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miércoles, 6 de junio de 2007

El Dalai Lama recuerda a Thomas Merton



“Independientemente de la parte del mundo en la que vivan o de la tradición a la que pertenezcan, no abundan quienes de verdad abrazan la vida espiritual.
En tanto que practicante religioso y en particular en su calidad de monje, Thomas Merton fue en verdad alguien que marcó un punto de referencia. Tenía todas las cualidades que se derivan de haber escuchado y estudiado enseñanzas espirituales, así como de pensar sobre ellas y sumergirse en las mismas.
Además de su gran saber y disciplina, tenía un buen corazón. No solo fue capaz de llevar a cabo su propia práctica sino que poseía una perspectiva muy amplia sobre la vida espiritual en general.
Tuve el enorme placer de mantener varios encuentros con Thomas Merton en 1968 y disfruté mucho de las largas horas de conversación que entonces sostuvimos. Merton me aportó una comprensión clara de la tradición contemplativa cristiana y para mí fue como un puente entre mi tradición y la suya.
Por eso, me parece que cuantos le admiramos debiéramos expresarlo siguiendo su ejemplo. De esa forma, aunque el capítulo de su vida haya concluido, lo que él esperaba y buscaba hacer podrá sostenerse.”

Diario de Asia. Prólogo.

La tercera visita de Merton al Dalai Lama.

En entradas anteriores comentamos acerca del encuentro de Thomas Merton, en su viaje por Asia, con el Dalai Lama, y el impacto que este encuentro dejó en ambos líderes espirituales. De hecho, en la edición en español del “DIARIO DE ASIA”, publicada por Trotta, aparece un prólogo del Dalai Lama, recordando aquella oportunidad. Los encuentros fueron tres, y ya hemos comentado brevemente los dos primeros, pero dice TM que el tercer encuentro fue el mejor. El tema de conversación fue principalmente la vida monástica occidental, pues el Dalai Lama quería saber algunas cosas sobre ella: los votos, la regla de silencio, la ascesis, el crecimiento espiritual. También preguntó por cosas puntuales, como por ejemplo, si los monjes tomaban bebidas alcohólicas, si comían carne, si tenían televisión. Interesante la pregunta que formula respecto a los votos: “Tienen los votos alguna conexión con algún tipo de transmisión o iniciación espirituales?” y apunta al final: “Al Dalai Lama le interesaba la “vida espiritual” más bien que las observancias externas”.
Como Merton iba a desarrollar el tema del vínculo entre monaquismo y marxismo en la reunión de Bangkok también conversaron sobre eso, y luego volvieron a uno de los temas de los encuentros anteriores: la mente.
En resumen, escribe Merton:
“Fue una discusión entrañable y cordial, y al final tuve la sensación que de que nos habíamos hecho muy amigos y que de alguna manera estábamos más cerca el uno del otro. Personalmente siento un gran respeto y admiración por él como persona y creo, además, que existe un verdadero vínculo espiritual entre nosotros. Él señaló que yo era un “geshe católico”, lo que –según Harold- representaría la máxima alabanza posible de parte de un gelupa, ¡algo así como un doctorado honorífico!”.

Merton salió para Asia el 15 de octubre de 1968 y allí encontró la muerte, en Bangkok, el 10 de diciembre de ese mismo año, luego de haber recorrido Calcuta, Nueva Delhi, el Himalaya, Madrás y Ceilán. Fue un viaje que deseó y que acabó con su vida.

Aviso.

Estamos presentando dificultades para poner nuevas entradas en el blog. Espero pueda resolverse pronto.

lunes, 4 de junio de 2007

Merton y la Biblia.


Uno de los propósitos de TM después de su ordenación sacerdotal (Así aparece en “El Signo de Jonás”) fue adentrarse más en el conocimiento de la Sagrada Escritura, pues como reconoce él mismo, “Yo he meditado a menudo acerca de las Escrituras, pero no las he estudiado nunca seriamente, falta que lamento. Ahora que he terminado con la clase de teología y tengo unos cuantos meses para dedicarme a las Escrituras, completando el tiempo requerido por el Derecho Canónico, le pediré a Santo Domingo que me guíe en mis estudios durante estos meses y en todo el resto de mi vida”.
En los días subsiguientes aparecen algunas notas sobre el tema que apuntamos a continuación:

“! Cuán poco leí las Escrituras durante el noviciado! Recuerdo haber andado por el jardín en las mañanas de verano leyendo a Jeremías y a San Pablo, pero muy superficialmente. No obstante, sí he leído los comentarios de los Padres sobre las Escrituras, aunque más por curiosidad de conocer sus opiniones que para otra cosa. He leído también el Cantar de los Cantares varias veces – eso lo recuerdo bien-, especialmente los últimos párrafos”.

