Seguidores

viernes, 16 de marzo de 2007

Thomas Merton y la Virgen (1): La Santidad por María.

Un elemento particularmente interesante para mí en la espiritualidad de Thomas Merton es su profunda devoción a María; interesante porque uno esperaría que en alguien con la sensibilidad artística, la visión contemplativa o la formación intelectual de este hombre, las devociones no tuvieran cabida. Pero no es así, y a lo largo de su obra escrita encontraremos muchos textos que manifiestan su amor a la Madre de Dios. Comenzamos aquí una nueva serie dedicada a presentar textos de TM dedicados a la Virgen; el primero de ellos está tomado de su autobiografía:

“Uno de los grandes defectos de mi vida espiritual durante el primer año fue la falta de devoción a la Madre de Dios. Creía en las verdades que la Iglesia nos enseña acerca de Nuestra Señora, y decía el Ave María cuando oraba, pero esto no era suficiente. Las personas no se dan cuenta del gran poder que tiene la Virgen bendita ni saben quién es ella: de sus manos recibimos todas las gracias porque Dios ha querido que ella participe en su trabajo para la salvación de la humanidad.
Para mí, en aquellos días, aunque creía en ella, Nuestra Señora significaba un poco más que un hermoso mito, pues en la práctica yo no le ponía más atención que la que se le presta a un símbolo o a un poema. Ella era la virgen que se veía a la entrada de las catedrales medievales. Ella era la que yo había visto en todas las estatuas del Museo de Cluny y cuyas pinturas decoraban las paredes de mi estudio en Oakham.
Sin embargo, ese no es el lugar que le pertenece a María en la vida de los seres humanos. Ella es la madre de Cristo, su madre en nuestra alma. Ella es la madre de la vida sobrenatural que llevamos dentro de nosotros. Nosotros logramos la santidad por su intercesión. Dios no quiere que sea de otra manera”.

Thomas Merton: “La Montaña de los Siete Círculos”.

La aventura cubana de Thomas Merton (VI). Correspondencia con poetas cubanos.


Correspondencia con Poetas Cubanos: Finalmente, la relación de Thomas Merton con Cuba se mantuvo a través de la correspondencia que sostuvo, por iniciativa del poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, con algunos poetas cubanos. Uno de ellos, el poeta y ensayista católico Cintio Vitier, publicó en la revista “Contracorriente”( abril/mayo/junio 1896)las cartas que recibió de Thomas Merton, cinco en total, entre los años 1962 y 1964, así como el poema “Glosa del pecado de Ixión”, a propósito de la llama da Crisis de Octubre. Resulta de interés para nuestra visión de la Cuba de Merton citar algunos párrafos de dicha correspondencia:

“La Habana será siempre una ciudad muy querida para mí, como lo es todo lo de Cuba. Ciertamente, en la Habana, me fue dado entender con claridad la realidad del misterio cristiano, por la gracia de Dios, y no puedo evitar creer en las profundas potencialidades cristianas de Cuba, y de toda Latinoamérica. Nunca podré olvidar las Iglesias de la Habana, o el santuario del Cobre” (60). (Carta: 1/agosto/63).

Supongo que en las cartas que Merton recibía desde Cuba, y a través de algunas noticias que recibiría, estaba al tanto de las tensiones que vivían los cubanos, y los creyentes, de unas u otras tendencias, en los primeros años de la revolución. En la misma carta citada anteriormente Merton nos deja, todavía para hoy, una verdadera reflexión para alcanzar la santidad en Cuba hoy:

“ No sientan que las dificultades en medio de las cuales laboran hacen menos significativas sus vidas. Al contrario, los cristianos vivimos en todas partes en una especie de destierro, y es necesario que todos comprendamos esto. El peligro mayor proviene de identificar la iglesia con un sistema económico y cultural próspero y sólido, como si Cristo y el mundo hubieran finalmente acordado ser amigos. La Iglesia necesita cristianos de pensamiento libre y original, con nuevas soluciones y dispuestos a correr riesgos”. Y luego, más adelante, añade: “Ustedes no tienen por qué sentir confusión o duda, sino abrir sus corazones al Espíritu Santo, y regocijarse de su libertad que nadie puede arrebatarles. Ningún poder en la tierra puede impedirles amar a Dios y unirse a é. Ni tampoco dependen de la devoción tradicional, puesto que el Señor está junto a ustedes, y vive en ustedes. Su evangelio no está viejo, ni olvidado; es nuevo, y está ahí para que lo mediten. Por su Gracia pueden aun recibir los sacramentos de la Iglesia y alegrarse de estar en el cuerpo de Cristo. Y tienen a sus hermanos cristianos y a toda Cuba para amar”.
Para mí, estas palabras de Thomas Merton son una especie de testamento que sella su relación con Cuba, con su gente, con sus devociones, con sus infinitas posibilidades cristianas, como él mismo reconociera. Leerlas una y otra vez nos permiten quedarnos con el eco interior de su compañía y su bendición sacerdotal, y llenar nuestro corazón de confianza, de esperanza y de paz. Este hombre, buscador incansable de Dios, de su soledad y su silencio, que se sintió en esta tierra como un príncipe, como un millonario espiritual, acogido, cuidado, y donde recibió una verdadera gracia que Cintio Vitier reconoce como “un suceso espiritual único en nuestra historia”, puede ser un maestro, un compañero de camino, para quienes anhelamos contemplar cara a cara el rostro de Dios

miércoles, 14 de marzo de 2007

Andar descalzos.


En TIEMPOS DE CELEBRACIÓN, mientras escribe acerca del miércoles de ceniza, Merton hace el siguiente comentario:

“En algunas comunidades monásticas, los monjes se acercan descalzos a recibir la ceniza. Andar descalzos es una cosa alegre. Es bueno sentir el suelo o la tierra bajo los pies. Es bueno que la iglesia entera esté callada, llena del rumor de hombres que andan sin zapatos. Uno se pregunta por qué llevamos cosas tales como los zapatos. La oración es mucho más significativa sin ellos. Sería bueno quitárselos en la iglesia siempre. Pero quizá eso le parecería fantástico a los que han olvidado tales satisfacciones elementales. Algunos se podrían resfriar sólo de pensarlo… así que volvamos a la liturgia”.

Veo acá el talante poético de Merton y su gran sentido del humor. Veo una llamada a la sencillez. Veo una imagen hermosa para hablar de la vida espiritual, de la persona que entra en el camino de la interioridad: gente que anda descalza, gente libre.

En estos días...

En estos días he vivido algunos eventos importantes a nivel personal e intento que formen parte de esta Cuaresma, que sean parte de mi experiencia cristiana, para de ese modo aprovecharlos en mi camino espiritual. De una parte he podido escuchar a dos personas muy especiales, que han venido a Cuba para compartir su experiencia en la vida religiosa. Uno de ellos es Timothy Ratcliff, dominico, y el otro Fabio Ciardi, oblato de María Inmaculada; escucharles en sendos encuentros organizados por la CONCUR ha sido, está siendo pues aun falta el encuentro de mañana, una oportunidad para reavivar la reflexión sobre la vida en comunidad y su vínculo con el resto de la Iglesia. Por acá pasa poca gente en general, y siempre es bueno aprovechar las oportunidades que aparecen. En esta ocasión los temas tratados han sido, primero, la vida religiosa y la misión, y segundo, una relectura del carisma de los fundadores desde la hermenéutica. Este último, todavía a mitad, me ha resultado muy provechoso y estimulante a nivel intelectual y espiritual. Me han entrado ganas de retomar a mis padres fundadores, Teresa y Juan, y volver a trabajar con sus escritos, así como iniciar una lectura comunitaria de algunos textos suyos. Aunque el tiempo no sobra trataré de compartir acá alguna cosa de lo que anotado y hacer más presente la espiritualidad del Carmelo en este blog.
Algunas noticias no han sido alegres: por un lado la muerte de una persona a la que tenía mucha estima, y de otra la noticia de la enfermedad de un gran amigo; ambas cosas me han hecho sentir un poco triste, pero también las hago parte del camino hacia la Pascua, las ofrezco, y miro la cruz, signo de vida del cristiano.

martes, 13 de marzo de 2007

30 de marzo, ayuno por la paz.

