Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.
Seguidores
jueves, 9 de febrero de 2012
ESPACIOS DE REFLEXIÓN Y SILENCIO
sábado, 4 de febrero de 2012
GRACIAS POR SIEMPRE
Gracias, SAN.
viernes, 3 de febrero de 2012
BAJO EL SIGNO DE ACUARIO 3
Me parece, ahora, que mi madre debió ser una persona llena de sueños insaciables y con grandes anhelos de perfección: perfección en el arte, en la decoración de interiores, en el baile, en la dirección de la casa, en la educación de los hijos. Acaso por eso la recuerdo generalmente preocupada, ya que mi imperfección, la de su primogénito, fue para ella una gran decepción. Si este libro no aportara nada más, mostrará ciertamente que no fui el hijo soñado de nadie. He visto un diario que mi madre escribió, durante mi infancia y primera niñez, y ahí refleja el asombro ante el desarrollo obstinado y l parecer espontáneo de aspectos imprevisibles en mi carácter, cosas con las que ella nunca había contado. Por ejemplo, una profunda y grave tendencia a adorar la luz de gas de la cocina, con no poca veneración ritual, cuando yo tenía penas cuatro años. Mi madre no daba demasiada importancia a las iglesias y l religión formal en la educación de un hijo moderno, y mi creencia es que ella pensaba que, si yo me abandonaba a mí mimo, llegaría a ser una especie de deísta simpático y tranquilo y no sería pervertido por la superstición”.
(Thomas Merton, “La montaña de los siete círculos”, páginas 12-13, Edhasa)
lunes, 30 de enero de 2012
SILENCIO
TM y la VIRGEN DEL COBRE
En su ómnibus Merton se dirige a Oriente, la última provincia cubana en aquel entonces, para atravesar la Sierra Maestra y vislumbrar desde lejos “la basílica amarilla de Nuestra Señora del Cobre, de pie en una prominencia, sobre los tejados metálicos del pueblo minero”. En su autobiografía nos cuenta Merton que, luego de estar unos días en Santiago, la semana siguiente fue a visitar el santuario:
“Subí por la senda que contorneaba el montículo en que se asienta la basílica. Entrando por la puerta quedé sorprendido de que el suelo fuera tan reluciente y la casa tan limpia… Estaba en el fondo de la Iglesia, junto al ábside, en una especie de oratorio detrás del altar mayor, y allí, encarándose conmigo, en una pequeña capilla, estaba la Caridad, la virgencita alegre y negra, cubierta con una corona y vestida con magníficos ropajes, que es la Reina de Cuba”
Allí, en el santuario, Merton se arrodilló, oró e hizo su promesa a la Virgen en relación con su sacerdocio, tal vez similar a las mismas palabras que aparecen un poco antes en su autobiografía, en el momento en que, desde el ómnibus divisaba el santuario:
“¡Ahí estás, Caridad del Cobre! Es a tí a quien he venido a ver; tú pedirás a Cristo que me haga su sacerdote y yo te daré mi corazón, Señora; si quieres alcanzarme este sacerdocio, yo te recordaré en mi primera misa de tal modo que la misa será para tí y ofrecida a través de tus manos, en gratitud a la Santísima Trinidad, que se ha servido de tu amor para ganarme esta gran gracia”.
Luego Merton intentó estar un rato en silencio y soledad haciendo su oración, pero la insistencia de una buena señora que intentaba venderle unas medallas le hizo salir pronto del lugar, sin tener ocasión de decir todo lo que quería a la Virgen, ni conocer mucho sobre ella. De hecho, nunca supo el día en que celebrábamos su fiesta. Cuenta que luego allí, en el poblado minero, compró una botella de gaseosa y se detuvo bajo el techo metálico de la tienda del pueblo para refugiarse con toda seguridad del sol y el calor del lugar, mientras en alguna casa cercana un armonio tocaba el Kyrie Eleison.
BAJO EL SIGNO DE ACUARIO 2
Y aunque mi padre vino del otro lado de la Tierra, allende muchos océanos, todas las imágenes de Christchurch, Nueva Zelanda, donde nació, recuerdan los suburbios de Londres, acaso un poco más limpios. Hay más luz en Nueva Zelanda y creo que la gente está más sana.