“Leyendo la Biblia me siento tan renovado que diríase que toda la naturaleza se renovara conmigo y en torno a mí. El cielo me parece de un más puro y frío azul, los árboles más intensamente verdes, más ligeros los contornos de los bosques y las montañas, y todo el mundo aparece colmado de la gloria de Dios, mientras siento brotar fuego y música de la tierra que piso”.

sábado, 2 de junio de 2007

Practica del camino interior.


"Que el hombre madure, que se emancipe, es un proceso de desarrollo que no se cumple por sí mismo, como ocurre en el ámbito de la naturaleza con la maduración de un fruto, sino que requiere su colaboración. En el campo de los impulsos naturales, basta con admitir el movimiento que se deja sentir para que se cumpla el deseo. Basta con dejarse llevar por el impulso que nos mueve con su fuerza elemental para que se siga el cumplimiento del instinto. En el terreno del espíritu eso es completamente diferente. También aquí, seguir el impulso es la premisa para el movimiento. Pero la onda del movimiento se aplana si el hombre no toma aquello que le “toma” a él, si él no decide hacer realidad aquello que le mueve, siéndole fiel, y si no se empeña en seguir lealmente ese movimiento. Progresar en la realidad espiritual supone siempre transformarse. Toda transformación exige abandonar algo que corresponde a una forma de vida aceptada hasta entonces. Ocurre así cuando, por ejemplo, se deja un hábito, una exigencia, un punto de vista o una posición teórica o práctica (incluso, si se ha ganado tras ardua lucha). A fin de cuentas, de lo que se trata es de abandonar la preponderancia natural de una concepción de la vida formada a partir del yo existencial. Porque dejar todo aquello a lo que, por costumbre, se estaba naturalmente unido es difícil, la transformación espiritual supone y es trabajo, siempre trabajo, ejercicio y siempre ejercicio. Ello no sólo requiere una práctica interior, sino también un ejercicio que abarque la forma de estar, por consiguiente un ejercicio del cuerpo. Una práctica fundamental que tiene como sentido la transformación es la meditación". (K.G. Dürckheim).

La lucidez y la paz: Merton y la misa.



Siguiendo la lectura de “El signo de Jonás”, respecto a lo que supuso el sacerdocio ministerial para TM, encuentro algunos textos que quiero compartir:

“La misa es lo más maravilloso que ha entrado a formar parte de mi vida. Cuando estoy ante el altar me siento, al fin, aquello que Dios deseaba que fuera realmente. A propósito de la lucidez y la paz de este perfecto sacrificio nada puedo decir. Pero percibo claramente el especialísimo ambiente de gracia en que se desenvuelve y respira el sacerdote durante la misa (¡y durante muchos días después!)
Cierto que esta gracia peculiar es algo personal e intransferible, pero brota también de la función social de la misa. El mayor don que se puede conceder a cualquiera es participar en el acto infinito por cuya consumación el amor de Dios desciende sobre todos los hombres. En este sentido las supremas gracias de la soledad y la sociedad coinciden y se convierten en una, y esto se opera en el sacerdote durante la Misa, a semejanza de lo que sucede con el alma de Cristo y en el Corazón de María.
¡Qué grato es recordar a las gentes por las que ruego….! Antes, cuando no me habían ordenado aún, pensaba que sus nombres supondrían una distracción. Pero lo que hacen en realidad es intensificar la radiante aureola de alegría que envuelve las profundidades de mi alma.
Y esa radiación de que hablo es, con todo, oscura, porque brilla en el silencio de una fe sin imágenes. Y yo me regocijo en esa oscuridad”.