Me hago eco de una noticia leída esta mañana en ZENIT:

30 de marzo, oración y ayuno por la paz en el mundo
Llamamiento a congregaciones religiosas

ROMA, lunes, 12 marzo 2007 (ZENIT.org).- Se lanza un llamamiento general a religiosos y religiosas a participar en un día de oración y ayuno por la paz el próximo 30 de marzo. Es una iniciativa de la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la USG/UISG (Unión de Superiores Generales y Unión internacional de Superioras Generales). La invitación a la oración y al ayuno se orienta, específicamente, a rogar por el fin de la violencia y la guerra en Darfur (Sudán), Irak, Afganistán, Sri Lanka, norte de Uganda, Nepal, Colombia, Israel, Palestina, el Líbano y en todo punto del planeta donde el la discordia y la división. La convocatoria de la USG/UISG a las Congregaciones miembros propone palabras del Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz en 2002: «La oración por la paz no es un elemento que "viene después" del compromiso por la paz. Al contrario, está en el corazón mismo del esfuerzo por la edificación de una paz en el orden, en la justicia y en la libertad». «Orar por la paz significa abrir el corazón humano a la irrupción del poder renovador de Dios. Con la fuerza vivificante de su gracia, Dios puede abrir caminos a la paz allí donde parece que sólo hay obstáculos y obstrucciones; puede reforzar y ampliar la solidaridad de la familia humana, a pesar de prolongadas historias de divisiones y de luchas». «Orar por la paz significa orar por la justicia, por un adecuado ordenamiento de las Naciones y en las relaciones entre ellas. Quiere decir también rogar por la libertad, especialmente por la libertad religiosa, que es un derecho fundamental humano y civil de todo individuo». «Orar por la paz significa rogar para alcanzar el perdón de Dios y para crecer, al mismo tiempo, en la valentía que es necesaria en quien quiere, a su vez, perdonar las ofensas recibidas». Para los convocantes, reservar un día durante la Cuaresma para rezar simultáneamente, como miembros de las congregaciones religiosas, por la paz en la Tierra podría tener un efecto profundo en nuestro mundo. De antemano agradecen la adhesión a esta convocatoria y la invitación a otros que se quieran unir. La USG es la asociación de los superiores generales de Institutos masculinos. Asegura formación a los superiores generales y a la vez ofrece a los miembros numerosas ocasiones de diálogo, colaboración y apoyo mutuo. De forma similar, la Unión Internacional de Superioras Generales (http://www.uisg.org%20/) busca construir puentes, acortar distancias y crear mecanismos para que sus miembros puedan comunicarse en comunidad y en comunión. Es un organismo internacional aprobado canónicamente. Promueve igualmente el conocimiento de la vida religiosa.

lunes, 12 de marzo de 2007

La Aventura cubana de Thomas Merton(V). Cuba fue una aventura inolvidable.


El viaje de Thomas Merton a Cuba aparece recogido en las páginas de su Autobiografía (“La Montaña de los Siete Círculos”), utilizadas fundamentalmente para este trabajo, y en las páginas del Diario, que lamentablemente no hemos podido consultar en su totalidad. Sin embargo, con lo visto, podemos afirmar que indudablemente la visita y recorrido de este hombre por la Isla tuvo para él una honda repercusión espiritual, que no se limitó a su estancia acá, sino que en las paginas de sus diarios, en los años posteriores, encontramos constantes recuerdos y referencias que hablan de una impresión conservada y querida de nuestra tierra y de nuestra gente en este hombre de Dios. Lo mismo sucede con el amor que Merton siguió sintiendo por la Virgen del Cobre a quien, efectivamente, ofreció su primera misa. Como ejemplo de lo dicho anteriormente, citemos algunas anotaciones de su libro “El Signo de Jonás”, que recoge parte de su diario espiritual entre los años 1946 y 1952

Cuando Merton se prepara parta los ejercicios espirituales de su profesión Solemne, escribe: “El hermano ropero fue al desván y me bajó la maleta que traje al monasterio hace cinco años… Aún se ve nueva y reluciente; lleva pegada una etiqueta blanca y azul, del correo aéreo cubano, con la letra M encima”. (30).

El 14 de septiembre de 1947, Festividad del Santo Nombre de María, escribe: “He estado pensando en Nuestra Señora de la Soledad… de la que recuerdo la iglesia que tiene dedicada en Camaguey, Cuba”. (62)

El 20 de marzo de 1948 escribe: “Me siento como si me hallara en un Hotel de Cuba. El paisaje tiene una indefinible coloración entre verde, gris y amarilla, que semeja la de Cuba”. (91).

