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jueves, 5 de abril de 2007

Meditación. Juliana de Norwich y José Luis Martín Descalzo.


CONOCER NUESTRA POBREZA.
Dios quiere que sepamos cuatro cosas. Primero, él es el fundamento de quien nos viene la vida y la misma existencia. Segundo, él nos protege con su fuerza y su misericordia mientras estamos en pecado, en medio de nuestros salvajes adversarios. Y nosotros mismos somos los que nos arriesgamos, porque les damos oportunidad de que nos ataquen y somos ignorantes de nuestra pobreza. Tercero, es él quien cortésmente nos salvaguarda y nos alerta cuando vamos desencaminados. Cuarto, Dios nos espera con paciencia y no se enoja ni se vuelve huraño, porque lo que más quiere es que volvamos a él, y que estemos unidos a él por el amor con el que él mismo ya se ha ligado a nosotros. Por el discernimiento y la gracia, tomamos conciencia de nuestro pecado, pero esa toma de conciencia no nos hiere ni nos hace perder la esperanza. Porque por este humilde conocimiento, seremos separados de todo lo que no es Dios, con el remordimiento y la gracia. Por fin, Jesús nos curará totalmente y nos unirá a él. Él ha tenido la previsión de proveer esta ruptura y esta sanación, para todos, de modo que los santos más destacados puedan ver su pecado y su pobreza junto conmigo. Y yo, la más pequeña del pueblo de Dios, hallo consuelo junto con los más grandes. Así se une Dios con nosotros en la caridad. (Juliana de Norwich).
Oremos: Amado Señor, sé tú mismo mi cimiento y mi esperanza. Protégeme cuando yerro y me desvío. Levántame cuando caigo. Ayúdame a conocer mi pobreza y enséñame a volver sólo a ti para buscar perdón y paz. AMEN.

Y entonces vio la luz. La luz que entraba
Por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
Y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
Y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
Ver al Amor sin enigmas, sin espejos;
Descansar de vivir en la ternura;
Tener la paz, la luz, la casa juntas
Y hallar, dejando los dolores lejos,
La Noche-luz tras tanta noche oscura
(José Luís Martín Descalzo).

Sacerdote, Thomas Merton.









A propósito de este jueves santo y a falta de tiempo para más, un texto de TM en "El Signo de Jonás":


“La labor de un sacerdote consiste en espiritualizar el mundo. Eleva sus manos consagradas y la gracia de la Resurrección de Cristo fluye de él para iluminar las almas de los elegidos que permanecen en la oscuridad, bajo la sombra de la muerte. Mediante su bendición, la materia se eleva y santifica para proclamar la gloria de Dios. El sacerdote prepara la venida de Cristo, al difundir por el mundo la luz invisible que ilumina a los hombres que lo pueblan; por medio del sacerdote la gloria de Cristo se convierte en creación hasta que todo queda saturado de plegaria”. (El Signo de Jonás).

martes, 3 de abril de 2007

EL ROSTRO DE CRISTO (Benedicto XVI).


