Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.
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martes, 4 de octubre de 2011
COMENZAR A VIVIR
“Vivir es el ajuste constante del pensamiento a la vida y de la vida al pensamiento, de modo tal que siempre estamos creciendo, siempre experimentamos cosas nuevas en lo viejo y cosas viejas en lo nuevo. Por eso la vida siempre es nueva”. (Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 24, Lumen)
“Diferencia entre una vocación y una categoría. Aquellos que realizan su vocación de santidad, o que la están realizando, son por ese mismo hecho inclasificables. No calzan en categorías. Si se usa una categoría para hablar sobre ellos resulta preciso calificar la aseveración de inmediato, como si ella perteneciera a alguna categoría absolutamente distinta. En el hecho real, no poseen categoría, son particularmente ellos mismo, por esto a los ojos de los hombres no se los considera como merecedores de gran amor y respeto porque su individualidad es un signo de que son enormemente amados por Dios y que sólo Él conoce su secreto, que es demasiado precioso para ser revelado a los hombres”. (Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 60, Lumen)
“Un hombre sabe que ha encontrado su vocación en el momento en que cesa de pensar cómo vivir y comienza a vivir”.
(Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 73, Lumen)
SANTIDAD, NUEVOS DESAFÍOS
1. Nuevas coordenadas: Por eso es tan importante hoy el testimonio de hombres y mujeres creyentes que “hablen” en los acontecimientos concretos de su experiencia vital. El ser humano de estos tiempos, más libre y más osado, asume la invitación a ser santos desde nuevas coordenadas; una buena parte de los cristianos no quiere renunciar a la santidad como meta de su vida de fe, pero al mismo tiempo quiere acceder a esta desde nuevos presupuestos . Desde el pasado siglo muchos hombres y mujeres han puesto sus ojos en algunas figuras espirituales que, estando o no canonizadas, eran testigos de una búsqueda diferente a los patrones habituales y hagiográficos, pero no menos auténticos, de alcanzar la plenitud en Dios. Y la irradiación de estos hombres y mujeres ha iluminado muchos corazones, incluso más allá de las fronteras de la Iglesia. De hecho muchos teólogos y pensadores se han acercado al tema de una manera nueva, actualizando así las motivaciones de los cristianos para buscar la santidad, sin renunciar por ello a los aspectos esenciales que han acompañado esta búsqueda desde el tiempo de los apóstoles .
2. Nueva Teología: Nuestro tiempo es menos racional y está más imbuido en los sentimientos, por eso es más sensible a otro modo de comunicar; se fía menos de lo especulativo, y da más valor a la experiencia concreta. Se intenta recuperar lo que se ha llamado “teología narrativa”, más cercana para muchos al modelo de los evangelios, en la que se revalorizan las vivencias concretas de fe de hombres y mujeres que han seguido a Cristo en lugares y tiempos particulares. El hombre es un “homo viator”, y estar siempre en camino es una experiencia fundamental de nuestra existencia; por eso se intenta hacer confluir teología y vida, teología y espiritualidad , y entre los que el pasado siglo abrieron camino en este sentido están Romano Guardini, Karl Rahner y Von Balthasar . El primero anunciaba la llegada de “santos de este tiempo”, capaces de encarnar las aspiraciones de las nuevas generaciones, y en un estilo más sobrio, insertos en lo cotidiano; los otros insisten en el rostro humano de Dios y su belleza en modelos concretos, de ayer y de hoy .
Es evidente que los modelos particulares de santidad no pueden abarcar la totalidad del misterio de Dios, no son absolutos en ninguna medida, pero son caminos válidos, y más aun, necesarios para llevarnos a desear y sentir esa presencia misteriosa en nuestra vida personal, en la Iglesia y en el mundo. Por eso ha de prestar la teología siempre atención a la biografía de estos hombres y mujeres que, en las más diversas circunstancias de nuestro tiempo, han querido vivir el seguimiento de Cristo, ya sea por los caminos tradicionales de la Iglesia o por nuevos caminos, en los que descubrimos nuevas formas de vivir el evangelio. Estos modelos, es importante señalarlo, viven su búsqueda de santidad, su camino hacia la plenitud en Cristo, en lugares y tiempos concretos. La temporalidad es una dimensión esencial de la santidad, y el presente aparece bajo una nueva luz; no como tiempo que se pierde, sino que se gana, que puede incluso recuperarse. El tiempo humano es santificable y santificador al mismo tiempo; la historia humana se hace historia de salvación, y la cotidianidad una dimensión imprescindible de la progresiva santificación de la existencia.
3. ¿Una santidad nueva?: ¿Es “nueva” esta comprensión de “santidad” que se nos propone? ¿Es una santidad auténtica, cristiana, eclesial? La novedad de esta santidad no está en que sea nueva ella misma, diferente de la que siempre ha propuesto la Iglesia, sino tal vez en que hoy tendríamos que poner la atención en otros aspectos del modelo, o en la forma en lo presentamos, o caer en la cuenta de que el mensaje tiene nuevos destinatarios. La urgencia con que nuestro mundo está necesitando testigos nos obliga a encontrar nuevas formas de presentar la santidad cristiana, nos obliga a presentar modelos que hablen desde experiencias diversas, nos invita a tener en cuenta esos modelos que, sin haber sido aun reconocidos por la Iglesia, están hoy dialogando con el mundo sobre el seguimiento de Cristo .
