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lunes, 13 de junio de 2016

MERTON VIVO EN ORLANDO.

Aunque esta cita de Merton no alude directamente a la discriminación sexual, implica toda discriminación, y se hace hoy en extremo vigente, ante la abominable masacre en Orlando, E.U. 


“Es mi intención hacer de mi vida entera un rechazo y una protesta contra los crímenes y las injusticias de la guerra y de la tiranía política que amenazan con destruir a toda la raza humana y al mundo entero.

A través de mi vida monástica y de mis votos digo NO a todos los campos de concentración, a los bombardeos aéreos, a los juicios políticos que son una pantomima, a los asesinatos judiciales, a las injusticias raciales, a las tiranías económicas, y a todo el aparato socioeconómico que no parece encaminarse sino a la destrucción global a pesar de su hermosa palabrería en favor de la paz.

Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos, de los propagandistas y de los agitadores, y cuando hablo es para negar que mi fe y mi iglesia puedan estar jamás seriamente alineadas junto a esas fuerzas de injusticia y destrucción. Pero es cierto, a pesar de ello, que la fe en la que creo también la invocan muchas personas que creen en la guerra, que creen en la injusticia racial, que justifican como legítimas muchas formas de tiranía. Mi vida debe, pues, ser una protesta, ante todo, contra ellas.



Si digo que NO a todas esas fuerzas seculares, también digo SÍ a todo lo que es bueno en el mundo y en el hombre. Digo SÍ a todo lo que es hermoso en la naturaleza, y para que éste sea el sí de una libertad y no de sometimiento, debo negarme a poseer cosa alguna en el mundo puramente como mía propia. 

Digo SÍ a todos los hombres y mujeres que son mis hermanos y hermanas en el mundo, pero para que este sí sea un asentimiento de liberación y no de subyugación, debo vivir de modo tal que ninguno de ellos me pertenezca ni yo pertenezca a alguno de ellos. Porque quiero ser más que un mero amigo de todos ellos me convierto, para todos, en un extraño”.

THOMAS MERTON
DEL PREFACIO A LA EDICIÓN JAPONESA DE LA MONTAÑA DE LOS SIETE CÍRCULOS (1963)

martes, 7 de junio de 2016

LA FIRMA DE DIOS.


"Dios se busca a sí mismo en nosotros y la aridez y la aflicción de nuestro corazón es la aflicción de Dios,  que no es conocido en nosotros, que no puede encontrarse a sí mismo en nosotros porque no nos atrevemos a confiar en la increíble verdad de que El puede vivir en nosotros y puede morar en nuestro ser porque lo elige, porque lo prefiere...Existimos solo para esto, para ser el lugar que El ha elegido para su presencia, su manifestación en el mundo, su epifanía.

Pero nosotros oscurecemos todo esto porque no lo creemos, porque nos negamos a creerlo. No es que odiemos a Dios, sino más bien que nos odiamos a nosotros mismos y hemos perdido la esperanza en nosotros mismos, Si empezáramos a reconocer, humilde pero verdaderamente, el verdadero valor de nuestro yo, veríamos que este valor es el signo de Dios sobre nuestro ser, 
la firma de Dios sobre nuestro ser.

Por suerte, el amor del prójimo se nos da como camino para comprender esto, pues el amor de nuestro hermano, de nuestra hermana, de la persona amada, de nuestra esposa, de nuestro hijo, está ahí para que veamos, con la claridad de Dios mismo, que somos buenos. Es el amor de quien me ama, de mis hermanos o de mi hijo lo que ve Dios en mí. Y es mi amor a la persona que amo, a mi hijo, a mi hermano, lo que me permite mostrarles que Dios está en ellos. El amor es la epifanía de Dios en nuestra pobreza. "

THOMAS MERTON 

(Estas ideas de Merton son la continuación de las que encabezaban la entrada en este blog  "El Problema de Dios"). 

miércoles, 1 de junio de 2016

TIEMPO ¿ORDINARIO?

