
Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.
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lunes, 23 de abril de 2007
San Juan de la Cruz: Las condiciones del pajaro solitario.

Bautismo y Conversión en Thomas Merton (3).

Merton recuerda en su autobiografía una anécdota que tuvo especial importancia para él, “por lo que se refiere a mi alma”; conversaba con uno de sus amigos (Lax) y este le preguntó: “¿Pero Tú qué quieres ser?”. La conversación describe una realidad común para muchos cristianos, y merece ser leída con detenimiento; trascribo acá lo más importante (Pág. 239-240).
“–No lo sé; presumo que quiero ser un buen católico.
-¿Qué quiere decir “ser un buen católico”?
La explicación que di era bastante defectuosa, expresaba mi confusión y descubría cuán poco había pensado de verdad sobre ello.
Lax no la aceptó:
- Lo que deberías decir –me dijo- , lo que deberías decir es que quieres ser un santo.
¡Un Santo¡ El pensamiento me impresionó como algo misterioso.
-¿Cómo quieres que yo llegue a ser santo?
-Queriéndolo –dijo Lax simplemente.
-No puedo ser un santo –dije- no puedo ser un santo.
-No –Lax agregó- No. Todo lo que se necesita para ser santo es querer serlo. ¿No crees que Dios te hará aquello para lo que te creó, si tú consientes en permitirle que lo haga? Todo lo que tú tienes que hacer es desearlo.”
Pero, reconoce Merton, el principal obstáculo para alcanzar la santidad es que no queremos serlo... Es la cobardía la que nos hace decir: No, no puedo, para no hacer lo que debo. (“Me contento con salvar mi alma… no quiero abandonar mis pecados y mis afectos”). Merton comprende que su amigo tiene razón, que es eso lo que dicen los Evangelios, y han dicho los santos. Pero era necesario que pasara por encima de sus viejas costumbres: “Mi complejidad, pervertida por mis apetitos.”(Pág. 241)
Así, en un impulso, aprovechando la luz de ese momento, compra (“A gran precio”) el primer volumen de las obras de San Juan de la Cruz, y comienza a leerlo. “Me sentaba en la habitación… y volvía las primeras páginas, subrayando pasajes aquí y allá con lápiz”. Pero dice también: “Me exigiría más que eso hacerme santo… porque esas palabras que subrayaba, aunque me asombraban y deslumbraban con su importancia, eran todas demasiado simples, para que yo las comprendiese… demasiado desnudas, demasiado limpias de toda duplicidad y compromiso…” (240)
Así, complejidad y simplicidad aparecen como realidades opuestas. Complejos son el hombre, su vida, sus apetitos, su mundo. Simple es Dios, y su Palabra, su camino, su santidad. Nosotros queremos ser “normales”, y no santos. Creemos que ser santos es algo complicado. Pero justamente resulta todo lo contrario: Lo normal es ser santos, y ser santos es ser simples, sencillos, sin complicaciones.
“Los santos están saturados de Cristo en la plenitud de su Poder Real y Divino; tienen conciencia de ello y se entregan a él para que pueda ejercer su poder por mediación de los actos más mínimos y al parecer más insignificantes para la salvación del mundo.”(236)
La Santidad es, definitivamente, nuestra vocación, nuestro destino, nuestra condición; aquello para lo que fuimos creados; la meta de nuestra vida. Juan Pablo II, de feliz memoria, lo afirmó así al comenzar el milenio: Cuando se nos pregunta si queremos ser bautizados se nos está preguntando si queremos ser santos. Es la misma cosa. Elegimos ser del “montón”, para no renunciar a nuestros pequeños placeres personales, aun cuando esos placeres no traigan más que dolor
sábado, 21 de abril de 2007
"Esto es santidad".Thomas Merton.

