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domingo, 7 de octubre de 2007

Tras las huellas de Merton.



Este poema lo escribí hace unos años en mi visita al santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Santiago de Cuba, siguiendo los pasos de Thomas Merton, quien también visitó el santuario en el año 1940.

En comunión con la Virgen y el monje.

Aquí, donde la patria se cobija
Bajo el manto tierno de la Madre,
Entre montañas y el sonido melodioso
De las hojas que el viento está meciendo.
Aquí, en el sitio entrañable de la patria,
La patria interior, cierta y verdadera,
Quiero escuchar los pasos del peregrino
Que vino, por las aguas, desde el norte,
Para ofrecer su voluntad de vida,
Y buscar el bien, el olvido, el amor y el silencio.
Aquí, vuelvo a leer las páginas que narran
Su viaje interior e inolvidable por la Isla,
Y confieso que me parece verle caminando
Subiendo la calle empinada y sudoroso,
Para pedirle a la Señora morena y pequeña
El sublime don de ser sacerdote de su hijo.

Aquí le encuentro y con él me arrodillo frente a ella.
Aquí le siento, en el templo cuyo suelo reluce.
Aquí le veo: hombre común, converso,
Y luego monje inquieto y sacerdote suplicante,
Escritor fecundo, profeta y tenaz contemplativo,
Amigo y maestro espiritual,hermano Louis.
Y aquí me invita el verso y la palabra en el silencio,
Me invita a dialogar con Dios eternamente,
Dejándome arropar por la mirada tierna de la Madre,
Para alcanzar el fruto dulce de la misericordia.

Aquí me invita a sostener humildemente mi pobreza
Moral, mi desamparo, mis dudas, mis temores,
Para abrazar la santidad, aun cuando sea imperfecta.
Y yo me siento aquí, a los pies de la Virgen,
En comunión con el monje que llegó del frío,
Y tengo paz y luz y me siento más fuerte,
Y me hallo más en comunión con Cristo.
Aquí, entre altas montañas, en el lugar más bello,
Donde la Madre escucha la melodía del viento,
Y el pueblo peregrina.
Y yo escribo, y yo rezo.


Manuel Enrique Valls, ocd.
8 de julio de 2003.
El Cobre.

sábado, 6 de octubre de 2007

Transformación: Anselm Grün.


La transformación por el encuentro con el otro.

“La Transformación del hombre no se ha de entender exclusivamente en el ámbito individual. Cuando hay cambios en nuestros sentimientos, en nuestros sueños, en nuestro cuerpo, se modifican también nuestras relaciones. Cada encuentro que tenemos nos transforma. En cada encuentro con el otro, descubrimos quiénes somos en realidad. Nos encontramos con nuestro verdadero modo de ser. El encuentro es un importante momento de transformación.
Muchos se pierden a sí mismos por su relación con los demás. Ceden a otros tanto poder de influencia que pierden su personalidad.
La transformación del hombre queda incompleta mientras no cambie también su círculo de relaciones.
El encuentro despierta en nosotros la capacidad de amar. Pone en acción un proceso que nosotros mismos no podemos impulsar. Necesitamos de la mirada amorosa, del encuentro sin prejuicios, para descubrir el tesoro que hay en nosotros y levantarlo. Descubrimos nuestro yo precisamente en el tú. El encuentro con el tú nos hace reconocer cuál es el misterio más profundo de nosotros mismos.”
Anselm Grün.


“Nada transforma tanto como el Amor”.

LAS MANOS DE MARÍA.


Las manos sanadoras de María:como la lluvia que necesitaba el pueblo y que, a petición del profeta Elías, llega en una pequeña nube; como el vino que Jesús regaló a los novios de Caná. Así necesito el amor de la Virgen para mi vida. María no puede salvarme, pero sí ayudarme a disponerme para la salvación. En medio de mi sordera, Dios quiso darme a María: a ella la descubrí progresivamente en los últimos años, con la ayuda de Thomas Merton y los ecos de la tradición del Carmelo.