"Mi padre murió con veintitrés años de edad, cuando yo no tenía más que tres. Mi pequeña persona sólo heredó una pequeña cosa de él: un librito de oraciones que guardaba en su interior una estampa con un poema impreso ribeteado en negro. Lo memoricé en cuanto aprendí a leer. Decía: 

No tengo más que un minuto,
sólo sesenta segundos
me veo obligado
no puedo rechazarlo,
no lo he buscado,
no lo he elegido, 
pero sufriré si lo pierdo... 

A medida que pasaban los años, aquellos versos se me iban yendo de la memoria; su filosofía perdía su encanto. Entonces me hice mayor, maduré y descubrí unas cuantas cosas: 


El tiempo es la base, el eje, el elemento de cohesión y la gloria de la vida. Pero no es simple. El tiempo ordinario es el período litúrgico más largo de todos. Es un tiempo en el que la vida transcurre a su lento y monótono modo, predecible hasta en lo más mínimo. Más de lo mismo. Misma rutina y misma rutina. Semana tras semana, mes tras mes. Los trayectos entre la casa y el trabajo, el papeleo, las tareas domésticas y el llevar a los niños al colegio nos devoran día tras día con entumecedora
regularidad. Y, sin embargo, es en el tiempo «ordinario» en el que ocurren las cosas verdaderamente importantes: nuestros hijos crecen, nuestro matrimonio y nuestras relaciones maduran, nuestro sentido de la vida cambia, nuestra visión se amplía, y nuestra alma llega a su sazón.

Sin lugar a dudas, la oración de la estampa tenía razón: perder la gloria de la vida ordinaria es sufrir la pérdida de la mayor parte de la vida.


Sólo cuenta realmente lo que aprendemos mientras hacemos lo que parece ser pura rutina: cómo resistir, cómo producir, cómo hacer rica la vida en sus momentos más mudos. «Hay más verdades en veinticuatro horas -decía Raoul Vaneigem- que en todas las filosofías».

Únicamente lo ordinario hace especial lo especial. Atiborrarse de especialidad es perder todo sentido de lo excepcional de la vida.

El tiempo ordinario es el mentor de todos nosotros. «Un oficinista de correos -decía Camus- es comparable a un conquistador, si ambos tienen en común la consciencia». Quienes, allí donde están, miran y pueden ver lo que están mirando,son los que hacen extraordinario el tiempo ordinario.

Lo ordinario es lo que nos revela, poco a poco, milímetro a milímetro, «la santidad de la vida, ante la cual -como dijo Dag Hammarskjóld- nos inclinamos en reverente adoración».

Espera pacientemente esas interrupciones de lo ordinario que nos revelan el verdadero núcleo de la condición humana: vida, muerte, cambio.

Es importante entender la diferencia entre estabilidad e intransigencia. La estabilidad nos enraíza en un pasado que, como la buena tierra, nutre lo que está creciendo. La intransigencia, en cambio, nos enraíza en un pasado que se ha petrificado para no tener que crecer en absoluto.

«El despotismo de la costumbre -decía el filósofo John Stuart Mili- es en todas partes una barrera estática contra el avance humano». Considera, pues, como una mala señal cuando te sorprendas a ti mismo arguyendo que ‘siempre se ha hecho así’

Nunca confundas lo ordinario con lo simple, lo estático o lo aburrido. Vivir una vida ordinaria puede perfectamente ser algo muy complicado. Se requiere un gran talento para hacer una gran vida de una vida rutinaria.

Queremos que la vida sea apasionante cuando, de hecho, la vida no es más que vida. Deseamos que lo espiritual sea místico, en lugar de ser real. Para el verdadero místico, el paso de las estaciones nunca es una banalidad. Es la repetición lo que, por fin, abre nuestros ojos a Dios donde Dios ha estado siempre: justamente delante  de nuestros ojos.


«Vivir -decía Antoine de Saint-Exupéry- es nacer lentamente». El hecho es que llegar a estar plenamente vivo lleva toda una vida. Hay en todos nosotros tanto que nunca hemos tocado, tanta belleza en la que estamos inmersos y que pasamos por alto... La consciencia es lo que eleva lo ordinario al nivel de lo sublime.

