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lunes, 9 de abril de 2007

La Resurrección:unidad, intimidad e integridad.



La resurrección no es un acontecimiento post mortem sino una realidad de la vida cotidiana. Nuestra preocupación por el cuerpo nos convoca a una unidad más allá de la organización, a una intimidad más allá del erotismo y a una integridad más allá de la totalidad psicológica. Estamos convocados a sobrepasar los límites de nacionalidad, raza, sexo, edad y capacidad mental y crear una unidad de amor que permita a los más débiles de entre nosotros vivir bien. Se nos llama a abandonar la lujuria, la necesidad sexual y el deseo de unión física por una intimidad espiritual que incluye cuerpo, alma y corazón. Y se nos invita a dejar viejos modos de bienestar individual y alcanzar una nueva integración de las múltiples facetas de nuestra humanidad. Tales llamadas son invitaciones a la resurrección. El cuidado corporal es preparación del cuerpo para la resurrección final mientras la adelantamos en nuestras vidas diarias por medio de la unidad espiritual, la intimidad y la integridad.
Somos el pueblo de la resurrección, que vivimos la vida con una gran visión que nos transforma mientras la vivimos.

En la Resurrección descubro que:
- Mi fe y mi incredulidad nunca están lejos una de la otra.
- Nadie conoce a Jesús de inmediato. Le confunden con un jardinero, un desconocido o un fantasma. Pero cuando aparece un gesto familiar sus amigos saben que está con ellos. La ausencia y la presencia se tocan.
- Las historias de Resurrección revelan la omnipresente tensión entre llegada y partida, intimidad y separación, abrazo y liberación, domesticidad y misión, presencia y ausencia. Nos enfrentamos a esta tensión todos los días. Nos pone en camino para la realización total de la promesa que se nos hizo.
- Las historias del evangelio sobre la Resurrección ahondan mi esperanza y mi fe y me dan una visión nueva de mi cuerpo, y me invitan a hacer la conexión real entre la historia de Jesús y nuestras historias.
- Nuestra vida humana es una misión para proclamar el incondicional amor de Dios en este mundo.

(Notas tomadas de: “Diario del último año de vida de Henri Nouwen”. PPC, 2002.)

domingo, 8 de abril de 2007

La Resurrección: un acontecimiento íntimo. (Henri Nouwen)


Mañana de Pascua. Una eucaristía muy simple y silenciosa alrededor de la mesa del comedor. Un grupo pequeño de amigos, contentos de estar juntos. Después del Evangelio, hablamos acerca de la Resurrección. Liz, que trabaja con mucha gente angustiada, dijo: Tenemos que seguir haciendo rodar las piedras enormes que le impiden a la gente salir de sus tumbas. Elizabeth, que vive con cuatro discapacitados en el hogar de El Arca, dijo: Después de la resurrección, Jesús tomó nuevamente el desayuno con sus amigos y les mostró la importancia de las cosas pequeñas y comunes de la vida. Alguien que se pregunta si puede ser llamada a ir a Honduras a trabajar allí con la comunidad, dijo: Es tan reconfortable saber que las heridas de Jesús permanecieron visibles en su cuerpo resucitado. Nuestras heridas no son quitadas sino que se transforman en fuentes de esperanza para otros.
A medida que todos hablaban me sentí muy cerca del acontecimiento de la Pascua. No era un acontecimiento espectacular que fuerza a la gente a creer. Más bien, era un acontecimiento espectacular para los amigos de Jesús, para aquellos que lo habían conocido, escuchado y creído en él. Era muy íntimo: una palabra aquí, un gesto allí, una toma de conciencia gradual de que algo nuevo estaba naciendo, pequeño, casi inadvertido, pero con la potencia de cambiar la faz de la tierra. María Magdalena escuchó su nombre. Juan y Pedro vieron la tumba vacía. Los amigos de Jesús sintieron que su corazón ardía en encuentros que tienen su expresión más acabada en las extraordinarias palabras: ¡Ha resucitado! Todo estaba igual que antes, mientras todo había cambiado.
Nosotros, sentados en círculo alrededor de la mesa, con un poco de pan y un poco de vino, hablando suavemente acerca de la forma en que lo reconocíamos en nuestras vidas, sabíamos, en lo profundo de nuestro corazón, que también para nosotros todo había cambiado mientras todo seguía igual. Nuestras luchas no han terminado. En la mañana de Pascua, todavía podemos sentir el dolor del mundo, de nuestras familias y amigos, de nuestros propios corazones. Todavía está allí, y estará allí por largo tiempo. Sin embargo, todo es diferente porque hemos encontrado a Jesús y hablado con Él.
Había una alegría simple y calma en nosotros, y una sensación muy profunda de ser amados por un amor que es más fuerte, mucho más fuerte que la muerte.
(Camino a casa. Un viaje espiritual. Henri Nouwen, Lumen 1997).