Lo anterior lo escribe Merton un 4 de junio de 1949, víspera de Pentecostés. Luego, seis días después apunta:

Nada parece mejor en la misa que una cierta sobriedad litúrgica. El sacrificio en sí es tan inmenso, que ninguna superabundancia de ademanes acentuará su expresión”.

El Valor de las palabras. Cavafis.

“Noto a menudo la poca importancia que los hombres conceden a las palabras. Me explico. Un hombre simple (por simple no entiendo estúpido, sino sin particularidades) tiene una opinión, condena una institución o una idea trasmitida; sabiendo que la gran mayoría piensa lo contrario, se calla, convencido de que es inútil hablar pues eso no cambiaría nada. Es un gran error. Yo actúo de manera diferente. Por ejemplo, yo condeno la pena de muerte. A la primera ocasión lo proclamo, no porque crea que mis declaraciones van a llevar a los poderes a abolirla mañana, sino porque estoy convencido de que eso constituye un triunfo de mi opinión. Poco importa que nadie sea de mi opinión. Las cosas que yo he dicho no se perderán. Quizá serán repetidas y llegarán a los oídos de alguien que las escuchará y contará con ellas. Puede ser que uno de aquellos que hoy no están de acuerdo las recuerde más tarde, en otras circunstancias más favorables, y lo convenzan o al menos lo hagan vacilar. Así por otras cuestiones sociales que exigen la acción. Sé que soy tímido, incapaz de actuar, capaz solamente de hablar. Pero no creo que mis palabras sean inútiles. Otro actuará pero mis palabras, las palabras de un tímido, habrán facilitado la acción. Ellas despejan el terreno”.
Constantino Cavafis. (9-11-1902).

viernes, 1 de junio de 2007

Seguimos hablando de Merton y el sacerdocio.


En el libro “El Signo de Jonás”, Thomas Merton nos permite asomarnos a las interioridades de la vida de un monje trapense. Es un diario que recoge acontecimientos entre 1946 y 1952, y en su cuarta parte, titulada “Ante el altar de Dios” aparece todo lo relacionado con su ordenación sacerdotal. Primero, una introducción, que nos prepara para comprender la narración, y donde hace TM algunas afirmaciones fundamentales:
1- “Mi ordenación sacerdotal era el gran secreto para el que he nacido”.
2- Ningún hombre es ordenado sacerdote para sí solo”.
3- “Los dos aspectos más característicos de la caridad divina en el corazón de un sacerdote son la gratitud y la clemencia”.
4- “Después de celebrar mi primera misa comprendí perfectamente que en la vida nada hay importante fuera de amar a Dios y servirlo con sencillez y alegría”.

En una de las entras del diario, correspondiente al 8 de mayo de 1946, Merton apunta: “¿Cómo es posible que alcance yo algo tan maravilloso como el sacerdocio?”, y una semana después se pregunta: “¿Qué efectos producirá la Misa en mi vida interior?”.
Sólo once días antes de su ordenación escribe: “Me vuelvo hacia Dios y comprendo que mi vocación es ser un sacerdote y un contemplativo, que mi vocación es la plegaria. Esto me llena de ventura”.
El día 23, con su habitual sentido del humor, dirá:


Dentro de tres días, si vivo y si el arzobispo no sufre una caída y se rompe una pierna, seré sacerdote. Pienso sin cesar: Voy a cantar Misa, voy a cantar Misa. Y recuerdo a Nuestra Señora del Cobre, cuya basílica visité hace nueve años en este mes de mayo. La Virgen se ha portado muy bien conmigo. Su amor me ha seguido hasta aquí y me conducirá hasta Dios”.


Está leyendo a San Juan de la Cruz, “Llama de amor viva” y dice que no atina a leer otra cosa. Otras dos afirmaciones interesantes:

“La mayor parte de lo que se ha escrito sobre el sacerdocio no me satisface. He llegado al extremo de no poder ni siquiera leer esos textos. Los encuentro demasiado técnicos y lo que yo necesito no es literatura, sino al Dios viviente”.

“El problema del sacerdocio constituye para mí, entre otras cosas, un problema de pobreza. Ser sacerdote significa, al menos en mi caso particular, no tener nada, no desear nada y no ser nada, sino pertenecer a Cristo”.

jueves, 31 de mayo de 2007

Las aguas de Siloé.


