunto, narran una historia más grande y que merece ser narrada: el encuentro y el abrazo con Dios; la fe hallada, vivida y mantenida. 

(Tomado de: Diccionario de Thomas Merton; también del prólogo a los DIARIOS, Oniro, firmado por Patrick Hart y J. Montaldo).

miércoles, 20 de mayo de 2020

VOCACIÓN MONÁSTICA DE THOMAS MERTON

Según el Diccionario de Thomas Merton, en su voz: Monacato, al considerar la respuesta de Merton a su vocación monástica, es útil pensar en cuatro fases o etapas. Intento resumirlas aquí:

La primera, abarca desde su ingreso en la abadía de Gethsemani (diciembre de 1941), hasta finales de la década de los cuarenta, cuando emite sus votos solemnes (marzo de 1947), publica su autobiografía (octubre de 1948) y es ordenado sacerdote (mayo de 1949). Característico de este período es su deseo de recuperar lo que considera el carácter auténticamente contemplativo del Císter. Estudia en profundidad la tradición monástica de la Iglesia, y de los padres fundadores del Císter, en especial San Bernardo, y escribe varios libros sobre el tema. Merton es crítico en sus escritos, en especial en sus diarios, con la vida ajetreada del monasterio, que le parece poco propicia para formar verdaderos contemplativos. 

La segunda fase va desde el final de los años 40 hasta más o menos el final de 1957. Durante este tiempo Merton vive su vocación con cierto desasosiego, haciendo intentos de pasar a una orden más solitaria (cartujos o camaldulenses), a la vez que se implica en la formación a los monjes jóvenes, ya sea como profesor, maestro de estudiantes o de novicios. Publica El signo de Jonás y La vida silenciosa, entre otros libros.

La tercera fase abarca entre principios de 1958 hasta agosto de 1965, fundamentalmente su etapa como maestro de novicios, pero también de apertura al mundo, en cuestiones sociales y políticas, simbolizadas en la famosa "epifanía de Louisville" (marzo 1958). La tentación de este período no es entrar en una orden ya existente, sino formar parte de un proyecto de vida eremítica menos estructurada (su correspondencia con Ernesto Cardenal). Está interesado en la renovación monástica y en general de la vida religiosa en la Iglesia, estimulado por la celebración del Concilio Vaticano II. 

La cuarta y última fase de su vida monástica transcurre en la ermita, entre agosto de 1965 hasta su salida para Asia, en el otoño de 1968. Durante este período su principal tentación fue abandonar por completo la vida monástica por el amor a una enfermera que conoció en la primavera de 1966, pero ya en el otoño de ese mismo año había renovado su compromiso de seguir siendo un ermitaño cisterciense. hasta que la salud o la muerte lo permitieran. Sus escritos del período continúan destacando la relación del monacato con la Iglesia en su conjunto y con el mundo entero. 

(Diccionario de Thomas Merton, 
páginas 348-351)

viernes, 20 de septiembre de 2019

LAS TRES PASIONES DE THOMAS MERTON

"Poeta, pensador, viajero, activista social, pionero del diálogo entre culturas y religiones: todo eso y más fue el monje trapense norteamericano Thomas Merton.  La mejor obra de Thomas Merton (Prades, Francia, 1915-Bangkok, 1968) fue su propia biografía. Cualquier aficionado a la novela recordará al menos uno o dos títulos de la producción literaria de Milan Kundera, por poner un ejemplo. Nadie, o casi nadie, por contrapartida, podrá dar algún dato de la biografía del escritor checo, más allá del régimen policial que le tocó sufrir en su país y de su consecuente exilio. Kundera está en las antípodas de Merton, es el otro modelo de escritor. Del famoso autor trapense, por el contrario, cualquier aficionado a la espiritualidad tendrá alguna información sobre su vida, pero desconocerá, seguramente, el título de cualquiera de sus obras. Claro que todo escritor escribe, libro a libro, su propia autobiografía, pero hay casos, y el de Merton es de los más emblemáticos, en que la vida es a fin de cuentas el mejor de los libros. La razón es clara: Merton no fue sólo un escritor, sino un arquetipo. De ahí su fama. 

En la vida de Merton hubo claramente dos pasiones: la contemplación y la escritura o, por decirlo más categóricamente, el silencio y la palabra. Desde muy joven, Merton experimentó la pasión por callar y, más que eso, por silenciarse y escuchar; y desde muy joven, también, antes aún, la pasión por escribir y comunicar, por explorarse a sí mismo y al mundo por medio de la prosa, por arrancar a las palabras, frase a frase, su verdad. 

Hay muchos autores en quienes la pasión mística y la literaria se cruzan. Ahí están Novalis, por ejemplo, o Tolstói, Stifter, Hesse, Kafka, Lindgren, mi querida Simone Weil o nuestro Unamuno… La lista es casi infinita, y en alguna ocasión he jugado a confeccionarla. Pero esta conjugación del arquetipo espiritual con el artístico, tan sanjuanista, esta confluencia de la experiencia estética con la extática es particularmente elocuente en el caso de Merton, como demuestra su patente actualidad y la continua reedición de sus libros. La pregunta es por qué. 