Mi padre se llamaba Owen Merton. Owen porque la familia de su madre había vivido durante una o dos generaciones en Gales, aunque creo que eran originarios de las Tierras Bajas escocesas. Y el padre de mi padre fue profesor de música, un hombre piadoso que enseñaba en Christ´s College, Christchurch, en la Isla del Sur.
Mi padre poseía mucha energía y era muy independiente. Me contaba cómo era la vida en la tierra de las colinas y en las montañas de la Isla del Sur, en las haciendas de ovejas y en los bosques en donde había estado; y una vez, en que una de las expediciones antárticas pasó por allí, mi padre estuvo a punto de unirse a ella para ir al Polo Sur Habría perecido helado con todos los demás, pues de aquella expedición nadie regresó.
Quiso estudiar arte, pero encontró muchas dificultades en s camino y no le fue fácil convencer a los suyos de que ésa era su verdadera vocación. Pero al fin marchó a Londres y luego a París; en París conoció a mi madre, se casó con ella, y nunca más volvió a Nueva Zelanda”.
(Thomas Merton, “La montaña de los siete círculos”, páginas 11-12, Edhasa 2008)
ESCUCHAR
miércoles, 25 de enero de 2012
BAJO EL SIGNO DE ACUARIO...
“Mi padre y mi madre eran cautivos de este mundo, conscientes de que no vivían con él ni en él, y con todo incapaces de huir. Estaban en el mundo y no eran del mundo, no porque fueran santos, sino de un modo distinto: porque eran artistas. La integridad de un artista eleva a aun hombre por encima del nivel del mundo sin liberarlo de él.
Mi padre pintaba como Cézanne y comprendía el paisaje meridional francés como Cézanne lo comprendió. Su visión del mundo era sana, llena de equilibrio, de veneración por la estructura, por las relaciones entre las masas y las circunstancias que imprimen una personalidad individual a cada cosa creada. Su visión era religiosa y pura y, por consiguiente, sus pinturas no tenían decoración ni se prestaban al comentario superfluo, ya que un hombre religioso respeta el poder de la creación de Dios para dar testimonio de sí. Mi padre era un artista muy bueno.
Ni mi padre ni mi madre sufrían los mezquinos prejuicios fantásticos que corroen a las gentes que no saben más que de automóviles y de cine y de lo que hay en la nevera y en los periódicos y de qué vecinos van a divorciarse.
Heredé de mi padre su manera de mirar las cosas y algo de su integridad; y de mi madre algo de su insatisfacción por la confusión en que el mundo vive y un poco de su versatilidad. De ambos heredé facultades para el trabajo y visión y goce y expresión que debían haber hecho de mí una especie de rey, si los ideales por los que el mundo vive fueran los verdaderos. No siempre teníamos dinero; pero cualquier tonto sabe que no se necesita dinero para disfrutar de la vida.
Si lo que la mayoría de la gente da por sentado fuera realmente verdadero, si todo lo que se necesita para ser feliz fuese apoderarse de todo y verlo todo e investigar todas las experiencias y luego hablar de ello, yo habría sido una persona muy feliz, un millonario espiritual, desde la cuna hasta ahora.
Si la felicidad fuera simplemente una cuestión de dones naturales, nunca habría ingresado en un monasterio trapense cuando alcancé la edad de hombre”.
(Thomas Merton, “La montaña de los siete círculos”, páginas 9-11, Edhasa 2008)
TUS MEJORES INTUICIONES
También sabes que la satisfacción de tu ardiente deseo de amistades intimas, ministerio compartido y trabajo creativo no te traerá lo que verdaderamente quieres. Es una nueva experiencia para ti sentir tanto tu deseo como su irrealidad. Sientes que solo el amor de Dios puede satisfacer tu más profunda necesidad, mientras la tendencia hacia el resto de las personas y las cosas permanezca fuerte. Parece que la paz y la angustia existen lado a lado en ti, que deseas tanto la distracción como la devota concentración.
Confía en la claridad con que ves lo que tienes que hacer. La idea de que podrías tener que vivir alejado de amigos, de ocupaciones laborales, de periódicos y libros interesantes ya no te asusta. Ya no despierta ansiedad lo que los demás vayan a pensar, decir o hacer. Incluso la idea de que pronto puedas ser olvidado o pierdas las conexiones con el mundo no te perturba.