PASCUA: La Nueva Vida. (Thomas Merton)


Para todos los amigos, lectores de este blog, una cordial y fraterna felicitación: !Cristo ha resucitado! !ALELUYA!. Que estas fiestas, celebradas con gozo, se conviertan en fuerza nueva para vivir en Cristo, sirviendo a los hermanos, y en verdad resucitados. Aquí les va un texto de Merton:


Ahora el poder de la Pascua ha irrumpido sobre nosotros con la resurrección de Cristo. Ahora encontramos en nosotros una fuerza que no es nuestra, y que se nos da libremente siempre que la necesitamos, elevándonos por encima de la ley, dándonos una nueva ley que está oculta en Cristo: la ley de su Misericordia y de su Amor hacia nosotros. Ahora ya no nos esforzamos en ser buenos porque tengamos que hacerlo, porque sea una obligación, sino porque nuestra alegría es complacer al que nos ha dado todo Su Amor: ahora nuestra vida está llena de sentido.
La Pascua es la hora de nuestra liberación. ¿De qué? Precisamente de la Cuaresma y de su dura ley, que acusa y juzga nuestra debilidad. Ya no estamos bajo la ley. ¡Estamos liberados del duro juicio!
Aquí está toda la grandeza y todo el esplendor inimaginable del misterio de Pascua; ahí está la “gracia” de Pascua, que no somos capaces de aferrar porque tenemos miedo de entender su pleno significado. Para comprender la Pascua y vivirla, debemos renunciar a nuestro temor a la novedad y a la libertad”.

(Tiempos de Celebración. Thomas Merton ).

sábado, 7 de abril de 2007

SIN OLVIDARSE DE LOS POBRES.



Las celebraciones de Semana Santa nos dejan poco tiempo para mantener al día este blog, esperemos que la próxima semana todo vuelva al ritmo normal. Mientras tanto aquí están las palabras del papa Benedicto XVI al finalizar el Vía Crucis, recordando que celebrar al Cristo supone tener presente a los que hoy en el mundo comparten su cruz. !Importante advertencia!.





Queridos hermanos y hermanas:Siguiendo a Jesús en el camino de su pasión, vemos no sólo la pasión de Jesús, sino que también vemos a todos los que sufren en el mundo. Y esta es la profunda intención de la oración del Vía Crucis: abrir nuestros corazones, ayudarnos a ver con el corazón. Los Padres de la Iglesia consideraron como el pecado más grande del mundo pagano su insensibilidad, su dureza de corazón, y les gustaba mucho la profecía del profeta Ezequiel: «quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne» (Ezequiel 36, 26). Convertirse a Cristo, hacerse cristiano, quería decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás. Nuestro Dios no es un Dios lejano, intocable en su beatitud. Nuestro Dios tiene un corazón, es más, tiene un corazón de carne. Se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestros sufrimientos. Se hizo hombre para darnos un corazón de carne y despertar en nosotros el amor por los que sufren, por los necesitados.Recemos en estos momentos al Señor por todos los que sufren en el mundo, pidamos al Señor que nos dé realmente un corazón de carne, que nos haga mensajeros de su amor no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida. Amén

jueves, 5 de abril de 2007

Meditación. Juliana de Norwich y José Luis Martín Descalzo.