La vida, por definición, es cálida y palpitante. La vida, por definición, habla de Dios."

JOAN CHITTISTER. Escuchar con el corazón. 










martes, 24 de mayo de 2016

EL PROBLEMA DE DIOS.

"Dios no es un 'problema' y nosotros, que vivimos la vida contemplativa, hemos aprendido por experiencia que nadie puede
conocer a Dios mientras esté intentando resolver 'el problema de Dios'.

Tratar de resolver el problema de Dios es tratar de verse los ojos. Uno no puede verse los ojos porque son aquello con lo que ve, y Dios es la luz por la que vemos - por la que vemos no un objeto claramente definido llamado Dios, sino todo lo demás, en el Único invisible-. Dios es entonces Aquel que ve y la Visión, pero Él no es visto en la tierra..." 
(continúa)

THOMAS MERTON 

También San Juan de la Cruz nos habla de su experiencia buscando el Misterio






"Entréme donde no supe: 

y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde estaba,


pero, cuando allí me vi,

sin saber dónde me estaba,

grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo. 

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo. 

Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo."

San Juan de la Cruz 

lunes, 16 de mayo de 2016

PENTECOSTÉS EN LOS DIARIOS DE MERTON

"14 de mayo de 1967. Pentecostés.

Relámpagos, truenos y lluvia a intervalos toda la noche, y ahora, al amanecer, lo mismo. El valle encantador entre gris y verde, ahi afuera hacia el sur, nubes brumosas desplazándose a baja altura por encima de las colinas y los bosques y, por encima de estas, pesadas nubes de color metálico oscuro. La semioscuridad lluviosa poblada de lirios de color amarillo pálido y el blanco nuboso haciendo florecer masas verdes del seto de rosales. Salí hace un momento y un halcón emprendió su raudo vuelo: había estado esperando sobre la cruz o en el álamo grande.

La vuelta a la unidad, al fundamento, el espacio sagrado interno paradisíaco donde mora el hombre arquetípico en paz y en Dios. El viaje hacia ese espacio, a través de una esfera de aridez, dualismo, sequedad, muerte. La necesidad de valor y de deseo. Por encima de todo, fe, alabanza, obediencia a la voz interior del Espíritu, rechazo del abandono o del compromiso. 

Lo que hay de 'erróneo' en mi vida no es tanto una cuestión de 'pecado' (aunque también es pecado) sino de inconsciencia, confusión, flojedad, relajación, desaparición del deseo, falta de valor y decisión, de suerte que me dejo arrastrar por un movimiento extraño y me someto a sus dictados. El curso del 'mundo' que yo conozco no es el mío. Continuamente me veo desviado hacia un camino que no es el mío y no conduce hacia donde yo estoy llamado.  Solo si voy por el camino que debo seguir puedo serle de alguna utilidad 'al mundo'.
 Como mejor puedo servir al mundo es manteniendo la debida distancia y salvaguardando mi libertad."

THOMAS MERTON. Diarios (1960-1968)

(Imagen: Tomás Sánchez)

lunes, 9 de mayo de 2016

¿INTERESA MERTON HOY EN DIA?

"Thomas Merton ha sido y continúa siendo, por medio de sus escritos, director espiritual de muchísimas personas. La obra literaria de Merton les descubrió un estilo de vida enteramente nuevo. Cambió la forma de su espiritualidad

El 31 de enero, como parte de las celebraciones del centenario de Merton, el reverendo anglicano John Moses tuvo una breve intervención que se publica como apéndice final de la bibliografía del Diccionario de Thomas Merton, que acaba de publicar la editorial Mensajero: «Por qué Merton importa».