El libro de Thomas Merton, “Las Aguas de Siloé” aparece en 1949, el mismo año de su ordenación sacerdotal, y en él se presenta una concisa pero completa historia de monasticismo cisterciense, al decir de Fernando Beltrán, en especial de la orden de la estricta observancia, desde sus orígenes benedictinos, pasando por la reforma francesa del siglo XVII y hasta sus comienzos en el Nuevo Mundo, e incluye además, una descripción de la vida cisterciense contemporánea. Se trata, sigue diciendo este autor, de una obra valiosa que sitúa en el marco de una larga tradición la propia figura de Merton y ayuda a entender la síntesis personalísima, pero no del todo original, que llegará Merton a efectuar de la misma.
En la solapa de la edición del libro en español, hecho por editorial sudamericana se apunta:
“Este libro complementa la célebre autobiografía del autor de La Montaña de los siete círculos. Muestra un cuadro completo y comprensivo de la vida diaria del monje, desde el momento en que se levanta a las dos de la mañana, para cantar Maitines, hasta que se acuesta, después de Completas, a las siete de la tarde. Ofrece, además, una idea general del significado y objeto de la vida Trapense, contenida en expresiones de personalidades que forjaron y templaron el espíritu de la Orden a través de los siglos”

Hasta donde conozco, en los últimos años este libro no se ha vuelto a editar en español.
El libro incluye además un glosario de términos monásticos y sus ejemplos del lenguaje por signo que utilizaban los trapenses.

Aniversario de Ordenación sacerdotal de TM.

Thomas Merton, Sacerdote.

El pasado 26 de mayo fue aniversario de ordenación sacerdotal de Thomas Merton. Lo teníamos presente, pero luego, con los asuntos cotidianos se nos pasó recordarlo acá. La condición sacerdotal de Merton es un elemento fundamental para comprender su vida y su espíritu, y un aspecto a tener en cuenta cuando intentamos adentrarnos en su mundo y tomarle como maestro. Ahora mismo me viene a la memoria uno de los capítulos de “El Signo de Jonás”, donde TM recoge todo lo relacionado con su ordenación, y el impacto que esto tuvo en su vida. Él vivió esos días con mucha apertura espiritual, y de hecho tuvo una comprensión bien amplia de lo que ese acontecimiento podía suponer. Tampoco olvidamos la presencia que tuvo en esos días su recuerdo agradecido a María de la Caridad del Cobre, a cuyo santuario había peregrinado años antes para conseguir esta gracia, y como le ofreció su primera misa, tal y como había prometido.

Acceder al sacerdocio supuso para TM la superación de ciertas imágenes que guardaba y que tal vez tenían que ver con su propia experiencia personal; así, el 30 de mayo de 1948, día de retiro, escribió:
“He pasado un mal rato tratando de imaginar qué es lo que va a significar para mí el hecho de hacerme sacerdote. A veces me aterroriza la idea de entrar a formar parte de una casta llena de limitaciones espirituales y de rigidez, pero el sacerdocio no es realmente eso, aunque algunas personas lo presenten de esa manera. En último término, la única solución a ese problema está en la obediencia. Yo sigo adelante por obediencia. Si mis superiores desean que yo sea sacerdote, esto por lo menos es sensato. Dios lo quiere, y quiere que sea algo bueno para mí, aunque puede comportar una muerte inimaginable”.

Luego, tres días después de su ordenación, apuntaba: “Yo tuve la impresión de que todas aquellas personas que habían venido para verme se dispersaron en dirección de los cuatro puntos cardinales del universo con himnos y mensajes y profecías, hablando en lenguas y dispuestos a resucitar a los muertos, porque de hecho durante esos tres días nos sentimos henchidos del Espíritu Santo y el Espíritu de Dios pareció apoderarse más y más cada día de todas nuestras almas a través de las tres primeras misas de mi vida, mis tres gracias máximas”.

¿Qué supuso en ese momento para TM la ordenación sacerdotal?
“Es como si fuese la conclusión triunfal de una época y el comienzo de una nueva historia cuyas implicaciones me sobrepasan absolutamente”.

Son abundantes en sus diarios las referencias a su condición sacerdotal y lo que supuso en su trayectoria espiritual, y en estos días volveremos sobre el tema.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.