El 22 de abril de 1949, cercana su ordenación sacerdotal, anota en el diario: “Pienso mucho en Nuestra Señora del Cobre y en la súplica que hace tiempo le dirigí”. (162).

23 de mayo del mismo año: “Dentro de tres días, si vivo y si el Arzobispo no se sufre una caída y se rompe una pierna, seré sacerdote. Pienso sin cesar: Voy a cantar Misa, voy a cantar Misa. Y recuerdo a Nuestra Señora del cobre, cuya basílica visité hace nueve años en este mes de mayo. La Virgen se ha portado muy bien conmigo. Su amor me ha seguido hasta aquí y me conducirá hasta Dios”. (171)

Luego, unos días después, y rememorando la fiesta de su ordenación, anota: “El Viernes dije la Misa que había prometido a Nuestra Señora del Cobre”. (175).



Otro de los diarios publicados por Merton como libro es “Un Voto de Conversación”, que recoge acontecimiento sucedidos entre 1964 y 1965. Aquí hay también algunas referencias cubanas, que muestras además el marcado sentido del humor de Merton:

18 de julio de 1964: “Un exiliado cubano, que no habla inglés, está aquí para ser un hermano de la familia, pero no creo que le sea posible radicarse. Habla sobre Castro con furia” (94).

1 de septiembre de 1964: “Debí salir y conversar con el hermano cubano de la familia, que se volvió psicótico. Estaba gritando, rompiendo platos y aporreando la pared. Dijo que la ira de Dios caía sobre este lugar porque era demasiado rico… Supongo que las largas horas de trabajo, dejado a solas, junto con su incapacidad para hablar inglés y sus intensas meditaciones sobre las amenazas y las promesas de Nuestra Señora de Fátima, sobre el Apocalipsis y sobre Castro, finalmente lo quebraron. Trató de demostrarme cómo en números romanos, el número apocalíptico 666 deletreaba el nombre de Fidel Castro, pero yo no lograba ver tal cosa. Hoy se va, e irá a un lugar donde hay otros cubanos.”

Este cubano, que intentó ser hermano en el monasterio de Merton es nombrado en otro momento con el nombre de José.

En otro de los diarios publicados póstumamente, “Diario de Asia”, de Thomas Merton, encontré la siguiente anotación, el día 17 de octubre de 1968, en Bangkok: “Rostros fascistas de los encargados del pasaporte, una fila de seis oficiales de uniforme para poner un sello al pasaporte, caras como la de los oficiales en la Cuba de Batista, y los mismos uniformes pálidos”. (Pag.45).

Estas anotaciones, que no pretenden ser exhaustivas, tienen la intensión de que nos demos cuenta como el recuerdo de su viaje a Cuba estuvo presente en Merton hasta el año mismo de su muerte, mientras viajaba por el continente asiático.

En busca del pozo.


“Era el octavo día de la avería en el desierto y había escuchado la historia del vendedor, bebiendo la última gota de mi provisión de agua:
-¡Ah!-dije al pequeño príncipe- ¡Son muy bellos tus recuerdos, pero todavía no he reparado mi avión y ya no tengo qué beber, y me sentiría feliz, yo también, si pudiera ir muy dulcemente hacia una fuente!
Pero él seguía hablando de la zorra y la amistad. Y yo pensé: “no mide el peligro”.
Pero me miró y respondió a mi pensamiento:
-Yo también tengo sed…Busquemos un pozo.
-Entonces ¿Tú también tienes sed?
No respondió a mi pregunta. Solamente me dijo:
-El agua también puede ser buena para el corazón….
Y siguió después:
-El desierto es bello.
Y era verdad. Siempre amé el desierto. Uno puede sentarse sobre una duna de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo resplandece en silencio.
- Lo que embellece el desierto –dijo el pequeño príncipe- es que esconde un pozo en cualquier parte.
Me sorprendí al comprender de pronto el misterioso resplandor de la arena.
-¡Sí!- dije- ya se trate de la casa, las estrellas o el desierto, lo que los embellece es invisible.
Como el pequeño príncipe se durmió, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Estaba emocionado. Me parecía llevar un frágil tesoro… y me dije: Lo que veo aquí no es más que apariencia, lo más importante es invisible. Y caminando así, descubrí el pozo al clarear el día.