"Esta es la experiencia de los verdaderos amigos de Dios, los santos, que han reconocido y amado en los hermanos, especialmente en los más pobres y necesitados, el rostro de aquel Dios largamente contemplado con amor en la oración. Ellos son para nosotros ejemplos estimulantes, dignos de imitar; nos aseguran que si recorremos con fidelidad ese camino, el camino del amor, también nosotros, como canta el salmista, nos saciaremos de gozo en la presencia de Dios (cf. Sal 16, 15). "Jesu... quam bonus te quaerentibus", "Jesús, qué bondadoso eres con los que te buscan". Así hemos cantado hace poco, entonando el antiguo canto "Jesu, dulcis memoria", que algunos atribuyen a san Bernardo. Es un himno que adquiere un significado especial en este santuario dedicado a la Santa Faz y que nos trae a la mente el salmo 23: "Esta es la generación de los que lo buscan, los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob" (v. 6). Pero, ¿cuál es la "generación" que busca el rostro de Dios?, ¿cuál es la generación digna de "subir al monte del Señor", de "estar en el recinto sacro"? Explica el salmista: son los que tienen "manos inocentes y puro corazón", los que no dicen mentiras ni juran contra el prójimo en falso (cf. vv. 3-4). Así pues, para entrar en comunión con Cristo y contemplar su rostro, para reconocer el rostro del Señor en el de los hermanos y en las vicisitudes de todos los días, es preciso tener "manos inocentes y puro corazón". "Manos inocentes" quiere decir existencias iluminadas por la verdad del amor, que vence a la indiferencia, la duda, la mentira y el egoísmo. Además, hay que tener un corazón puro, un corazón arrebatado por la belleza divina, como dice santa Teresa de Lisieux en su oración a la Santa Faz; un corazón que lleve impresa la faz de Cristo. Queridos sacerdotes, si queda impresa en vosotros, pastores de la grey de Cristo, la santidad de su rostro, no tengáis miedo: también los fieles encomendados a vuestra solicitud pastoral se contagiarán y transformarán. Y vosotros, seminaristas, que os preparáis para ser guías responsables del pueblo cristiano, no os dejéis atraer por nada que no sea Jesús y el deseo de servir a su Iglesia.Lo mismo os digo a vosotros, religiosos y religiosas, para que todas vuestras actividades sean reflejo visible de la bondad y de la misericordia divina. "Busco tu rostro, Señor". Buscar el rostro de Jesús debe ser el anhelo de todos los cristianos, pues nosotros somos "la generación" que en este tiempo busca su rostro, el rostro del "Dios de Jacob". Si perseveramos en la búsqueda del rostro del Señor, al final de nuestra peregrinación terrena será él, Jesús, nuestro gozo eterno, nuestra recompensa y gloria para siempre: "Sis Jesu nostrum gaudium, qui es futurus praemium: sit nostra in te gloria, per cuncta semper saecula".




Benedicto XVI

La Vida Consagrada. Thomas Merton.


De la lectura de EL SIGNO DE JONÁS están tomados estos textos, que si bien hablan de la vida monástica en particular pueden aplicarse a toda vida de consagración.

“Las limitaciones de cada monje y las de la comunidad en que vive, forman parte del plan de Dios para la santificación de las comunidades e individuos. El voto de constancia impide al monje entregarse a la vana esperanza de soñar en hallar un “monasterio perfecto”. Ello implica un profundo acto de fe: el reconocimiento de que no importa con quiénes estamos o con quiénes vivamos, siempre que podamos dedicarnos a la oración, gozar de silencio, pobreza y soledad, ocupados en trabajos manuales, leer y estudiar las cosas de Dios y, sobre todo, amar al prójimo como Cristo nos amó a nosotros”. (15)

“Difícil es la constancia para un hombre cuyo ideal monástico contiene algún matiz o elemento extraordinario. La vida monástica es, por su misma naturaleza, ordinaria. La rutina es una de sus máximas bendiciones. La monotonía exterior de la observancia regular nos libra de problemas inútiles, nos aparta de las minucias de la vida y nos absuelve de la tediosa necesidad de trazar planes y de llegar a decisiones personales. Quedamos así libres para orar todo el día y vivir a solas con Dios”. (15)

“Un monje puede siempre, lícita y simbólicamente, compararse con un profeta, porque los monjes son los descendientes y herederos de los profetas. El profeta es un hombre cuya vida entera constituye una prueba fehaciente de la providencial acción de Dios en el mundo. Todo profeta es un signo y un testimonio de Cristo. Todo monje en el que Cristo viva y en el que, por consiguiente, se cumplan todas las profecías, es, repito, testimonio y signo del Reino de Dios. Hasta nuestros errores son más elocuentes de lo que pensamos”. (15-16)

Los textos anteriores refieren a la condición del hombre religioso, del monje; cada uno de ellos vale para una reflexión sobre la vida consagrada. Merton reproduce ideas clásicas de la espiritualidad monástica cristiana, pero estas ideas precisan de una mirada crítica, porque llevan consigo elementos cuestionables, propios del momento espiritual que el propio Merton vivía: resignación, conformidad, perfección individual, poca dimensión comunitaria, poco estímulo a la libertad y decisión personal.