Dice Evelyn Underhill que el silencio «no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana», sino que «más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no -como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes». Valga esto para casi todos los contemplativos, pero muy en especial para Merton, quien desarrolló en los últimos años de su vida, junto a la pasión por el silencio y la palabra -y claramente derivada de ellas-, una pasión por el gesto y la acción. 

En efecto, Merton no fue ni mucho menos sólo un orante que, a fuerza de contarnos y de contarse su relación con el misterio, logró enseñarnos a valorar la esfera de lo religioso. Merton fue un entusiasta del diálogo, un pionero del encuentro intermonástico y un profeta de la meditación en el mundo contemporáneo. Quiso por ello encontrarse con todos los que en su tiempo compartían sus pasiones y podían aportarle algo. 

Estudió a fondo, se carteó o se entrevistó con León Bloy, Paul Claudel, Peter Van der Meer, Rilke, Thoreau, Julien Green, Matsuo Basho, Raissa Maritain, Albert Camus, D. T. Suzuki, Pessoa… Y en los últimos años de su vida, y eso que había hecho voto de estabilidad monástica, viajó como el más impenitente de los viajeros, pasando buena parte de las noches, por no decir la mayoría, fuera de su celda y a miles de kilómetros de su monasterio. 

Un monje viajero es una contradicción en sí misma, Merton lo fue. Tan contradictoria fue su fiebre viajera y su apología de la quietud como su defensa del silencio en medio de la más exuberante grafomanía. Pero Merton sintió la llamada, no simplemente el deseo, de verificar en la historia todo lo que había contemplado y escrito, todos sus hallazgos y búsquedas. 

En la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado, un itinerario ejemplar. Como Teresa de Jesús -y el suyo fue uno de los poquísimos casos en su siglo-, Merton fue un apasionado del silencio, de la palabra y de la acción, alcanzando en cada uno de estos ámbitos algo parecido a la plenitud. La pasión mística, poética y fundadora de la santa de Ávila la vivió Merton a su modo en el pasado siglo. Por eso su biografía es su mejor obra, por eso resulta evidente que su figura es un arquetipo. 

Salvando todas las distancias, en el espejo de Merton no puedo por menos de ver un reflejo de mí mismo. Pero yo no soy un escritor tan insigne como él, aunque ya me gustaría; ni un místico tan profundo y agudo, lo que aún me gustaría más; tampoco un pontífice del diálogo, como él lo fue, o un apóstol de la meditación, sino sólo un aprendiz. Pero en la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado y agradecido, un itinerario ejemplar. Saber que él ya ha recorrido la senda a la que yo mismo he sido llamado, y que la ha transitado de forma tan cabal, hace que mi propio camino sea más llano y más ligera y llevadera mi aventura vital".

Pablo d´Ors
(ABC Cultural 19 de noviembre de 2015)

jueves, 11 de julio de 2019

PORQUE NO SOMOS NADA, LO SOMOS TODO

"La vida de Merton no fue una vida romántica con un hagiógrafo escondido tras cada árbol tomando nota cada vez que Merton se sonaba la nariz. Su vida solitaria fue pobre, como han de serlo todas las vidas solitarias. Se levantaba antes del amanecer con una mentalidad «no del todo reconciliada con estar fuera de la cama». Comía, trabajaba, caminaba en el bosque y oraba. En el invierno pasaba frío y en el verano, calor. Y ese es el verdadero yo. Es un yo que no es nadie, que es común y pobre. Es ese yo ordinario el que es extraordinario porque, uno con el momento, uno con la realidad concreta de cada día, es el yo que Dios creó, el yo pobre que se hace rico en la indigencia de la cruz.

El mensaje que Merton nos propone es que cada cual viva en la ermita de su vida diaria. Por debajo de todos nuestros logros, planes, viajes y conquistas, no tenemos nada salvo la vida. Cuando tomamos agua, cuando en silencio vemos jugar a los niños, cuando caminamos mientras hace frío y sentimos frío, estamos en la vida, somos uno con ella y por eso somos uno con Dios. Por consiguiente, tengamos lo que tengamos, siempre es suficiente, porque ninguna cosa basta. No importa dónde estemos, porque no estamos en ningún lugar. No importa lo que lleguemos a ser, porque no somos nadie. Pues en el terreno de nuestro ser, vivimos la vida de Cristo. En la base misma de nuestro corazón, Dios se hace presente en nuestra simple presencia a la vida. 