El pozo al que llegamos no se parecía en nada a los pozos del Sahara. Los pozos del Sahara son simples agujeros cavados en la arena. Este parecía un pozo de pueblo. Pero allí no había pueblo alguno, y yo creía soñar. Es extraño –dijo el pequeño príncipe- todo está preparado: la roldana, el cubo y la soga… Y rió. Tocó la soga, e hizo girar la roldana. Y la roldana gimió como gime una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho tiempo.
-¿Oyes? –Dijo el pequeño príncipe- hemos despertado este pozo y él canta…
Lentamente levanté el cubo hasta el brocal. Lo puse en firme. En mis oídos seguía el canto de la roldana y en el agua que temblaba todavía vi estremecerse el sol.
- Tengo sed de esta agua –dijo el pequeño príncipe- dame de beber.
- Y comprendí lo que él había estado buscando.
Levanté el cubo hasta sus labios. Todo era dulce como una fiesta. Esta agua era mucho más que un alimento. Había nacido de la marcha bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era buena para el corazón como una dádiva.
- Los hombres de tu tierra no encuentran lo que buscan – dijo el pequeño príncipe- Es que los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón”.

sábado, 10 de marzo de 2007

El Árbol inútil. Un poema de Thomas Merton.


Hui tzu le dijo a Chuang:
"Tengo un árbol grande,
de los que llaman árboles apestosos.
El tronco está tán retorcido,
tan lleno de nudos,
que nadie podría obtener una tabla derecha
de su madera. Las ramas están tan retorcidas
que no se pueden cortar en forma alguna
que tenga sentido.

Ahí está junto al camino.
Ni un solo carpintero se dignaría siquiera
mirarlo.

Iguales son tus enseñanzas,
grandes e inútiles."

Chuang Tzu replicó:
"Has observado alguna vez al gato salvaje?
Agazapado, vigilando a su presa,
salta en ésta y aquella dirección,
arriba y abajo, y finalmente
aterriza en la trampa.

Pero ¿has visto al yak?
Enorme como una nube de tormenta,
firme en su poderío.
¿Qué es grande? Desde luego.
¡No puede cazar ratones!

Igual ocurre con tu gran árbol.¿Inútil?
Entonces plántalo en las tierras áridas.
En solitario.
Pasea apaciblemente por debajo,
descansa bajo su sombra;
ningún hacha ni decreto preparan su fin.
Nadie lo cortará jamás.

¿Inútil? ¡Eres tú el que debería preocuparse!"

SOBRE LA LECTURA DE LA BIBLIA (Benedicto XVI).