Elementos positivos:

1-Valor de la fidelidad (texto 1)
2-Valor de la Vida cotidiana (texto 2)
3- Valor de nuestra vida como profecía (texto 3).

lunes, 2 de abril de 2007

Meditaciones para Semana Santa.


“Se acercan ya los días santos de la pasión salvadora de Jesús y de su resurrección gloriosa”. En el evangelio, Jesús profetiza su muerte inminente. Entendemos que se refieren a él los rasgos que aluden al Siervo elegido por Dios para restaurar su alianza con el pueblo. Dentro de esta luz, conscientes de nuestra debilidad y de nuestros pecados, expresamos nuestra confianza en la “fuerza de la pasión del Hijo” y en su sacrificio perpetuado en la celebración de la Eucaristía. (Misal).

“La Cuaresma nos ha invitado a cambiar nuestros corazones, a realizar en nosotros la metánoia cristiana. Pero, al mismo tiempo, la Cuaresma nos ha recordado con demasiada claridad, nuestra impotencia para cambiar nuestras vidas de ningún modo. La Cuaresma, en el año litúrgico, desempeña el papel de la Ley, el pedagogo, que nos convence del pecado y nos inflige la abrumadora evidencia de nuestra propia nada. Por eso nos intranquiliza y nos impresiona, despertando en nosotros quizá alguna sensación de ese “temor” existencial de la criatura cuya libertad la suspende sobre un abismo que puede ser una infinita falta de sentido, una desesperación sin límites. Ese es el fruto de esa ley que juzga nuestra libertad junto con su impotencia para imponer pleno significado sobre nuestras vidas meramente por adaptarse a un código moral. ¿No hay nada más que eso?”. (Thomas Merton, TC).

“Las dos últimas semanas antes de Pascua se centran en la Pasión de Jesús. Son tres los motivos que llevan a la Iglesia a invitarnos a observar el sufrimiento de Jesús.
El primer motivo radica en que las personas prefieren huir del sufrimiento. Pero, necesariamente, la condición humana implica el sufrimiento de su existencia finita, de sus límites y de sus debilidades, de su mortalidad. Muchos no quieren aceptar que son finitos. Se comportan como Dios. Allí estriba el pecado original, en querer ser como Dios, todopoderoso, autosuficiente, infalible. De este pecado original provienen todas las desgracias. Durante el tiempo de Pasión, la Iglesia pone ante nuestros ojos al Dios sufriente para que abandonemos nuestro delirio de grandeza de querer ser como Dios. En el tiempo de Pasión, observamos el sufrimiento de Jesús con la finalidad de reconciliarnos con el hecho de ser finitos y débiles, de estar enemistados con los demás y amenazados con que nuestra vida desemboque en muerte”. (Anselm Grün).


“Jesús, el Hijo Amado de Dios, es perseguido. Este mundo no le da la bienvenida a Él, que es pobre, manso, que llora, que tiene hambre y sed de justicia, que es misericordioso, puro de corazón y pacificador. El Bienaventurado de Dios es una amenaza al orden establecido y una fuente de constante irritación para aquellos que se consideran los amos de este mundo. Sin acusar a nadie, es considerado un acusador, sin condenar a nadie hace que ciertas personas se sientan culpables y avergonzadas, sin juzgar a nadie quienes lo ven se sienten juzgados. No pueden tolerarlo y debe ser destruido, porque dejar que siga existiendo les parece como confesar la propia culpa. Cuando trabajamos y luchamos para llegar a ser como Jesús, no podemos esperar que se nos admire. Debemos estar preparados para que se nos rechace. (Henri Nouwen).

domingo, 1 de abril de 2007

DOMINGO DE RAMOS.



Domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa. Nuestros templos se colman de personas que siguiendo una antigua tradición, trasmitida de generación en generación, quieren recibir las palmas, “el guano bendito”, como decimos en Cuba. Para este domingo dos propuestas para nuestra reflexión:
1- “¡Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen!”. Jesús dice esto sobre sus verdugos. Pero ¿Es verdad? Todo parece indicar que no eran precisamente inocentes.
¿Cómo es posible que los verdugos de Jesús, y también nosotros muchas veces, no sepamos lo que hacemos? La respuesta es esta: No sabemos lo que hacemos porque no sabemos cuánto somos amados. Esa es la ceguera y la verdadera ignorancia de los verdugos. Criticamos, perseguimos y crucificamos a otros porque no nos sentimos queridos, aceptados y amados. Somos severos con los otros porque estamos urgentemente necesitados de amor, y al no saberlo nos sentimos débiles y frágiles y entonces nos endurecemos, pero de una manera absurda y falsa. La mayoría de nosotros no ha escuchado nunca en su corazón la voz de Dios diciendo: “Te amo”. Pocos hemos escuchado lo que Jesús junto al Jordán: “Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco”. La verdad es que una inmensa mayoría no ha escuchado esto, ni de Dios, ni de otro ser humano. Esta es la fuente de la maldad del mundo. Por eso esa era la misión de Jesús: contarnos acerca del infinito e inmenso del Padre. Y así, “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.
2- “Uno de ustedes me va a entregar”. Así dice Jesús en la Última Cena. Y vean la palabra ENTREGAR porque es muy importante. Porque eso es también lo que hace Dios, según Pablo: “…él, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo ENTREGÓ por todos nosotros”. (Romanos 8, 32). El momento en que Jesús es entregado es crucial en el ministerio de Jesús. Es pasar de la acción a la pasión. Después de años de enseñar, predicar, sanar y desplazarse hacia donde Él quisiera ir, Jesús es entregado al capricho de sus enemigos. Ya las cosas no son hechas por Él, sino A Él. Es flagelado, coronado de espinas, escupido, ridiculizado, desnudado, clavado desnudo, en una cruz. Es una víctima pasiva, sujeta a las acciones de los otros. Desde el momento en que Jesús es entregado, comienza su pasión y a través de esta pasión Él cumple con su vocación.

¿Qué aprendemos hoy de Jesús?:
1- Lo más importante es el Amor. Esa es la razón para vivir, la meta de nuestra vida, la santidad a la que somos convocados por la fe. Amar y dejarse amar sigue siendo la tarea más importante de cada ser humano, y por eso el mensaje de Jesús sigue siendo hoy URGENTE. Mientras la gente no sea o no se sepa amada habrá crucificados.
2- Y a veces el crucificado puede convertirse en la mayor expresión de ese AMOR que necesitamos. Jesús cumple en plenitud su misión cuando, por amor, acepta que su vida sea, no acción, sino PASIÓN, dejarse hacer. La mayor parte de nuestra vida también es pasión También nosotros, cuando somos entregados, podemos encontrar la manera de anunciar como Jesús la BUENA NUEVA. Dice Jesús: “Ustedes no me quitan la vida, yo la doy”. Eso es ser cristiano.
Para este domingo en el que se juntan la gloria y el rechazo en la persona de Jesús, sintamos la urgencia de la falta de amor, amor verdadero, amor que se deja crucificar, y seamos de verdad discípulos de aquel que siempre nos amará primero. Amen

sábado, 31 de marzo de 2007

La Biografía. Un poema de Thomas Merton.