El gran peligro de toda espiritualidad es que esta puede llegar a convertirse fácilmente en un sucedáneo de la presencia a la vida. Con demasiada frecuencia la búsqueda de experiencias religiosas y la promoción de espiritualidades han acabado por ser formas de ejercitarnos en cuidar y alimentar vacas sagradas. Las vacas sagradas son importantes; son las estructuras simbólicas y míticas que nos otorgan identidad social. No hay que negarlas ni abusar de ellas, porque podrían volverse en nuestra contra asumiendo formas de barbarie y destrucción introyectadas a la par que proyectadas socialmente. Pero contamos con la puerta de la oración. Disponemos de la verja del amor desprendido, el acceso a la Presencia. Es un umbral estrecho. Se encuentra en el centro mismo de nuestro ser. Y cuando entramos en esta tierra de «música callada» y «soledad sonora», las vacas sagradas deben contentarse con pastar fuera de la verja. Al entrar en esta tierra aprendemos a distanciarnos de lo que las vacas sagradas querrían de nosotros. Aprendemos a pastorearlas en lugar de ser domesticados por ellas. En esta tierra aprendemos que la entrega de nuestra vida entera a Dios es lo que nos permite alcanzar la libertad de los hijos de Dios. En esta tierra descubrimos que «no somos nada. Lo somos todo». Y eso es así porque Dios lo es Todo en todo y nos ha atraído hasta Sí y vive y se deleita en nosotros. No necesitamos nada que nos sostenga más de lo que necesita la luna o una simple brizna de hierba húmeda con el rocío de la mañana.

James Finley
El palacio del vacío de Thomas Merton
Sal Terrae

martes, 11 de diciembre de 2018

JIM FOREST HABLA DE THOMAS MERTON

"Cuando empecé a intercambiar correspondencia con Merton en 1961, y lo visité un año después, jamás pensé que acabaría siendo uno de sus biógrafos y, también, uno de los pocos testigos personales que estuvieron en contacto con él. Porque no esperaba vivir tanto tiempo. Pero no me sorprendió que Merton todavía tenga un papel importante en tantas vidas, como testimonia este encuentro aquí, en este hermoso país...

Thomas Merton hizo la diferencia en la vida de muchas personas e influenció algunas de nuestras principales elecciones vocacionales. Nos volvemos a él en busca de aliento, inspiración, orientación ... nos volvemos a él como una fuente de conexión y coraje, tanto en nuestra vida espiritual, como política.

En 1966, en un período de profundo desánimo en mi vida personal, escribí a Merton, implorando algunos consejos. Él respondió con una carta que a menudo fue traducida y compartida - Carta a un joven activista - que me ayudó mucho a superar la noche oscura que entonces me envolvió. La frase en la carta que más me aclaró tal vez fue ésta: "Al final, es la verdad de las relaciones personales que lo salva todo".

Estas simples palabras resumen la teología de la encarnación. Slogans y teorías no son tan importantes como la forma en que vemos y nos relacionamos - en las relaciones que construimos - no sólo con los amigos, sino también con los adversarios.

Merton nos recuerda que estamos llamados a establecer contacto de la mejor manera posible, con las personas que buscamos evitar, personas con quienes preferimos no rezar, personas cuya transformación ni imaginamos, personas que preferimos seguir teniendo como enemigos, en lugar de hacernos amigos ... Tal vez Merton pueda ayudarnos en esta caminata. Les deseo la mayor felicidad en esta celebración de la vida de Merton".

Mensaje de JIM FOREST a encuentro sobre Thomas Merton en Brasil. 

viernes, 9 de noviembre de 2018

DESPERTANDO AL VERDADERO YO

 "Una vez una mujer de avanzada edad se me acercó al final de una conferencia que di en un retiro de silencio en torno a Thomas Merton y a los místicos cristianos. Me dijo que mis palabras le trajeron al presente el tiempo en que, siendo niña, vivía en una granja. En verano solía ir sola a un campo donde se tumbaba en medio de las altas hierbas para ver pasar las nubes en el cielo. Mientras me lo contaba, la mirada de sus ojos y el tono de su voz mostraban que los momentos de los que hablaba guardaban la misma novedad y frescura que cuando sucedieron de verdad. Y me di cuenta de que para ella era importante que comprendiera de qué me estaba hablando.
 Por eso, mi primera sugerencia para quienes lean este libro es que cobren conciencia de la medida en que ya han experimentado al menos algún destello fugaz de la experiencia unitiva a la que se refiere Merton cuando habla del verdadero yo. A veces los momentos en que despertamos al verdadero yo constituyen experiencias muy intensas tras las cuales jamás podemos volver a ser los mismos. Sin embargo, a menudo esos momentos de despertar son vislumbres sutiles y delicados que nos acontecen de las formas más diversas. Esos suaves asomos íntimos a nuestro verdadero yo en ocasiones sobrevienen en medio de la naturaleza, recostados sobre la tierra y viendo pasar las nubes en lo alto, o tal vez al inclinarnos para apreciar la fragancia de una rosa de color intenso, o en la soledad de la noche, al escuchar el sonido de la lluvia desde el interior de la casa. O quizás el verdadero yo haga su irrupción en esos momentos en que las personas que se aman se pierden para encontrarse en una unidad oceánica que escapa a su comprensión". 

James Finley
El palacio del vacío de Thomas Merton
Sal Terrae

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.