"Sin duda alguna, la Biblia, en su integridad, es algo grandioso y que hay que descubrir poco a poco. Porque si la consideramos sólo parcialmente, a menudo puede resultar difícil comprender que se trata de la palabra de Dios: por ejemplo, en ciertas partes de los libros de los Reyes, con las crónicas, con el exterminio de los pueblos existentes en Tierra Santa. Muchas otras cosas son difíciles. Precisamente también el Qohélet puede ser aislado y puede resultar muy difícil: justamente parece teorizar la desesperación, porque nada permanece y porque también el sabio al final muere junto con los necios. Acabamos de leerlo ahora en el Breviario. Un primer punto me parece precisamente leer la Sagrada Escritura en su unidad e integridad. Cada parte forma parte de un camino, y sólo viéndolas en su integridad, como un camino único, donde una parte explica la otra, podemos comprender esto. Detengámonos, por ejemplo, con el Qohélet. En otro tiempo estaba la palabra de la sabiduría, según la cual quien es bueno vive también bien, es decir, Dios premia a quien es bueno. Y después viene Job y se ve que no es así, y precisamente quien vive bien sufre más. Parece verdaderamente olvidado por Dios. Siguen los Salmos de aquel período, donde se dice: ¿qué hace Dios? Los ateos, los soberbios viven bien, están gordos, se alimentan bien, se ríen de nosotros y dicen: ¿dónde está Dios? No se interesa por nosotros, y nosotros hemos sido vendidos como ovejas de matadero ¿Qué haces con nosotros? ¿Por qué es así? Llega el momento en que el Qohélet dice: pero toda esta sabiduría, al final, ¿dónde permanece? Es un libro casi existencialista, en el que se afirma: todo es vano. Este primer camino no pierde su valor, sino que se abre a la nueva perspectiva que, al final, conduce hacia la cruz de Cristo, "el Santo de Dios", como dice san Pedro en el capítulo sexto del evangelio de san Juan. Termina con la cruz. Y precisamente así se demuestra la sabiduría de Dios, que luego nos describirá san Pablo. Y, por tanto, sólo si consideramos todo como un único camino, paso a paso, y aprendemos a leer la Escritura en su unidad, podemos también realmente acceder a la belleza y a la riqueza de la Sagrada Escritura. Por consiguiente, leer todo, pero siempre teniendo presente la totalidad de la Sagrada Escritura, donde una parte explica la otra, un paso del camino explica el otro. La exégesis moderna puede ser de gran ayuda en lo que respecta a este punto. Consideremos, por ejemplo, el libro de Isaías, cuando los exegetas descubrieron que a partir del capítulo 40 el autor es otro, el Deutero-Isaías, como se dijo en aquel tiempo. Para la teología católica fue un momento de gran terror. Alguno pensó que así se destruía Isaías y, al final, en el capítulo 53, la visión del Siervo de Dios ya no era del Isaías que había vivido casi 800 años antes de Cristo. ¿Qué hacemos?, se preguntaron. Ahora hemos comprendido que todo el libro es un camino de relecturas siempre nuevas, donde se entra cada vez con más profundidad en el misterio propuesto al inicio y se abre cada vez más plenamente cuanto estaba inicialmente presente, pero aún cerrado. En un libro podemos comprender precisamente todo el camino de la Sagrada Escritura: se trata de una relectura permanente, un volver a comprender cuanto se ha dicho antes. La luz se va encendiendo lentamente y el cristiano puede comprender cuanto el Señor ha dicho a los discípulos de Emaús, explicándoles que todos los profetas habían hablado de él. El Señor nos abre la última relectura: Cristo es la clave de todo, y sólo uniéndose en el camino a