Oh, leed los versos de los cargados azotes
Y lo que está escrito en sus terribles advertencias:
«La Sangre resbala por los muros de la ciudad de Cambridge.
Tan inútil como las aguas del angosto río.
Mientras el garito y la callejuela se juegan Su vestidura.»
Aunque mi vida está escrita en el Cuerpo de Cristo como un mapa,
Los clavos han impreso en aquellas manos abiertas
Más que los abstractos nombres de los pecados,
Más que los países y las ciudades:
Los nombres de las calles, los números de las casas,
El recuento de los días y las noches
En que yo Lo he asesinado en cada plaza y calle.
Lanza y espina, y azote y clavo
Han más que hecho Su carne mi crónica,
Mis jornadas, más que mordido Sus sangrantes pies.
Cristo, desde mi cuna, yo sabía que Tú estabas donde quiera,
Y aunque pecaba caminaba en Tí y sabía que Tú eras mi mundo:
Tú eras mi Francia y mi Inglaterra,
Mis mares y mi América:
Tú eras mi vida y aire y sin embargo no te confesaba.
¡Oh! Cuando yo te amaba, aun cuando yo te odiaba,
Amándote y no obstante rechazándote en todas las glorias de tu Universo,
Era Tu carne viva lo que rasgaba y pisoteaba, no el aire y la tierra:
No es que tú nos sientas en las cosas creadas,
Sino que el saberte a Tí en ellas hacía de cada pecado un sacrilegio
Y cada acto de concupiscencia se convertía en una profanación.
Te vejaba y deshonraba a Tí como en tu Eucaristía.
Y, con todo, por cada herida Tú me despojabas de un crimen,
Y, como cada golpe era pagado con Sangre,
Tú me pagabas cada gran pecado con más grandes gracias.
Pues aun cuando te mataba Tú te convertías en un ladrón mayor
Que los que te rodeaban,
Hurtándome mis pecados para Tu vida moribunda,
Robándome aun de mi muerte.
¿Dónde, en qué cruz mi agonía vendrá...?
No te lo pregunto:
Porque está escrita y consumada aquí, en cada crucifijo, en cada altar,
Es mi historia que se ahoga y es olvidada
En Tus cinco Jardanes abiertos,
Es Tu voz la que grita mi Consumatum est.
Si en Tu cruz, Tu vida y Tu muerte y las mías son una,
El amor me enseña a leer en Tí el resto de una nueva historia.
Yo hago retroceder mis días hasta otra infancia,
Cambiando, al caminar, Nueva York y Cuba por Tu Galilea,
Y Cambridge por Tu Nazareth
Hasta llegar de nuevo a mi principio,
Y encontrar un pesebre, estrella y paja,
Una pareja de animales, unos hombres sencillos,
Y así aprender que yo nací, No ya en Francia, sino en Belén.

La Verdadera Santidad.



“La verdadera santidad no consiste en tratar de vivir sin las criaturas. Consiste en usar las cosas buenas de la vida para hacer la voluntad de Dios. Consiste en usar la creación de Dios de tal modo que todo lo que tocamos y veamos y usemos y amemos dé nueva gloria a Dios. Ser un santo significa pasar por el mundo recogiendo frutos para el cielo de todos los árboles y cosechando la gloria de Dios en todos los campos. El santo es el que está en contacto con Dios de todos los modos posibles, en todas las direcciones posibles. Está unido con Dios en las profundidades de su propio ser. Ve y toca a Dios en todo y en todos los que le rodean. A donde quiera que va, el mundo vibra y resuena (aunque en silencio) con las profundas armonías puras de la gloria de Dios”. (Tiempos de Celebración, 142)

jueves, 29 de marzo de 2007

Noticias: Edith Stein.