Las manos de María.

Entrelazadas y quietas en el silencio de la tarde,
Como dos pájaros que cantan en las ramas de un árbol,
Como el batir de alas de los ángeles.

Recogiendo siluetas, juntando ramilletes de dolor
Y transformándolos en risas y en milagros.
Enamorando a Dios y conquistándolo para nosotros.

Abiertas a la lluvia, al niño y a la aurora, consolando
Y sanando. Calentándonos el alma en el invierno,
Provocando en nosotros la gracia de ser hijos.

Nostalgia de absoluto, reflejo trinitario,
Ternura maternal, fidelidad y fuerza:
Las pequeñas y frágiles manos de María.


Manuel Enrique Valls, ocd.
16 de julio de 2003.

viernes, 5 de octubre de 2007

AMISTAD COMPARTIDA


“La amistad con Jesús es un don tan hermoso que no se puede tener sólo para sí mismo. Quien recibe este don siente la necesidad de trasmitirlo a los demás; y de este modo, el don, compartido, no disminuye
sino que se multiplica”.

(Benedicto XVI)

jueves, 4 de octubre de 2007

Una vida plena de sentido.


Apropósito de la situación política de Birmania y la participación de monjes y monjas budistas en las protestas que están teniendo lugar en ese país el monje trapense Francisco R. de Pascual ha publicado una carta en la que incluye una cita de Thomas Merton que compartimos a continuación:

“Mi monasterio no es un hogar. No es un lugar en el que me encuentre arraigado y establecido en la tierra. No es un entorno en el que sea consciente de ser un individuo, sino mas bien un lugar en el que desaparezco del mundo como objeto de interés a fin de estar en él en todas partes por medio del ocultamiento y la compasión. Para existir en todas partes tengo que ser Nadie. Pero el monasterio no es una «huida» del mundo. Por el contrario, al estar en el monasterio asumo mi verdadero lote entre todas las luchas y sufrimientos del mundo. Adoptar una vida que es esencialmente no- autoafirmativa, no-violenta, una vida de humildad y de paz es en sí una declaración de la propia postura. Pero cada uno en esa clase de vida puede, por la modalidad personal de su decisión, otorgar a su vida entera una orientación especial. Es mi intención hacer de mi vida entera un rechazo de y una protesta contra los crímenes y las injusticias de la guerra y de la tiranía política que amenazan con destruir a toda la raza humana y al mundo entero. A través de mi vida monástica y de mis votos digo NO a todos los campos de concentración, a los bombardeos aéreos, a los juicios políticos que son una pantomima, a los asesinatos judiciales, a las injusticias raciales, a las tiranías económicas, y a todo el aparato socioeconómico que no parece encaminarse sino a la destrucción global a pesar de su hermosa palabrería en favor de la paz. Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos, de los propagandistas y de los agitadores, y cuando hablo es para negar que mi fe y mi iglesia puedan estar jamás seriamente alineadas junto a esas fuerzas de injusticia y destrucción. Pero es cierto, a pesar de ello, que la fe en la que creo también la invocan muchas personas que creen en la guerra, que creen en la injusticia racial, que justifican como legítimas muchas formas de tiranía. Mi vida debe, pues, ser un protesta, ante todo, contra ellas… Si digo que NO a todas esas fuerzas seculares, también digo SI a todo lo que es bueno en el mundo y en el hombre. Digo SI a todo lo que es hermoso en la naturaleza, y para que éste sea el sí de una libertad y no de sometimiento, debo negarme a poseer cosa alguna en el mundo puramente como mía propia. Digo SI a todos los hombres y mujeres que son mis hermanos y hermanas en el mundo, pero para que este sí sea un asentimiento de liberación y no de subyugación, debo vivir de modo tal que ninguno de ellos me pertenezca ni yo pertenezca a alguno de ellos. Porque quiero ser más que un mero amigo de todos ellos me convierto, para todos, en un extraño”. (Thomas Merton)

Pobreza evangélica.