CONOCER NUESTRA POBREZA.
Dios quiere que sepamos cuatro cosas. Primero, él es el fundamento de quien nos viene la vida y la misma existencia. Segundo, él nos protege con su fuerza y su misericordia mientras estamos en pecado, en medio de nuestros salvajes adversarios. Y nosotros mismos somos los que nos arriesgamos, porque les damos oportunidad de que nos ataquen y somos ignorantes de nuestra pobreza. Tercero, es él quien cortésmente nos salvaguarda y nos alerta cuando vamos desencaminados. Cuarto, Dios nos espera con paciencia y no se enoja ni se vuelve huraño, porque lo que más quiere es que volvamos a él, y que estemos unidos a él por el amor con el que él mismo ya se ha ligado a nosotros. Por el discernimiento y la gracia, tomamos conciencia de nuestro pecado, pero esa toma de conciencia no nos hiere ni nos hace perder la esperanza. Porque por este humilde conocimiento, seremos separados de todo lo que no es Dios, con el remordimiento y la gracia. Por fin, Jesús nos curará totalmente y nos unirá a él. Él ha tenido la previsión de proveer esta ruptura y esta sanación, para todos, de modo que los santos más destacados puedan ver su pecado y su pobreza junto conmigo. Y yo, la más pequeña del pueblo de Dios, hallo consuelo junto con los más grandes. Así se une Dios con nosotros en la caridad. (Juliana de Norwich).
Oremos: Amado Señor, sé tú mismo mi cimiento y mi esperanza. Protégeme cuando yerro y me desvío. Levántame cuando caigo. Ayúdame a conocer mi pobreza y enséñame a volver sólo a ti para buscar perdón y paz. AMEN.

Y entonces vio la luz. La luz que entraba
Por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
Y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
Y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
Ver al Amor sin enigmas, sin espejos;
Descansar de vivir en la ternura;
Tener la paz, la luz, la casa juntas
Y hallar, dejando los dolores lejos,
La Noche-luz tras tanta noche oscura
(José Luís Martín Descalzo).

Sacerdote, Thomas Merton.









A propósito de este jueves santo y a falta de tiempo para más, un texto de TM en "El Signo de Jonás":


“La labor de un sacerdote consiste en espiritualizar el mundo. Eleva sus manos consagradas y la gracia de la Resurrección de Cristo fluye de él para iluminar las almas de los elegidos que permanecen en la oscuridad, bajo la sombra de la muerte. Mediante su bendición, la materia se eleva y santifica para proclamar la gloria de Dios. El sacerdote prepara la venida de Cristo, al difundir por el mundo la luz invisible que ilumina a los hombres que lo pueblan; por medio del sacerdote la gloria de Cristo se convierte en creación hasta que todo queda saturado de plegaria”. (El Signo de Jonás).

martes, 3 de abril de 2007

EL ROSTRO DE CRISTO (Benedicto XVI).