Merton era consciente de que algunas cosas tienen que ser dichas, y dichas otra vez. Por ejemplo, su gozo en el mundo natural. Muchas de sus horas más felices, muchos de sus momentos más profundos, los pasó en los bosques que rodeaban su abadía, cuando deambulaba libremente. Fue allí donde se admiraba de la maravilla del orden creado y los lazos de parentesco que unificaban toda la vida. Pero él miraba más allá de los confines del recinto monástico y observaba las consecuencias de la agricultura intensiva, del traslado de la gente del campo a la ciudad. Y temía que nuestra capacidad para la autodestrucción causara daños incalculables en las plantas, los pájaros, los insectos, el equilibrio de todo el sistema ecológico. Es difícil discrepar de su juicio de que «repartimos muerte a todo nuestro alrededor simplemente por la forma en que vivimos». ¿Es esta una afirmación que aún importa?

El sueño americano

Es nuestra forma de vida lo que le llevó a ser tan franco en su crítica a su país de adopción, Estados Unidos. Sabía todo sobre lo que el sueño americano era, pero conocía sus limitaciones, y escribió sobre «una sociedad que a pesar de todas sus indiscutibles ventajas, no parece que sea capaz de ofrecer a la gente vidas que sean completamente humanas y completamente reales».

Pero el diagnóstico de Merton se extendía a todo el mundo occidental. Deploraba el culto a la celebridad y al vacío que yacía justo debajo de la superficie. Pidió a sus lectores que hicieran frente a la realidad de que «vivimos en una cultura bastante enferma». ¿Es esta una frase que aún suena a verdad?

Él podía ser estridente, demasiado estridente a veces, en sus juicios políticos; pero casi cincuenta años después de su muerte podríamos titubear antes de condenar sin más su queja de que Estados Unidos falló al no prestar atención suficiente a la forma en que otras naciones podían ver el mundo. Hay ocasiones en que necesitamos recordarnos a nosotros mismos que Merton escribía contra el telón de fondo de la Guerra Fría, con la posibilidad real de una guerra nuclear.

La espiritualidad de Merton

Era inconcebible que la Iglesia escapara de su censura. Veía a una Iglesia que había perdido el norte en un mundo poscristiano. Abogaba por una Iglesia que entrara en un diálogo sin reservas con el mundo. Buscaba una Iglesia que no solo representara el pasado sino que pudiera realmente abrazar el futuro. Quería una orientación mucho más contemplativa en la vida de la Iglesia, pero también quería que la Iglesia volviera a descubrir su vocación profética, que fuera «una fuerza de choque para el mundo, un signo de contradicción».

Y, por supuesto, a través de su extensa correspondencia –con judíos, musulmanes, hindúes, budistas–, llegó a ser uno de los precursores del diálogo entre comunidades mundiales de fe. Quería un libre intercambio de ideas, de experiencias. Quería explorar esa herencia compartida de la sabiduría contemplativa sin la cual, así lo creía, los hombres y mujeres nunca encontrarían su verdadera humanidad.

Lo que el Diccionario de Thomas Merton pone en evidencia es que Thomas Merton descubrió una dimensión de la existencia humana que durante mucho tiempo se le había escapado. Descubrió la espiritualidad, una espiritualidad muy antigua centrada en la conciencia de la presencia de Dios. Esta espiritualidad contemplativa fue el regalo de Merton a la comunidad cristiana; regalo no en el sentido de que él la inventara, sino en el de que la rescató del lugar marginal que había ocupado durante mucho tiempo. Básicamente, la espiritualidad contemplativa no tiene que ver con la oración ni con los métodos de oración. No es un simple compartimento de la vida humana; abarca todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas y todas nuestras relaciones: con Dios, con los otros, con todo el universo creado.

No es exagerado decir que Thomas Merton ha sido y continúa siendo, por medio de sus escritos, director espiritual de muchísimas personas. La obra literaria de Merton les descubrió un estilo de vida enteramente nuevo. Cambió la forma de su espiritualidad. Les permitió pasar de una espiritualidad centrada, en gran medida, en prácticas externas, a otra centrada en la conciencia interior de la presencia de Dios. Tal espiritualidad es fuente de la más honda felicidad posible: «la felicidad –en palabras de Merton– de ser uno con todo en ese oculto terreno del amor para el que no puede haber explicaciones» (Hidden Ground of Love)."