los discípulos de Emaús, sólo caminando con Cristo, releyendo todo en su luz, con él crucificado y resucitado, entramos en la riqueza y en la belleza de la Sagrada Escritura. Por esta razón, diría que el punto importante es no fragmentar la Sagrada Escritura. Precisamente la crítica moderna, como vemos ahora, nos ha hecho comprender que es un camino permanente. Y también podemos ver que es un camino que tiene una dirección y que Cristo es el punto de llegada. Comenzando desde Cristo podemos reanudar el camino y entrar en la profundidad de la Palabra. Resumiendo, diría que la lectura de la Sagrada Escritura debe ser siempre una lectura a la luz de Cristo. Sólo así podemos leer y comprender, incluso en nuestro contexto actual, la Sagrada Escritura y obtener realmente de ella la luz. Debemos comprender esto: la Sagrada Escritura es un camino con una dirección. Quien conoce el punto de llegada también puede dar, ahora de nuevo, todos los pasos y aprender así, de modo más profundo, el misterio de Cristo. Comprendiendo esto, también hemos comprendido el carácter eclesial de la Sagrada Escritura, porque estos caminos, estos pasos del camino, son pasos de un pueblo. Es el pueblo de Dios que va adelante. El verdadero propietario de la Palabra es siempre el pueblo de Dios, guiado por el Espíritu Santo, y la inspiración es un proceso complejo: el Espíritu Santo guía adelante, y el pueblo recibe. Es, pues, el camino de un pueblo, del pueblo de Dios. La sagrada Escritura hay que leerla bien. Pero esto sólo puede hacerse si caminamos dentro de este sujeto que es el pueblo de Dios que vive, que es renovado y fundado de nuevo por Cristo, pero que conserva siempre su identidad. Por consiguiente, diría que hay tres dimensiones relacionadas y compenetradas entre sí: la dimensión histórica, la dimensión cristológica y la dimensión eclesiológica —del pueblo en camino—. En una lectura completa las tres dimensiones están presentes. Por eso, la liturgia —la lectura común y orante del pueblo de Dios— sigue siendo el lugar privilegiado para la comprensión de la Palabra, porque precisamente aquí la lectura se convierte en oración y se une a la oración de Cristo en la Plegaria eucarística. Quisiera añadir aún una cosa, que han subrayado todos los Padres de la Iglesia. Pienso, sobre todo, en un bellísimo texto de san Efrén y en otro de san Agustín, en los que se dice: si has comprendido poco, acepta, no pienses que has comprendido todo. La Palabra sigue siendo siempre mucho más grande de lo que has podido comprender. Y esto hay que decirlo ahora de modo crítico ante una cierta parte de la exégesis moderna, que piensa que ha comprendido todo y que por eso, después de la interpretación elaborada por ella, ya no se puede decir nada más. Esto no es verdad. La Palabra es siempre más grande que la exégesis de los Padres y que la exégesis crítica, porque también esta comprende sólo una parte, diría, más bien, una parte mínima. La Palabra es siempre más grande, este es nuestro gran consuelo. Y, por una parte, es hermoso saber que hemos comprendido solamente un poco. Es hermoso saber que existe aún un tesoro inagotable y que cada nueva generación redescubrirá nuevos tesoros e irá adelante con la grandeza de la palabra de Dios, que va siempre delante de nosotros, nos guía y es siempre más grande. Con esta certeza se debe leer la Escritura. San Agustín dijo: beben de la fuente la liebre y el asno. El asno bebe más, pero cada uno bebe según su capacidad. Sea que seamos liebres, sea que seamos asnos, estemos agradecidos porque el Señor nos permite beber de su agua".