Manuel, te envío este comentario, el último sobre este tema, porque no quiero acaparar
espacio y porque no sé si es del interés de los amigos que te visitan.
En comunión con todos, un abrazo . CARIDAD. (Gracias, amiga, y muy a propósito tu aporte en este día de San Francisco de Asís, el Hermano Pobre de Cristo, cuyo carisma nos ha seducido a todos en algún momento. Meditar acerca de la pobreza evangélica como valor en un mundo pobre y sufriente es siempre necesario. No queremos ser místicos de ojos cerrados, sino de ojos abiertos y amor por este mundo que es también de Dios en cuanto es creación suya. Rechazar lo malo de él, no es rechazarle a él. Que Francisco de Asís interceda por nosotros y nuestro mundo para que tengamos futuro, y el futuro de Dios).

La pobreza evangélica es mucho más un espíritu y una actitud vital que una forma concreta de expresión. Es más una mística que algo reglamentado de antemano. Por eso, es una realidad esencialmente abierta. Cada época y cada persona debe ir buscando las formas y los modos que mejor traduzcan, en cada caso, el mismo e idéntico espíritu. El Concilio nos exhorta a buscar, si es preciso, "formas nuevas" para expresar la pobreza (cf PC 13). Señalamos a continuación algunas posibles formas, acaso elementales, de pobreza. Estas formas pueden ayudarnos, a condición de que no pretendamos encerrar y agotar en ellas todo su espíritu, y con tal de que estemos siempre abiertos a lo que el Espíritu Santo nos vaya sugiriendo, también a través de las circunstancias de la vida y de los signos de los tiempos. Las 'formas' o expresiones de pobreza no tienen que ser necesariamente 'nuevas'. Pero tienen que ser de verdad 'actuales', es decir, capaces de traducir y de expresar, de forma inteligible, para el hombre de hoy, este ideal evangélico. La inevitable tensión entre el espíritu o apertura total propia de la 'mística', y las concretas realizaciones o expresiones prácticas, que nunca llegan a 'traducir' toda su riqueza y sus exigencias, es también una forma de pobreza. Hay que vivir esa 'tensión', sin nerviosismo y sin angustia. No saber qué hacer, en más de una ocasión, y no desesperarse, sino seguir viviendo y buscando, con paciencia y con humildad, es también una forma muy real de pobreza evangélica. Recordemos, además, que "no se puede optar por los pobres, sin vivir, de alguna manera, su pobreza". Y que optar de verdad por Cristo-Pobre, implicará necesariamente optar por la pobreza evangélica que él vivió. Por supuesto, la lista de formas y de expresiones de pobreza no pretende ni puede ser completa:
· Vivir en sencilla austeridad, evitando toda forma de lujo o de simple confort en todo: en la casa, en el modo de vestir, en los medios de transporte y también en los posibles instrumentos de apostolado.
· Procurar la sobriedad y la templanza en las comidas, pero sin caer en la mezquindad o tacañería.
· Mantener una abierta disponibilidad, para los demás, de todo lo que somos y tenemos, comenzando por lo más valioso, y llegando incluso a las cosas materiales, sin reservarnos nada exclusivamente para nosotros mismos: nuestra experiencia de Dios, nuestras ideas y vivencias, nuestro tiempo, nuestros instrumentos de trabajo, etc. Ser todo para todos, aunque a veces puedan abusar un poco de esta abierta disponibilidad.
· Subordinar los valores económicos a los valores espirituales, humanos, pedagógicos, formativos, comunitarios, apostólicos, etc., es verdadera pobreza. En cambio, subordinar cualquiera de estos valores a la economía, es una falta de pobreza, porque es una forma de 'materialismo'.