Francisco R. de Pascual, OCSO
Abadía Cisterciense de Viaceli, Cóbreces (Cantabria)
Coordinador del Diccionario de Thomas Merton en castellano
Alfa y Omega, 07 de Enero de 2016


sábado, 30 de abril de 2016

MERTON HABLA DEL TRABAJO.

"El trabajo antinatural, frenético, angustiado, realizado bajo la presión de la avaricia, del miedo, o de cualquier otra pasión desordenada, no puede, hablando con propiedad, ser dedicado a Dios, porque Dios nunca quiere tal trabajo..."

"Guarda puros tus ojos, silenciosos tus oídos y serena tu mente. Respira el aire de Dios. Trabaja, si puedes, bajo su cielo. Pero si tienes que vivir en una ciudad y trabajar en medio de máquinas, tomar el metro y comer en lugares donde la radio aturde con noticias falsas, donde el alimento destruye tu salud y los sentimientos de quienes te rodean envenenan de hastío tu corazón, no te impacientes, acéptalo como manifestación del amor de Dios y como una semilla de soledad plantada en tu alma. 

Si estas cosas te repugnan, continúa deseando el silencio sanador del recogimiento. Pero mientras tanto mantén el sentimiento de compasión hacia quienes han olvidado el concepto mismo de soledad. Tú, al menos, debes saber que existe y que es la fuente de la paz y la alegría. Aún puedes esperar tal alegría. Ellos ni siquiera pueden ya esperarla."

"La santidad cristiana ya no puede ser considerada como una mera cuestión de actos de virtud individuales y aislados, sino que ha de ser vista también como parte del enorme esfuerzo de colaboración para la renovación espiritual y cultural de la sociedad, que produzca unas condiciones en las que todos los hombres puedan trabajar y disfrutar en paz del justo fruto de su trabajo."

THOMAS MERTON

viernes, 22 de abril de 2016

VERDES

A la tierra de Ecuador, a las víctimas del terremoto y a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo, que están dejando allí pedazos de sus vidas por tratar de salvar las de otros.


Palabras de sabios para el Día Mundial de la Tierra, que nos llaman a celebrarlo y vivirlo a diario, no solo hoy. Sin una visión bucólica, idílica del planeta; sin olvidar que también puede ser terrible, sobre todo cuando lo maltratamos con tanta irresponsabilidad.

"La Palabra es vivir, ser, espíritu, todo verde reverdecer, toda creatividad. Esta Palabra se manifiesta en toda criatura."

HILDEGARDA DE BINGEN.

"La fuerza que a través de la mecha verde impulsa a la flor, impulsa mi edad verde...La fuerza que impulsa al agua a pasar a través de las rocas, impulsa mi sangre roja."

DYLAN THOMAS

"El universo es la principal revelación de lo divino, el principal escrito sagrado, el punto principal de comunión divino-humano."

THOMAS BERRY

"La humanidad participa por naturaleza en todos los
acontecimientos cósmicos y está entrelazada hacia adentro y hacia afuera con ellos."

RICHARD WILHELM

 "Al parecer, algunos piensan que un santo no puede en modo alguno sentir interés natural por ninguna de las cosas creadas. Se imaginan que toda forma de espontaneidad o disfrute es el goce pecaminoso de una 'naturaleza caída'. Que ser sobrenatural significa ahogar toda espontaneidad con tópicos y reflexiones acerca de Dios. ...Como si los santos ofendieran a Dios cada vez que estiman la belleza, la bondad, las cosas agradables. ..Un santo es capaz de amar las cosas creadas y gozar usándolas y tratando con ellas de una manera perfectamente sencilla y natural, sin hacer referencias formales a Dios, sin atraer la atención sobre su piedad y actuando sin ninguna forma de rigidez artificial."..


THOMAS MERTON

martes, 12 de abril de 2016

"¿POR QUÉ MI GENERACIÓN AMABA A THOMAS MERTON?"