Benedicto XVI

jueves, 8 de marzo de 2007

La espiritualidad y la oración.




La Palabra ESPIRITUALIDAD, refiere, en el sentido cristiano, a la vida guiada por el Espíritu Santo, y está vinculada a momentos diversos de la historia de la salvación, a la historia de la Iglesia o de los diversos estados de vida cristiana, o también a los muchos maestros o escuelas que han seguido a Cristo en la vivencia de particulares carismas. ESPIRITUALIDAD, del sustantivo “espíritu”, se opone a la “carne”, pero no al CUERPO, y es para San Pablo todo lo ordenado y guiado por el espíritu de Dios. Cuando hablamos acá de espiritualidad nos referimos preferentemente a la CALIDAD DE VIDA DE UNA PERSONA O DE UN GRUPO QUE VIVE UN IDEAL RELIGIOSO.
Procurar una vida espiritual supone por tanto llenar la vida entera con la presencia de Cristo, dejarnos conducir por su Espíritu, tener como vocación la santidad, y ser en la parcela del mundo en la que Dios nos ha sembrado Luz y sal y levadura y evangelio. Es esa invitación de Jesús a los suyos: “Estar en el mundo sin ser del mundo” la que resume el modo de hablar del Maestro sobre la vida espiritual. Para llevar una vida espiritual no hay que dejar la familia, renunciar a nuestro trabajo, o retirarnos de las actividades sociales o políticas, o dejar de interesarnos por la literatura, el arte o la música, y tampoco exige la práctica de formas ascéticas severas o de largas horas de oración. (Sólo algunos en la Iglesia buscan a Cristo de esta manera, en una vocación particular). La vida espiritual es una vida en la que somos transformados totalmente por el Espíritu del amor. Aparentemente todo sigue igual, pero realmente todo cambia a partir de ese momento.
Y es aquí entonces donde aparece la ORACIÓN. Espiritualidad o vida espiritual y oración están íntimamente vinculadas, no pueden estar una sin la otra, son parte de una misma realidad. Para algunos, quizá para muchos, cuando se habla de ORACIÓN, vienen a la mente imágenes incompatibles con una vida de familia o de trabajo, una vida en medio del mundo. Pero esto no es así, y de hecho podemos afirmar sin temor a equivocarnos que TODO ES ORACIÓN, si añadimos la frase paulina “para los que aman a Dios”. Quiere esto decir que cultivar la constante presencia de Dios en nuestra vida es una manera de orar y así desarrollar en nosotros una intensa vida espiritual. Un carmelita francés, el Hno Lorenzo de la Resurrección, afirmaba: Dios es un hábito del corazón, Dios está dentro de ti, Dios siempre te sorprende, y tenía la certeza de que “donde sea que esté, Dios también está allí”. En fin, cada uno debe encontrar la oración más personal, la que más se adecua a su modo de ser y a sus circunstancias únicas e irrepetibles, pero ha de procurarse siempre que esa oración brote del corazón, de lo más hondo de la persona; es la certeza de su autenticidad.
Permítanme añadir algo más. Espiritualidad o vida espiritual y oración están a su vez vinculadas con dos condiciones: el SILENCIO y la SOLEDAD. Vuelvo a lo que decía en el párrafo anterior: esto no significa que debamos aislarnos de los demás, o que en medio del agobio y el ruido de nuestra vida cotidiana no podamos encontrar a Dios o vivir cerca de Él. Es importante crear un oasis en medio de nuestra vida para nosotros y para Dios. Importante encontrar momentos y lugares para callar y escuchar, para experimentar la conversión, para liberarnos de las cargas inútiles, para no ser víctimas de la sociedad o de nuestro falso yo. Henri Nouwen dijo: “La soledad es el horno de la trasformación”. El cristiano ha de ser capaz de construir su propio desierto, al que podamos acudir guiados por el Espíritu, y en donde nos dejemos configurar por Cristo, según su propia imagen.
Silencio y soledad no están opuestos a la COMUNIDAD, todo lo contrario. La soledad es esencial para la vida en comunidad, porque no sabe estar con los otros quien no sabe estar solo. Y el poder de la palabra, del mensaje, se descubre únicamente desde el silencio; es del silencio de donde brota la Palabra.
Como ves, hablar de espiritualidad es hablar de un camino de crecimiento y trasformación interior. El ser humano siempre está en proceso, no está nunca acabado. Esto vale en el sentido biológico o psicológico, pero sobre todo es fundamental en el camino espiritual. El cristiano ha de procurar siempre adentrarse en el misterio de Cristo, cultivar la amistad con Dios, y aprovechar los recursos que le ofrece la iglesia para, guiado por el Espíritu, descubrir el rostro de su Señor Resucitado en medio de la historia humana. De ahí la insistencia con que nuestros pastores nos convocan a cultivar una espiritualidad, a ahondar en nuestro conocimiento de Cristo, a tener una vida de oración; a menudo constatamos que muchos hermanos nuestros en la fe no aprovechan la riqueza enorme de la tradición espiritual católica, mientras andan buscando desesperadamente en otras tradiciones un poco de agua que calme su sed interior.
Me atrevo a dejarte unas PROPUESTAS para que pienses y tomes decisiones importantes para tu vida cristiana. Léelas detenidamente y saca de ellas propósitos firmes para tu desarrollo espiritual.
1- La vida cristiana es un camino que nos conduce a la plena comunión con Dios; es crecimiento interior, identidad con Cristo. No te conformes con lo mínimo, no aceptes la mediocridad en tu vida espiritual.
2- Descubre el Valor de la Sagrada Escritura. La lectura cotidiana y meditada de la Palabra de Dios es alimento necesario para poder adentrarse en los caminos del Espíritu.
3- Recibe a María en tu vida, como madre, como hermana, y como maestra también de tu vida espiritual. El rezo del Rosario puede convertirse en la llave que abra tu vida interior a la experiencia contemplativa.
4- Acércate a los Santos también, a esa pléyade de testigos que a lo largo de los siglos han vivido la fe en las más disímiles circunstancias; ellos pueden hacerte descubrir la belleza del camino que sigues, la alegría que nace del encuentro con el evangelio, el sentido de una vida dedicada a Cristo.
5- Procura, cada día, un momento de soledad y de silencio, ya sea en tu propio hogar, o en un lugar donde consigas recogerte por un rato, mientras agradeces a Dios la luz de cada jornada, luz interior digo, confianza.
6- Ama tu comunidad cristiana, gózate de tu pertenencia a la Iglesia, ora por los que en ella trabajan por el Evangelio. La Eucaristía es el centro de una vida que quiere ser guiada por el Espíritu, en ella encuentra alimento tu deseo de santidad.
Santa Teresa de Jesús escribió acertadamente en el Libro de su Vida: “A mi parecer no es otra cosa oración sino tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”. Los protagonistas de esta historia son dos: Dios, que se da a sí mismo, y el ser humano, que le responde. Llamada y respuesta de AMOR. La invitación de nuestros obispos a cultivar la ESPIRITUALIDAD no es una tarea más: es otra llamada de Dios a la VIDA

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.