· No crearnos necesidades innecesarias. Más aún, ir reduciendo al mínimo, aunque sin angustia y sin tensión de espíritu, las cosas que juzgamos necesarias para nuestra vida y para el ejercicio de nuestro apostolado, hasta 'necesitar' cada día menos cosas para vivir, y aun ésas necesitarlas poco.
· Reconocer y aceptar, sin complejos, las propias limitaciones. Aceptarnos a nosotros mismos y aceptar a los demás con los propios límites y con los valores correspondientes, sin 'mitificar' a nadie.
· Cultivar la sencillez en todo, como un verdadero estilo de vida: evitando todo alarde y toda ostentación.
· Vivir en paz la propia soledad, sin buscar 'llenarla' con cosas, con una exagerada actividad, o simplemente con 'ruido', aunque ese 'ruido' se llame 'música'.
· Alegrarnos de sentir necesidad de Dios y de no podernos salvar por nosotros mismos, para ofrecer a Jesús la oportunidad de que nos salve, siendo él, personalmente, nuestro Salvador y nuestra Salvación.
· No pretender, de ninguna manera, 'abarcar' a Dios con nuestras reflexiones, comprendiéndole y comprendiendo sus planes sobre nosotros. Por el contrario, reconocerle como absolutamente 'incomprehensible', 'siempre mayor', del todo inalcanzable por nuestra razón, ya que nos desborda infinitamente. Y, en consecuencia, creer en su amor, amarle y adorarle, sin querer ni poder salir ya de nuestro asombro.
· Procurar aceptar y vivir las posibles enfermedades como verdaderas experiencias de pobreza integral, que afecta a la persona entera. Y saber convertir también los pequeños o grandes fracasos en escuela de autoformación humana y cristiana.
· Ser capaces de recibir y de dejarnos ayudar por los demás, adelantándonos, de vez en cuando, incluso a pedir ayuda.
· Aceptar gozosamente y sin melancolía la prosa y la monotonía de una vida sin especial relieve, sin ceder nunca a la simple costumbre o a la rutina, y sin perderse en sueños, ni esperar 'grandes acontecimientos'. No buscar lo novedoso o lo llamativo. Descubrir el valor de los deberes cotidianos y vivir con elegancia las cosas triviales que forman la trama de la existencia humana. Vivir primorosamente lo vulgar y poéticamente la prosa de la vida.
· Vivir el momento presente, como expresión humilde y concreta de la voluntad de Dios -vivir presentes en el presente-, sin ceder a la nostalgia del pasado ni a los juegos de la imaginación para el futuro.
· Cultivar con esmero el sentido de la gracia y de la gratuidad, que se traduce en el sentido de la gratitud. ¡Si 'todo es gracia', deberíamos reconocerlo y dar gracias por todo!
· Mantener una actitud viva de humildad y mansedumbre, de serena alegría y de paciencia activa, 'sabiendo esperar' sin desaliento y sin demasiadas prisas, con paz y sin inquietudes turbadoras, respetando el ritmo de las personas y de las cosas, y sin buscar resultados inmediatos.
· Saber recibir una merecida alabanza sin engreimiento y con naturalidad, y también saber aceptar un reproche o una crítica sin irritación y sin sentirse humillado.
· Alegrarse del bien de los demás, reconocer y elogiar sus cualidades y sus virtudes y celebrar sus éxitos.
· Tener un sincero deseo de aprender y, en consecuencia, dejarse enseñar por los demás, siendo muy conscientes de que no se sabe todo y de que incluso se ignoran muchas cosas.
· Ser de verdad libres frente a todos y frente a todo -usos, costumbres, modas, tradiciones, etc.-, amando todas las realidades creadas, sin despreciar nada, pero sin dejarnos dominar o subyugar por nada ni por nadie.
· Adoptar una actitud vital, cada día más sincera y comprometida, de servicio desinteresado a los otros, sobre todo, a los más necesitados de la sociedad.