De ZENIT es la siguiente nota referida a Edith Stein, y Sancho Fermín fue mi profesor en el año 1998 y 99, cuando estuve en AVILA estudiando a los grandes santos del Carmelo.
«Hablar de fe en Edith Stein es hablar de vida»Según Sancho Fermín, un estudioso español de la filósofa ROMA, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La fe de Edith Stein (1891-1942), copatrona de Europa, filósofa, carmelita y mártir en Auschwitz, es una «fe vivida». Lo afirmó el director del Centro Teresiano Sanjuanista de Ávila, Francisco Javier Sancho Fermín, en su intervención durante el Simposio Internacional «Fe y Mística en el Carmelo», clausurado el viernes pasado en la Facultad Teológica «Teresianum» de Roma. «Edith Stein es una pensadora, pero sobre todo es una investigadora, una mujer que no se detiene en la investigación de la verdadera fe, sino que quiere vivir en conformidad con su fe. Hablar de la fe en Edith Stein es, por tanto, hablar de vida», dijo el coordinador de la edición de las obras de Edith Stein en español. «Se podría decir que Edith Stein percibe lo que en el fondo ha sido la gran necesidad de la teología tras su separación de la vida: la recuperación de la dimensión existencial», añadió Sancho Fermín, uno de los mayores expertos en el pensamiento y la espiritualidad de Stein en España.«En el caso del martirio de Edith Stein, una comprensión completa es sólo posible a la luz del desarrollo de su vida, sobre todo por la toma de conciencia de su misión de llevar la cruz», añadió hablando del martirio de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. «El martirio es un itinerario de fe, que frente a la realidad histórica no huye, sino que trata de dar una respuesta profundamente en comunión con Cristo y su mensaje», explicó durante el congreso en el «Teresianum». Para el carmelita descalzo, «la experiencia de fe de Edith Stein, tanto frente a la verdad histórica del nazismo como frente a la realidad de los campos de concentración» deja una lección: «que Dios es el Dios siempre presente en la realidad, aunque esta realidad parezca contradecir muchas veces la imagen del Dios de la Providencia».«El martirio nos pone frente a la realidad del abandono, como le sucedió a Cristo en la Cruz. Sí, es entrega, fruto de la confianza en Dios, pero es experiencia de la noche más oscura que pone a prueba la autenticidad de la fe», subrayó. ZS07032820

La Vida Espiritual(II).


Esta es la segunda parte de unas notas que hice para un retiro y están recreadas a partir de un texto de Henri Nouwen:


1- Leer 1 Corintios 9, 24-27. Cuando Pablo vio unos juegos se preguntó cuándo tendríamos nosotros tanta dedicación y tanta disciplina para ganar la gloria eterna como los atletas ponen para ganarse un premio o una medalla. Preguntémonos: Tenemos una meta clara en la vida? Tal vez la tuvimos en algún momento y la perdimos? Los atletas que desean alcanzar una medalla se apresuran a poner todo lo demás en segundo lugar. Esto es también verdadero en la vida espiritual. Sin una meta clara estaremos distraídos y gastaremos nuestras energías en cosas secundarias. Decía Martin Luther King a su pueblo: “Mantengan la mirada fija en el premio”. Cuál es nuestro premio? La vida de Dios, con Cristo, vida plena, colmada de amor. (Jn 3, 16). Mantener la mirada en el premio, en medio de una vida repleta de distracciones, necesita mucha disciplina. Necesita de la oración, en la que ponemos una y otra vez a Dios en el centro de nuestra vida. La oración mantiene nuestra meta clara, y cuando esta parece disiparse, la oración vuelve a clarificarla.
2- La vida eterna es a menudo, para muchos cristianos, algo futuro, alcanzable sólo después de la muerte. Y por eso, algo tan distante la mayor parte del tiempo que no merece una seria atención. Pero la vida eterna es la vida en Dios y con Dios, y Dios está donde yo estoy, aquí y ahora. No es algo que tengamos que esperar. Jesús dice: “Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes”. Esta inhabitación divina es la vida eterna. Lo que nos da la vida eterna es la presencia activa de Dios en el centro de nuestra vida, el movimiento del Espíritu de Dios en nuestro interior. Entonces la muerte ya no es línea divisoria, no hay antes ni después, todo está bien y seguirá estándolo. Dice Jesús: “No tengan miedo, yo he vencido al mundo”. Cuando nuestro corazón entiende esta verdad divina, estamos viviendo una vida espiritual.
3- Una disciplina importante en la vida espiritual es la lectura espiritual., porque a través de ella podemos tener cierto control sobre lo que entra en nuestra mente. Constantemente somos bombardeados de mensajes y dejar que sea Dios y no el mundo el Señor de nuestros pensamientos requiere de una verdadera disciplina. Un buen libro nos ayudará mucho en este sentido: espiritualidad, vida de santos, testimonios de fe, vida comunitaria, etc. Aunque sólo sean 15 minutos diarios pronto veremos los frutos. Claro que la lectura espiritual no consiste sólo en leer sobre personas o cosas espirituales: hay que leer espiritualmente, es decir de una manera espiritual. Leer de manera espiritual es hacerlo deseando que Dios se acerque a nosotros. No intentamos dominar un saber o información, sino dejar que el Espíritu de Dios nos domine a nosotros. Podemos decir, LA LECTURA ESPIRITUAL CONSISTE EN DEJAR QUE DIOS NOS LEA A NOSOTROS. De este modo, aun leyendo el periódico, podemos hacer lectura espiritual, al hacernos conscientes de un mundo cada vez más necesitado de salvación. No sólo QUÉ leemos, sino también CÓMO lo leemos.
4- La lectura espiritual consiste en leer con una atención interior las mociones del Espíritu de Dios en nuestra vida exterior e interior. De este modo dicha lectura nos ayuda a dar sentido a nuestra vida. No sólo queremos vivir, sino saber por qué vivimos (Una vida no reflexionada no merece ser vivida). Si uno no reflexiona sobre su vida, esta acaba perdiendo el sentido. Mediante la lectura espiritual seguimos una disciplina que nos mantiene siempre alertas en la reflexión sobre la vida que llevamos Ante cada situación, encuentro, acontecimiento, preguntarnos: Por qué sucede esto? Qué me dice Dios aquí? Esto es lo que pone sal a la vida. Si tenemos en una mano la Biblia y nuestros libros espirituales (nuestros fundadores, nuestra regla) y en la otra el periódico, siempre estaremos descubriendo preguntas nuevas, pero descubriremos al mismo tiempo una manera de vivirlas como creyentes, con la confianza de que gradualmente se nos irán revelando las respuestas.
5- Ya hemos mencionado de pasada la disciplina oracional; abundemos más sobre el tema. Sea cual sea el método que usemos para poner nuestra mente y nuestro corazón en el Reino, lo que importa es la medida en que nos acerca a nuestro Señor. La atenta repetición de una oración es un método que se ha demostrado provechoso. Otro es la contemplación del evangelio de cada día. Hacer esto durante un largo período hace que la vida de Jesús se haga cada vez más viva en nosotros. Mediante la oración nuestro mundo interior se transforma, se enriquece, se vuelve más acogedor. Cada lectura, cada descubrimiento espiritual, va dibujando nuestros muros interiores hasta formar un hermoso mural.
6- La vida espiritual, dijimos antes, no puede vivirse solo. La semilla del Espíritu necesita un terreno fértil donde crecer, y ello supone no solo una buena disposición interior, sino también un ambiente que ayude. ES difícil crecer espiritualmente en un ambiente donde nadie ora, donde no hay aprecio por la oración, donde no se conoce al Dios Amor. (Miren acá una alerta para toda comunidad consagrada!) Tomarse en serio la vida espiritual es hacerse cargo del ambiente en que esta vida pueda crecer y madurar. Elegir los amigos, los lugares, los momentos, la música, los libros, la gente, que mejor me ayude en esta dirección.
7- Es muy importante estar al tanto de esos leves movimientos del Espíritu de Dios en nuestro interior. Dios no grita, no da voces, no zarandea. El Espíritu de Dios es manso y suave, como una brisa leve. Es Espíritu de Amor, Espíritu de Libertad. No hay que temer nunca la acción del Espíritu Santo en nosotros. Dice Jesús: “Pongan ante todo su corazón en el Reino de Dios, y lo demás vendrá por añadidura”. El Reino de Dios es ante todo la presencia activa del espíritu de Dios dentro de nosotros, ofreciéndonos la libertad que de verdad deseamos. Cómo poner ante todo nuestro corazón en el reino de Dios cuando nuestro corazón está preocupado con tantas cosas? En esto consiste en definitiva la CONVERSIÓN. A menudo en los evangelios Jesús no responde a las preguntas que le hace la gente o sus propios seguidores, o responde algo inesperado que no viene a cuento. Es que Jesús responde desde arriba a cuestiones planteadas desde abajo. Para escuchar y entender lo que nos dice Jesús necesitamos volver a nacer, renacer de lo alto. (Jn 3,3) La vida espiritual es la vida de los que han renacido de lo alto, de los que han recibido el Espíritu, de los que han despertado del letargo del mundo.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.