Rezar se te hace bastante fácil. ¡Qué gracia! La gente que te rodea va al teatro, a clases de ballet, o a cenas, y tú no te sientes rechazado ni abandonado cuando no te invitan a acompañarlos. De hecho, estas muy contento de estar solo en tu habitación. No es difícil hablarle a Jesús y escucharlo hablarte. Estas tomando conciencia de cuan cerca de ti esta Jesús. Te mantiene a salvo en su amor. A veces, los recuerdos de acontecimientos pasados y las fantasías acerca del futuro atraviesan tu corazón, pero estos incidentes dolorosos se han vuelto menos amenazantes, menos devastadores, menos paralizantes. Casi parece que fueran recordatorios necesarios de tu necesidad de estar cerca (muy cerca) de Jesús.
Sabes que algo totalmente nuevo, verdaderamente único, esta sucediendo dentro de ti. Esta claro que algo esta muriendo en ti y algo esta naciendo. Debes permanecer atento, tranquilo y obediente a tus mejores intuiciones. Sigue preguntándote: “¿Qué pasa con las cosas que hice y dije en el pasado? ¿Qué hay de mis numerosas opciones en el futuro?” De repente, te das cuenta de que estas preguntas ya no tienen sentido. En la nueva vida a la que estas ingresando, ya no surgirán. Los decorados del escenario que por tanto tiempo configuraron el fondo de tus pensamientos, palabras y acciones están siendo retirados lentamente, y sabes que no volverán.
Sientes una extraña tristeza. Emerge una enorme soledad, pero no estas asustado. Te sientes vulnerable pero a salvo al mismo tiempo. Jesús esta donde estas tú, y puedes confiar en que te indicara el próximo paso”.
Henri NOUWEN
viernes, 20 de enero de 2012
MARÍA, PUERTA DE UN NUEVO EVANGELIO
Hay requerimientos de orden espiritual en la vida de los seres humanos y, cuando se da la apertura a lo trascendente cristiano en nuestra vida, esto nos hace salir del encierro en nosotros mismos, nos abre a una relación renovada con los demás y despeja, por la esperanza que se genera en el corazón humano, las nubes que ensombrecen el futuro.
La Virgen de la Caridad nos hace mirar desde más alto, y la vida se divisa distinta desde el balcón de la fe. Por todo esto nuestro pueblo nos ha dado gracias a nosotros, hombres de Iglesia, no porque estemos hallando soluciones mágicas a problemas económicos o sociales, sino por darles la posibilidad de reencontrarse a sí mismos de modo integral, como personas que no sólo tienen necesidades materiales, sino también de orden espiritual”.
(Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de la Habana, con motivo de la Peregrinación de la imagen de la Virgen de la Caridad, Diciembre, 2011)
“No sientan que las dificultades en medio de las cuales laboran hacen menos significativas sus vidas. Al contrario, los cristianos vivimos en todas partes en una especie de destierro, y es necesario que todos comprendamos esto. El peligro mayor proviene de identificar la iglesia con un sistema económico y cultural próspero y sólido, como si Cristo y el mundo hubieran finalmente acordado ser amigos. La Iglesia necesita cristianos de pensamiento libre y original, con nuevas soluciones y dispuestos a correr riesgos.
Ustedes no tienen por qué sentir confusión o duda, sino abrir sus corazones al Espíritu Santo, y regocijarse de su libertad que nadie puede arrebatarles. Ningún poder en la tierra puede impedirles amar a Dios y unirse a él. Ni tampoco dependen de la devoción tradicional, puesto que el Señor está junto a ustedes, y vive en ustedes. Su evangelio no está viejo, ni olvidado; es nuevo, y está ahí para que lo mediten. Por su Gracia pueden aun recibir los sacramentos de la Iglesia y alegrarse de estar en el cuerpo de Cristo. Y tienen a sus hermanos cristianos y a toda Cuba para amar”.
(Thomas Merton, carta al poeta cubano Cintio Vitier)
Ser parte de todo...
-Thomas Merton-
Santidad es descubrir quién soy...
“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).
LA DANZA GENERAL.
Thomas Merton.
ORACIÓN DE CONFIANZA...
“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros
Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.