* * *
Y "todo esto -como afirma acertadamente la Instrucción Orientaciones sobre la formación en los Institutos religiosos- con el fin de centrar la vida en Jesucristo-Pobre, contemplado, amado y seguido" (PI 14). Siguiendo el ejemplo vivo de María-Virgen, que "sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de él la salvación" (LG 55). Por eso, todo y siempre, como expresión de absoluta confianza en Dios, de amor entrañable a los hermanos y de soberana libertad frente a todas las cosas.


Severino María Alonso, cmf

Sacado de ciudadredonda.org

martes, 2 de octubre de 2007

El centro de todos los demás amores.


“Vivo en el bosque por necesidad. Me levanto de la cama en mitad de la noche porque me resulta imperativo escuchar el silencio de la noche solo, rostro en tierra, y orar los salmos solo, en el silencio de la noche.
Me resulta necesario vivir aquí solo, sin mujer, porque el silencio del bosque es mi desposada y el dulce calor oscuro del mundo entero es mi amor, y del corazón de ese oscuro calor sale ese secreto que sólo se escucha en el silencio, pero es l raíz de todos los secretos susurrados por los amantes del mundo entero en su lecho. Tengo la obligación de preservar la calma, el silencio, la pobreza, el aspecto virginal de pura nada que está en el centro de todos los demás amores. Cultivo esta planta silenciosamente en medio de la noche y la riego en silencio con salmos y profecías. Se vuelve el más hermoso de los árboles del jardín, a la vez el árbol primordial del paraíso, el axis mundi, el eje cósmico y la cruz.
A mí me es del todo necesario ver el primer punto de luz que comienza a ser aurora. Necesito estar presente a solas en la resurrección del Día, en solemne silencio, ante la aparición del sol, porque en ese momento todos los asuntos de las ciudades, los gobiernos o los departamentos de guerra se ven como naderías. Recibo del bosque del este, de los altos robles, la singular palabra DÍA. Nunca es igual. Es siempre un lenguaje totalmente nuevo”.
(Thomas Merton).

Correspondencia.

Hace un tiempo estuve comentando la salida de una nueva biografía de Felix Varela, patriota y santo cubano, escrita por el P:Fidel Rodríguez Cuza. Ahora he recibido un mensaje del autor, y lo comparto con todos, esperando sirva para promover esta obra, útil para quienes deseen adentrarse en la esencia de lo cubano.

Manolito:
No conocía de tu blog sobre Tomás Merton. Casualmente lo vi y me encontré la sorpresa agradable de saber que has podido tener mi libro, lo cual me alegra. Agradezco tu gentileza de publicar la pequeña reseña que haces de él. Espero lo puedas leer y te guste, como sabes ha sido el fruto (el parto podría decir) después de 15 años de investigación, que aún continúo. Ahora me encuentro trabajando en mis momentos libres en el segundo y tercer tomos, a la par que trabajo en una propuesta de mi editor, que quiere publique TODAS las cartas que existen de Varela, aunque hay muchísimas perdidas, revisadas y comentadas.
Esta semana pasada tuve una segunda presentación del libro en Miami, en la que estuvo presentando el libro Mons. Felipe Estévez, Obispo auxiliar de Miami, gran conocedor de la vida y obra de Varela, en ella estuvo Mons. Polcari entre muchos otros sacerdotes y personas de la Fundación Varela de Miami. En la primera presentación lo hizo Mons. Román, y en Orlando, mi Obispo Thomas Wenski. Se espera sea presentado, en fecha aún no determinada en New York y San Agustín de la Florida, pero aún no hemos concretado el momento.
Me encanta el trabajo que estás desarrollando con la espiritualidad de Thomas Merton, Henri Nowen y los santos carmelitas, te felicito y me alegro por tí.
Un fuerte abrazo y saludos a tu familia:
P. FIDEL

La verdadera pobreza.