Los hombres no son islas, ya lo dijo Merton. Y en este artículo, el autor extiende, más allá de lo personal, el  impacto que causó en su generación el inquieto monje y escritor, muy humano y vital, muy lleno de Dios.     


"Thomas Merton, quizás mejor que ningún otro escritor del siglo XX, supo transmitir el amor manifestado en el cristianismo. Si se puede conocer a Dios en esta vida, de un modo personal y transformador, ¿qué podría ser más emocionante? ¿Qué historia de amor más atractiva que esta?

Mi generación conoció a Thomas Merton a través de La montaña de los siete círculos, una autobiografía espiritual comparada a menudo a la Confesiones de San Agustín. Merton concibió su libro como un retrato de su educación religiosa. Agustín presentó un relato claramente evangélico. De la misma manera, Merton exulta con la verdad que ha encontrado.

¡Qué joven era!, Tenía una enorme sed de vida y placeres, tanto lícitos como ilícitos. Este es el secreto de La montaña de los siete círculos. Nos encontramos ante un joven que disfruta de prácticamente todos los deseos que alguien puede soñar. Es la persona que a todos nos gustaría ser.

Ama las mujeres, la bebida, los viajes y el jazz. También quiere aprender todo lo posible, pues desea ser un gran escritor. Sus pecados son desastrosos, pero ama a su familia y trata de ser siempre leal a sus amigos. Una vez que descubrió la verdad del cristianismo, reconoció a Cristo como la salvación al infierno al que le habían conducido su vida de placeres salvajes y autodestructivos.

En el orden natural de las cosas, como admite, Merton fue un privilegiado en su intelecto, su energía, y en la posibilidad de tener una buena educación. Fue bendecido incluso por sus privaciones, como la temprana muerte de sus padres, que provocó que tuviera una infancia itinerante, cosa que enriqueció la experiencia de sus tragedias.

De todos modos, nada comparado con la posibilidad de conocer a Dios. Por esa perla de un valor incalculable, Merton lo abandonó todo y se convirtió en monje trapense de la Abadía de Nuestra Señora de Getsemaní en Kentucky, el 10 de diciembre de 1941.

Él mismo contó la historia, y es una historia que convence. Su don para la narrativa personal no tiene parangón; su prosa está marcada por las descripciones poéticas de los paisajes, rápidos retratos y un ojo infalible para los detalles, algo que solo puede tener quien posee una fabulosa memoria visual.

Así fue sucesivamente contándonos su historia, llevándonos por los diez primeros años de su vida como monje en El Signo de Jonás, la mejor crónica sobre la vida monástica que he leído nunca. En ella somos testigos de lo bueno y de lo malo de la nueva vida de Merton; de lo inapropiados que eran los hábitos para él tanto en invierno como en verano. Pero también de los profundamente satisfactorios momentos en los que estaba inmerso en la liturgia. Acompañamos a Merton a través de sus estudios que le llevaron a su ordenación como sacerdote en 1949. Se le conocía en su vida religiosa como padre Luis.

La vida de Merton en Getsemaní le dio una perspectiva externa sobre el deseo desenfrenado de la humanidad por el poder y la obsesión por poseer. Se dio cuenta de que este mundo de derroche y de codicia provoca el horror. En Jonás, como he dicho, Merton visita Louisville tras muchos meses viviendo en Getsemaní. La naturaleza violenta y gratuita de la vida contemporánea en la ciudad le abrumaba. Se dio cuenta de que el mundo se había vuelto loco llevado por sus apetitos desenfrenados.

Merton anhelaba el resurgir de una cultura que fuese capaz de producir belleza y armonía social, que no se redujese a la producción masiva de productos y su consumo ostentoso.

Su punto de vista resonó profundamente en mi generación: los “boomers”. Fuimos aplastados, por nuestro narcisismo, por todo lo que está mal actualmente, y nos lo merecimos. Después de todo, los ideales de los ’60 rápidamente condujeron a un hedonismo al que siguió un holocausto consumista.