"Esta es la experiencia de los verdaderos amigos de Dios, los santos, que han reconocido y amado en los hermanos, especialmente en los más pobres y necesitados, el rostro de aquel Dios largamente contemplado con amor en la oración. Ellos son para nosotros ejemplos estimulantes, dignos de imitar; nos aseguran que si recorremos con fidelidad ese camino, el camino del amor, también nosotros, como canta el salmista, nos saciaremos de gozo en la presencia de Dios (cf. Sal 16, 15). "Jesu... quam bonus te quaerentibus", "Jesús, qué bondadoso eres con los que te buscan". Así hemos cantado hace poco, entonando el antiguo canto "Jesu, dulcis memoria", que algunos atribuyen a san Bernardo. Es un himno que adquiere un significado especial en este santuario dedicado a la Santa Faz y que nos trae a la mente el salmo 23: "Esta es la generación de los que lo buscan, los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob" (v. 6). Pero, ¿cuál es la "generación" que busca el rostro de Dios?, ¿cuál es la generación digna de "subir al monte del Señor", de "estar en el recinto sacro"? Explica el salmista: son los que tienen "manos inocentes y puro corazón", los que no dicen mentiras ni juran contra el prójimo en falso (cf. vv. 3-4). Así pues, para entrar en comunión con Cristo y contemplar su rostro, para reconocer el rostro del Señor en el de los hermanos y en las vicisitudes de todos los días, es preciso tener "manos inocentes y puro corazón". "Manos inocentes" quiere decir existencias iluminadas por la verdad del amor, que vence a la indiferencia, la duda, la mentira y el egoísmo. Además, hay que tener un corazón puro, un corazón arrebatado por la belleza divina, como dice santa Teresa de Lisieux en su oración a la Santa Faz; un corazón que lleve impresa la faz de Cristo. Queridos sacerdotes, si queda impresa en vosotros, pastores de la grey de Cristo, la santidad de su rostro, no tengáis miedo: también los fieles encomendados a vuestra solicitud pastoral se contagiarán y transformarán. Y vosotros, seminaristas, que os preparáis para ser guías responsables del pueblo cristiano, no os dejéis atraer por nada que no sea Jesús y el deseo de servir a su Iglesia.Lo mismo os digo a vosotros, religiosos y religiosas, para que todas vuestras actividades sean reflejo visible de la bondad y de la misericordia divina. "Busco tu rostro, Señor". Buscar el rostro de Jesús debe ser el anhelo de todos los cristianos, pues nosotros somos "la generación" que en este tiempo busca su rostro, el rostro del "Dios de Jacob". Si perseveramos en la búsqueda del rostro del Señor, al final de nuestra peregrinación terrena será él, Jesús, nuestro gozo eterno, nuestra recompensa y gloria para siempre: "Sis Jesu nostrum gaudium, qui es futurus praemium: sit nostra in te gloria, per cuncta semper saecula".




Benedicto XVI

La Vida Consagrada. Thomas Merton.


De la lectura de EL SIGNO DE JONÁS están tomados estos textos, que si bien hablan de la vida monástica en particular pueden aplicarse a toda vida de consagración.

“Las limitaciones de cada monje y las de la comunidad en que vive, forman parte del plan de Dios para la santificación de las comunidades e individuos. El voto de constancia impide al monje entregarse a la vana esperanza de soñar en hallar un “monasterio perfecto”. Ello implica un profundo acto de fe: el reconocimiento de que no importa con quiénes estamos o con quiénes vivamos, siempre que podamos dedicarnos a la oración, gozar de silencio, pobreza y soledad, ocupados en trabajos manuales, leer y estudiar las cosas de Dios y, sobre todo, amar al prójimo como Cristo nos amó a nosotros”. (15)

“Difícil es la constancia para un hombre cuyo ideal monástico contiene algún matiz o elemento extraordinario. La vida monástica es, por su misma naturaleza, ordinaria. La rutina es una de sus máximas bendiciones. La monotonía exterior de la observancia regular nos libra de problemas inútiles, nos aparta de las minucias de la vida y nos absuelve de la tediosa necesidad de trazar planes y de llegar a decisiones personales. Quedamos así libres para orar todo el día y vivir a solas con Dios”. (15)

“Un monje puede siempre, lícita y simbólicamente, compararse con un profeta, porque los monjes son los descendientes y herederos de los profetas. El profeta es un hombre cuya vida entera constituye una prueba fehaciente de la providencial acción de Dios en el mundo. Todo profeta es un signo y un testimonio de Cristo. Todo monje en el que Cristo viva y en el que, por consiguiente, se cumplan todas las profecías, es, repito, testimonio y signo del Reino de Dios. Hasta nuestros errores son más elocuentes de lo que pensamos”. (15-16)