¿Cómo puedo siquiera atreverme a concebir tal pensamiento? ¿No es una locura? Ciertamente es una locura si creo saber lo que son realmente la santidad y la perfección de Dios en sí mismas y pienso que de algún modo yo puedo imitarlas. Tengo que empezar, pues, por comprender que la santidad de Dios es, para mí y para todos los seres humanos, algo que está más allá de la más elevada idea de cualquier género de perfección, más allá de cualquier enunciado humano pertinente.
Para ser “santo”, pues, tengo que ser algo que no comprendo, algo misterioso y escondido, algo que parece contradecirse; pues Dios, en Cristo, “se vació”. Se hizo hombre y habitó entre pecadores. Fue considerado un pecador. Fue condenado a muerte como un blasfemo, como uno que, al menos implícitamente, había negado a Dios y se había rebelado contra la santidad de Dios. DE hecho, la principal cuestión en el proceso y condena de Cristo fue precisamente la negación de Dios y de su Santidad. Así pues.
, Dios mismo fue condenado a morir en la cruz porque no estuvo a la altura del concepto que el hombre tenía de Su santidad… No era suficientemente santo, no era santo de la manera apropiada, no era santo del modo en que se esperaba. Por consiguiente, no era Dios en absoluto. Y, de hecho, fue abandonado y olvidado incluso por Sí mismo. Era como si el Padre hubiera negado al Hijo, como si el poder y la misericordia divinos hubieran fracasado estrepitosamente.
Al morir en la cruz, Cristo manifestó la santidad de Dios en aparente contradicción consigo misma. Pero en realidad esta manifestación fue la negación y el rechazo completo de todas las ideas humanas de santidad y perfección. La Sabiduría de Dios se hizo locura para los hombres, Su poder se manifestó como debilidad, y Su santidad se hizo, según ellos, profana. Pero la escritura dice que “lo que es grande a los ojos de los hombres es una abominación a los ojos de Dios”, y en otro lugar dice Dios: “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos”.
Así pues, si queremos buscar alguna manera de ser santos, tenemos que renunciar, ante todo, a nuestro modo de ser y a nuestra sabiduría. Tenemos que “vaciarnos”como hizo Él. Tenemos que “negarnos a nosotros” y, en cierto sentido, reducirnos a “nada”, a fin de poder vivir, no ya en nosotros, sino en Él. Tenemos que vivir por un poder y una luz que es como si no existieran. Tenemos que vivir gracias a la fuerza de un aparente vacío que está siempre realmente vacío y, sin embargo, nunca deja de socorrernos en todo momento. Esto es santidad.
No puedo lograr nada de esto mediante ningún esfuerzo personal, gracias a mis afanes o a la competición con otros seres humanos. Tengo que abandonar todos los caminos que los hombres pueden seguir o comprender. Yo que estoy sin amor, no podré llegar a ser amor si el Amor no me identifica consigo mismo. Pero si Él envía Su propio Amor, a Sí mismo, para actuar y amar en mí y en todo cuanto yo hago, entonces seré transformado, descubriré quién soy y poseeré mi verdadera identidad perdiéndome en Él. Esto es lo que se llama santidad. (“Nuevas Semillas de Contemplación”.)
viernes, 20 de abril de 2007
La Danza General. Thomas Merton.

Jamás nos perderemos.

miércoles, 18 de abril de 2007
Una oración.
“Como no falte oración,
Dios tendrá cuidado de su hacienda”
(S.Juan de la Cruz).
Líbrame, Señor, de las tinieblas; líbrame de los apegos y del desaliento, de la ira y el egoísmo. “Que no sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del que la compró con su sangre”. Que Tu amistad sea la luz de mi vida; que ame la soledad y ame el silencio tanto como la compañía del prójimo y el conversar con mis hermanos.
Que mi vida sea siempre un canto de alabanza a Tu amor sin límites.
Que mi libertad revele Tu grandeza infinita.
Que la paz interior y la alegría sean el claro testimonio de que Tú vives en mi corazón.
AMÉN.
martes, 17 de abril de 2007
Apuntes de mis diarios.
1- Los lunes son siempre tranquilos, duermo hasta un poco más tarde, y luego desayuno. Silencio, soledad, recogimiento; el verde del patio, los sonidos callejeros, el ambiente agradable y acogedor de mi habitación. En este silencio mi estar se convierte en oración, sin necesidad de palabras. (12, agosto, 2002).
2- Sigo saliendo por las noches a caminar por la ciudad; la razón fundamental es que amo la noche: su silencio, la soledad de las calles, el misterio que esconden los trasnochadores. Se que necesito ciertos ejercicios para el espíritu que me ayuden a equilibrar mi mundo interior. Celebrar la eucaristía, aun estando cansado, me deja lleno de gozo, me alivia interiormente y me llena de ganas de ser mejor; en la eucaristía soy perdonado y sanado de todas mis miserias. Ahí sí me siento parte de algo. (15, agosto, 2002).
3- Dos ideas alimentan mi interioridad, las que hacen referencia al ocultamiento y a la pobreza. Es fundamental en mi vida espiritual descubrir otra vez la pobreza y redescubrir al pobre. (16, agosto, 2002).
4- Soy mentiroso, Señor, soy un gran pecador; no hay exageración o vana piedad en mis palabras. Ningún hombre o mujer de este mundo podría perdonarme ¿Podrías Tú?
5- Podría escribir: en este instante lo tengo todo. Estoy solo, y los ruidos del entorno no logran romper el silencio de este instante; silencio de piar de los pájaros del patio, de las nubes grises arriba en el cielo. Y luego, por contraste, ruido interior.
6- Me acosté anoche con el libro de Merton, y esta mañana desayuno con el libro de Merton; leer a Merton es mi oración de estos días.
7- Yo he vivido de una forma desenfrenada, sin medida, sin prudencia, sin sentido común. Y a pesar de ello, por la misericordia y la gracia de Dios, no he perdido totalmente el deseo de lo espiritual, porque puedo ver que eso es lo único que me mantiene el deseo de vivir, de no rendirme ante lo evidente. Cuando he tenido que decidir entre vivir o morir, el creer en Dios, el pensar que Dios está conmigo, me ha hecho elegir la vida. (28, agosto, 2002).
8- Mi felicidad siempre estuvo íntimamente ligada a Dios; ser feliz sin Dios es una pretensión absurda, pero una tentación que ronda inevitablemente en mi vida. En este momento de mi vida no hay tierra firme bajo mis pies, y vivo de la pequeñita fe que todavía guarda mi corazón. Una frase de Thomas Merton para la oración del día: “Mi paraíso es el corazón de Cristo”. (D I, 120).
9- La escritura puede ser un camino terapéutico que ayude a clarificar la propia identidad, que ayude a descubrir a Dios en la oscuridad. En definitiva, con palabras de H. Nouwen: “Escribir se convirtió en parte de mi lucha por la supervivencia”, y sigue diciendo: “Me daba la pequeña distancia de mí mismo que necesitaba para evitar ahogarme en mi desesperación”. (La Voz… ; 13)
10- Una de las invitaciones de Henri Nouwen es: Vuelve a casa. ¿Cuál es mi casa, mi hogar? Pienso en la posibilidad de que mi casa sea el Carmelo Teresiano, o la soledad y el retiro a que me invita una voz interior. “Tu casa es donde estás verdaderamente a salvo. Es donde puedes recibir lo que deseas”. (27) El Corazón de Jesús es el paraíso, es el hogar al que debo regresar; y el amor de María es también casa para los discípulos de Jesús.
lunes, 16 de abril de 2007
Más sobre la práctica de llevar un Diario.
El hecho de llevar un diario me ha enseñado que en el interior de nuestra vida no se producen tantas novedades como uno mismo piensa a veces. Cuando relees tu diario compruebas que tu descubrimiento más reciente es algo que ya habías encontrado hace cinco años. De todos modos, también es verdad que uno penetra más y más profundamente cada día en las mismas ideas y experiencias. (Thomas Merton, DIARIOS; 10 de julio de 1949).
Un poema de Thomas Merton.