Hola Manuel, hoy quiero compartir con los "Amigos de Thomas Merton" otro fragmento del libro que estoy leyendo sobre la pobreza:

"La verdadera pobreza evangélica es una pobreza interior, donde únicamente cuenta la actitud del corazón. Esto se pone de manifiesto en el caso de los ricos (materialmente hablando) en el Evangelio, que tienen un corazón pobre.
Están en primer lugar las mujeres que seguían a Jesús y lo asistían lo mismo que a los apóstoles, con sus bienes (Lc 8, 3). Están Nicodemo y José de Arimatea, que enterraron a Cristo. Está también el rico Zaqueo, que responde magníficamente al Señor: "Daré la mitas de mis bienes a los pobres y, si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruple" (Lc 19, 8). Su corazón era libre o supo liberarse.
Además se puede ser rico, no solamente de dinero y posesiones materiales, sino más aún de bienes intelectuales, estéticos e incluso espirituales. Se puede ser rico de sus méritos, de sus renuncias, de su perseverancia. Nada cierra, con más seguridad, a la gracia de Cristo que esto. En la parábola evangélica (Lc 18, 9-14), dirigiéndose a algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a todos los demás, el fariseo, materialmente más pobre, se muestra rico en su complacencia en sí mismo y en su desprecio de los demás, mientras que el publicano, con toda seguridad materialmente más rico, tiene un corazón pobre:

"El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: '¡Oh Dios!, te
doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces,
injustos, adúlteros, ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces
por semana y doy el diezmo de todas mis ganancias' "
(Lc18, 11-12)

Odioso. ¿verdad? Pero ¡cuidado!, que cada uno se examine en este punto… El monje "modelo" que se cree mejor que los demás…

"En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía a
alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: '¡Oh
Dios!, ten compasión de mí, que soy pecador'. Os digo que éste bajó
a su casa justificado y aquel no, porque todo el que se ensalce será
humillado, pero el que se humille será ensalzado"
(Lc 18, 13-14)

Nosotros nos identificamos, naturalmente, con el "buen" publicano. Pero ¿esto es verdad? A veces tenemos dificultad con la fórmula de la Oración de Jesús (calcada, en parte, de la oración del publicano): "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador". No nos sentimos pecadores hasta ese punto…

En el silencio de la oración, en el fondo de nuestro corazón todos nos sentimos pobres, precisamente ante el Amor que nos ama con pura gratuidad."


CARIDAD.

lunes, 1 de octubre de 2007

Teresita: la confianza.


“El Señor tomó para sí a Santa Teresa y la instruyó; como a la niña de sus ojos la cuidó. Al igual que un águila con las alas abiertas, él la raptó y la llevó sobre sus hombros. Sólo el Señor fue su guía”.

La personalidad de Santa Teresa del Niño Jesús irradia tanta fortaleza y grandeza de espíritu como humildad y dulzura. Desde una vida corta y sencilla, marcada en buena parte por la experiencia de la Noche interior, Teresa camino por su “pequeña senda”, que no es otro camino que el de las Bienaventuranzas, y nos dejó una doctrina centrada en la confianza y el abandono.
Por encima de su estilo, que puede antojarse superficialmente anticuado (Pues Teresa es hija de su tiempo) advertimos un carácter de una fortaleza extraordinaria, entregado por entero a la acción del Espíritu Santo, abrasado por el amor de Jesús y deslumbrado ante la Misericordia de un Dios que es Padre.

Así aparece reflejado en la Carta de San Pablo a los Romanos:

“Los que se dejar llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Han recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados” (Romanos 8, 14-17).

Hermana Teresa, acompáñanos en el camino de la fe, y ayúdanos a trabajar por alcanzar la santidad, no con violencia, activismo y sacrificio, pues no soy capaz, sino mediante la confianza y el abandono en las manos del Amor Misericordioso. AMEN.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.