Los textos anteriores refieren a la condición del hombre religioso, del monje; cada uno de ellos vale para una reflexión sobre la vida consagrada. Merton reproduce ideas clásicas de la espiritualidad monástica cristiana, pero estas ideas precisan de una mirada crítica, porque llevan consigo elementos cuestionables, propios del momento espiritual que el propio Merton vivía: resignación, conformidad, perfección individual, poca dimensión comunitaria, poco estímulo a la libertad y decisión personal.

Elementos positivos:

1-Valor de la fidelidad (texto 1)
2-Valor de la Vida cotidiana (texto 2)
3- Valor de nuestra vida como profecía (texto 3).

lunes, 2 de abril de 2007

Meditaciones para Semana Santa.


“Se acercan ya los días santos de la pasión salvadora de Jesús y de su resurrección gloriosa”. En el evangelio, Jesús profetiza su muerte inminente. Entendemos que se refieren a él los rasgos que aluden al Siervo elegido por Dios para restaurar su alianza con el pueblo. Dentro de esta luz, conscientes de nuestra debilidad y de nuestros pecados, expresamos nuestra confianza en la “fuerza de la pasión del Hijo” y en su sacrificio perpetuado en la celebración de la Eucaristía. (Misal).

“La Cuaresma nos ha invitado a cambiar nuestros corazones, a realizar en nosotros la metánoia cristiana. Pero, al mismo tiempo, la Cuaresma nos ha recordado con demasiada claridad, nuestra impotencia para cambiar nuestras vidas de ningún modo. La Cuaresma, en el año litúrgico, desempeña el papel de la Ley, el pedagogo, que nos convence del pecado y nos inflige la abrumadora evidencia de nuestra propia nada. Por eso nos intranquiliza y nos impresiona, despertando en nosotros quizá alguna sensación de ese “temor” existencial de la criatura cuya libertad la suspende sobre un abismo que puede ser una infinita falta de sentido, una desesperación sin límites. Ese es el fruto de esa ley que juzga nuestra libertad junto con su impotencia para imponer pleno significado sobre nuestras vidas meramente por adaptarse a un código moral. ¿No hay nada más que eso?”. (Thomas Merton, TC).

“Las dos últimas semanas antes de Pascua se centran en la Pasión de Jesús. Son tres los motivos que llevan a la Iglesia a invitarnos a observar el sufrimiento de Jesús.
El primer motivo radica en que las personas prefieren huir del sufrimiento. Pero, necesariamente, la condición humana implica el sufrimiento de su existencia finita, de sus límites y de sus debilidades, de su mortalidad. Muchos no quieren aceptar que son finitos. Se comportan como Dios. Allí estriba el pecado original, en querer ser como Dios, todopoderoso, autosuficiente, infalible. De este pecado original provienen todas las desgracias. Durante el tiempo de Pasión, la Iglesia pone ante nuestros ojos al Dios sufriente para que abandonemos nuestro delirio de grandeza de querer ser como Dios. En el tiempo de Pasión, observamos el sufrimiento de Jesús con la finalidad de reconciliarnos con el hecho de ser finitos y débiles, de estar enemistados con los demás y amenazados con que nuestra vida desemboque en muerte”. (Anselm Grün).


“Jesús, el Hijo Amado de Dios, es perseguido. Este mundo no le da la bienvenida a Él, que es pobre, manso, que llora, que tiene hambre y sed de justicia, que es misericordioso, puro de corazón y pacificador. El Bienaventurado de Dios es una amenaza al orden establecido y una fuente de constante irritación para aquellos que se consideran los amos de este mundo. Sin acusar a nadie, es considerado un acusador, sin condenar a nadie hace que ciertas personas se sientan culpables y avergonzadas, sin juzgar a nadie quienes lo ven se sienten juzgados. No pueden tolerarlo y debe ser destruido, porque dejar que siga existiendo les parece como confesar la propia culpa. Cuando trabajamos y luchamos para llegar a ser como Jesús, no podemos esperar que se nos admire. Debemos estar preparados para que se nos rechace. (Henri Nouwen).

domingo, 1 de abril de 2007

DOMINGO DE RAMOS.



Domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa. Nuestros templos se colman de personas que siguiendo una antigua tradición, trasmitida de generación en generación, quieren recibir las palmas, “el guano bendito”, como decimos en Cuba. Para este domingo dos propuestas para nuestra reflexión:
1- “¡Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen!”. Jesús dice esto sobre sus verdugos. Pero ¿Es verdad? Todo parece indicar que no eran precisamente inocentes.
¿Cómo es posible que los verdugos de Jesús, y también nosotros muchas veces, no sepamos lo que hacemos? La respuesta es esta: No sabemos lo que hacemos porque no sabemos cuánto somos amados. Esa es la ceguera y la verdadera ignorancia de los verdugos. Criticamos, perseguimos y crucificamos a otros porque no nos sentimos queridos, aceptados y amados. Somos severos con los otros porque estamos urgentemente necesitados de amor, y al no saberlo nos sentimos débiles y frágiles y entonces nos endurecemos, pero de una manera absurda y falsa. La mayoría de nosotros no ha escuchado nunca en su corazón la voz de Dios diciendo: “Te amo”. Pocos hemos escuchado lo que Jesús junto al Jordán: “Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco”. La verdad es que una inmensa mayoría no ha escuchado esto, ni de Dios, ni de otro ser humano. Esta es la fuente de la maldad del mundo. Por eso esa era la misión de Jesús: contarnos acerca del infinito e inmenso del Padre. Y así, “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.
2- “Uno de ustedes me va a entregar”. Así dice Jesús en la Última Cena. Y vean la palabra ENTREGAR porque es muy importante. Porque eso es también lo que hace Dios, según Pablo: “…él, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo ENTREGÓ por todos nosotros”. (Romanos 8, 32). El momento en que Jesús es entregado es crucial en el ministerio de Jesús. Es pasar de la acción a la pasión. Después de años de enseñar, predicar, sanar y desplazarse hacia donde Él quisiera ir, Jesús es entregado al capricho de sus enemigos. Ya las cosas no son hechas por Él, sino A Él. Es flagelado, coronado de espinas, escupido, ridiculizado, desnudado, clavado desnudo, en una cruz. Es una víctima pasiva, sujeta a las acciones de los otros. Desde el momento en que Jesús es entregado, comienza su pasión y a través de esta pasión Él cumple con su vocación.

¿Qué aprendemos hoy de Jesús?:
1- Lo más importante es el Amor. Esa es la razón para vivir, la meta de nuestra vida, la santidad a la que somos convocados por la fe. Amar y dejarse amar sigue siendo la tarea más importante de cada ser humano, y por eso el mensaje de Jesús sigue siendo hoy URGENTE. Mientras la gente no sea o no se sepa amada habrá crucificados.
2- Y a veces el crucificado puede convertirse en la mayor expresión de ese AMOR que necesitamos. Jesús cumple en plenitud su misión cuando, por amor, acepta que su vida sea, no acción, sino PASIÓN, dejarse hacer. La mayor parte de nuestra vida también es pasión También nosotros, cuando somos entregados, podemos encontrar la manera de anunciar como Jesús la BUENA NUEVA. Dice Jesús: “Ustedes no me quitan la vida, yo la doy”. Eso es ser cristiano.
Para este domingo en el que se juntan la gloria y el rechazo en la persona de Jesús, sintamos la urgencia de la falta de amor, amor verdadero, amor que se deja crucificar, y seamos de verdad discípulos de aquel que siempre nos amará primero. Amen

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.