Aún así, el impulso hacia un mejor modo de vida, hacia una mayor realización del sentido de la comunidad, es universal. No estábamos equivocados al pretender esto, como hace la gente hoy, pero fallamos tratando de conectar este anhelo con algo parecido a la tradición monástica en la que Merton se basaba.

El compromiso de Merton con las religiones orientales también fue muy importante. Hay quien ve en La montaña de los siete círculos un abandono del catolicismo, sin embargo Merton nunca abandonó su devoción a Cristo. Merton se comprometió, de principio a fin, al conocimiento de Dios. No quería saber “sobre Dios”: él quería encontrarse con Dios. Sentía que Él había premiado el esfuerzo espiritual de los monjes orientales a través de los siglos con un gran comprensión de la vida interior y la experiencia de lo divino. Se dio cuenta de que el Budismo, de alguna manera, en algunas de sus formulaciones, se podría describir como “un ateísmo sublime”. Sin embargo, cuando vio a los monjes tibetanos rezando, reconoció una piedad sincera que pensó que honraba a Dios. En esto estaba muy en comunión con el diálogo interreligioso comenzado por el Vaticano II. O, como mis amigos evangelistas dirían, reconoció que toda verdad viene de Dios.

La obra de Merton conectó con mi generación a través de las fuentes de la espiritualidad católica, especialmente la Liturgia de las Horas. Nos enseñó muchas cosas sobre los carismas especiales (los dones espirituales) de varias órdenes religiosas. El modo en que podríamos, como laicos, vivir una vida contemplativa en medio del mundo. Su obra también proveyó de un programa de estudios sobre la espléndida tradición intelectual que respalda la doctrina católica.

No fue perfecto y es improbable que llegue a ser canonizado. Al final de su vida se enamoró de una estudiante de enfermería, Margie Smith, que cuidó de él en el hospital de Louisville tras la última intervención a la que se sometió. Después terminó con este romance, que probablemente nunca consumó, y volvió a sus votos monásticos. A pesar de todos sus años de disciplina espiritual, es evidente que quedó algo del rebelde y joven Tom Merton.

Merton sigue siendo un campeón espiritual, un hombre que vivió la aventura de amar a Dios. Su muerte llegó demasiado pronto, aunque lo entregó a la plenitud de lo que él esperaba desde hacía mucho tiempo. Como todos los que esperan ilusionados la venida de Cristo en su Gloria."

HAROLD FICKETT. Aleteia, septiembre 2015. (fragmentos)
(DIBUJO DE MERTON) 


miércoles, 6 de abril de 2016

LA VOLUNTAD SECRETA DE VIVIR.

" El mundo moderno empieza a descubrir cada vez más que la calidad y la vitalidad de la existencia del hombre dependen de su voluntad secreta de vivir. 

Existe dentro de nosotros una fuerza oscura de destrucción, que alguien ha llamado el "instinto de la muerte". Esta fuerza, engendrada por el amor propio frustrado que lucha consigo mismo, es algo terriblemente poderoso. Es la fuerza del amor de sí mismo que se ha vuelto aborrecimiento de sí mismo, y que, al adorarse, adora el monstruo en que se consuma.

Es, pues, de importancia suprema que consintamos en vivir para otros y no para nosotros mismos. Cuando hagamos esto, podremos enfrentarnos a nuestras limitaciones y aceptarlas. Mientras nos adoremos en secreto, nuestras deficiencias seguirán torturándonos con una profanación ostensible. Pero si vivimos para otros, poco a poco descubriremos que nadie cree que somos "dioses".

 Comprenderemos que somos humanos, iguales a cualquiera, que tenemos las mismas debilidades y deficiencias, y que estas limitaciones nuestras desempeñan el papel más importante en nuestras vidas, pues por ellas tenemos necesidad de otros y los otros nos necesitan. 
No todos somos débiles en los mismos puntos; y por eso nos complementamos y nos suplementamos mutuamente, cada uno rellenando el vacío del otro"
.
Thomas Merton.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.