El cocinero del príncipe Wen Hui
estaba destazando un buey.
Extendió una mano,
bajó un hombro,
apoyó un pie,
presionó con una rodilla.
El buey quedó deshecho.
Con un susurro,
el brillante cuchillo de carnicero murmuraba
como un viento suave.
¡Ritmo! ¡Cronometración!
¡Como una danza sagrada,
como las antiguas armonías!
"¡Buen trabajo!", exclamó el príncipe.
"¡Su método es impecable!"
"¿Método?", dijo el cocinero
dejando a un lado su cuchilla.
"¡Lo que hago es seguir el Tao
más allá de todo método!
Cuando empecé a
destazar bueyes,
veía ante mí
al buey entero,
toda una masa única.
Después de tres años,
ya no veía aquella masa.
Veía sus distinciones.
Pero ahora ya no veo nada
con los ojos. Todo mi ser
aprehende.
Mis sentidos están ociosos. El espíritu,
libre para trabajar sin un plan concreto,
sigue su propio instinto
guiado por una línea natural.
Por la abertura secreta, el espacio oculto,
mi cuchilla no encuentra su propio camino.
No atravieso ninguna articulación,
no corto hueso alguno.
Un buen cocinero necesita cortador nuevo,
una vez al año. Corta.
Un mal cocinero necesita uno nuevo
todos los meses. ¡Él mutila!
Llevo utilizando esta misma hoja
diecinueve años.
Ha destazado
un millar de bueyes.
Su hoja sigue cortando
como si estuviera recién afilada.
Hay espacios entre las articulaciones;
la hoja es delgada y cortante:
cuando esta delgadez
encuentra aquel espacio,
¡hay todo el sitio que se pudiera desear!
¡Pasa como una brisa!
¡Por eso mantengo esta hoja desde hace
diecinueve años
como si estuviera recién afilada!
Cierto es, en ocasiones hay
articulaciones duras. Las siento venir,
entonces me detengo, observo con atención,
me contengo, casi no muevo la hoja,
y ¡whump! la parte se desprende
cayendo como un trozo de tierra.
Entonces retiro la hoja,
me quedo quieto,
y dejo que la alegría del trabajo
penetre en mí.
Limpio la hoja
y la guardo."
El príncipe Wan Hui dijo:
"¡Eso es! ¡Mi cocinero me ha mostrado
como debiera vivir
mi propia vida!
Thomas Merton.
sábado, 14 de abril de 2007
Gracias VITRAL!
Ser parte de todo...
-Thomas Merton-
Santidad es descubrir quién soy...
“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).
LA DANZA GENERAL.
Thomas Merton.
ORACIÓN DE CONFIANZA...
“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros
Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.