4. Modelos de santidad: El discurso teológico se vale siempre de modelos, porque ellos, a través de imágenes y analogías, nos permiten acceder al misterio de Dios. A lo largo de la historia del cristianismo esos “modelos”, inspirados en el Modelo Original, que es Cristo, han ido variando, insistiendo en uno u otro aspecto de Jesús y su mensaje, y no siempre interpretando equilibradamente el modelo original. Hay diversos modos de acercamiento y comprensión de la santidad en la historia del cristianismo: a través de estas comprensiones, siempre parciales de la santidad, que a la vez son complementarias, podemos acceder mejor a la totalidad del ideal, y al mismo tiempo entender la dificultad y ambigüedad del asunto que nos ocupa.
Todo lo anterior nos invita a pensar que la santidad puede y debe hacerse más cercana, comprensible y creíble hoy ante los ojos de los cristianos y ante el mundo en ejemplos concretos de hombres y mujeres que durante su vida hicieron de la santidad un propósito constante y real. Si hemos visto que la vida cristiana, como toda vida auténtica, es crecimiento, y que nuestro propio origen y vocación en Dios invitan al seguimiento de Cristo y al discipulado, entonces no es posible pararse, conformarse, aceptar lo mediocre, sino que debemos trabajar por presentar la llamada a la santidad y plenitud de la vida cristiana, y hacerlo de tal modo que nuestra mensaje llegue al ser humano de nuestro tiempo. El indagar en la experiencia de hombres y mujeres concretos, en sus propias búsquedas espirituales, resulta estimulante y nos ayudará para hacer nuestras propias búsquedas, recorrer nuestro propio camino como cristianos, y descubrir algunas claves para buscar y vivir la santidad a la que estamos llamados concretamente hoy en la Iglesia y el Mundo .
Notas:
R. ELLSBERG, Todos los santos. Reflexiones diarias sobre santos, profetas y testigos de nuestro tiempo, México D.F., Lumen, 2001, 402.
Ob. Cit., 24. También, C.P. THOMPSON, Canciones en la noche. Estudio sobre San Juan de la Cruz, Madrid, Trotta, 2002, 46: “Tanto si somos creyentes cristianos o no, preferimos santos humanos y terrenos; el culto barroco a la santidad, con sus milagros y su énfasis macabro en las reliquias, despierta rechazo entre nosotros”.
Como ejemplo sencillo de esos intentos está el libro citado en la nota 36, del que apunta un comentario en la web: “expande nuestra visión de la santidad y nos llama a explorar nuestras propia manera de ser santos”. Este libro intenta, según su autor, explorar una serie de vidas que exceden el canon oficial de los santos con el propósito de ampliar la comprensión de la santidad.
“La desconexión entre la teología de las clases y la santidad real ha causado más daño a la Iglesia que todos los cismas”. S. CASTRO, “Teología de la maduración espiritual”, en: Rev. de Espiritualidad, año 38 (1980), P. 670.
S. DE FIORES, T.GOFFI, A. Guerra (dir), Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Madrid, San Pablo, 2000. Voz: Modelos espirituales, 1281- 1316.
M. SCHNEIDER, Teología como biografía, Bilbao, Desclée de Brower, 2000, 97 p. Texto de mucho interés para fundamentar una nueva visión de la santidad, a partir de una teología más vinculada con la realidad; recuperación del concepto “experiencia” para la teología. También: WEINRICH, H., “Teología narrativa”, en Concilium IX/85(1973), 210-221; METZ, J.B., “Teología como biografía”, en Concilium XII/115 (1976), 209-218;
“El hombre actual, en medio del materialismo y del racionalismo escéptico, no deja de apreciar en el fondo la ejemplaridad religiosa concreta. No la imitará literalmente. Pero advierte que en esos hombres hay una realidad que no deja de interpelar y de invitar. Los tiene que ver reales, humanos, comprometidos con lo humano y, sin embargo, en esto mismo llamando con una luz indefinible a otra dimensión.” L. ARÓSTEGUI, Ob. Cit., 212.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
CUBA Y MI VOCACIÓN
Por esta razón, porque no concibo mi camino cristiano, mi consagración y mi servicio ministerial, al margen de la Iglesia cubana y de esta gente con la que comparto suerte, me fue imposible aceptar el nuevo destino, República Dominicana, que habían decidido los superiores locales del Carmelo. Ninguna institución o estructura puede ignorar lo que hay de particular en cada uno de sus miembros, el equilibrio entre los intereses de la comunidad y la singularidad de cada uno de sus miembros es fundamental, o de lo contrario acabaríamos siendo parte de un organismo monstruoso, manipulador y garante de intereses anónimos. Lo adecuado sería armonizar y no contraponer los intereses individuales con los intereses de la comunidad, y así ganarían ambos.
Yo descubrí mi vocación en Cuba, y quise ser parte del Carmelo que en esta Iglesia y esta tierra peregrinan; no hice votos de servir en otra iglesia ni otra tierra, y no se me puede imponer hacerlo; mi fidelidad al Evangelio está íntimamente ligada a mi fidelidad a la gente de esta sufrida tierra, más que a una estructura, al parecer incapaz de entender lo que supone abandonar el país mientras este no goce de los derechos plenos a salir y entrar libremente. No estoy atado a la tierra que ahora piso, pero en este momento creo que debo permanecer en ella, incluso si ello supone abandonar la familia religiosa en la que he crecido espiritualmente.
He querido compartirles algo de lo que vivo actualmente en algunas entradas recientes, tal vez no con la claridad que deseo, pero es así como puedo expresarlo ahora, aun estoy en proceso, buscando, esperando; por el momento, si encuentro el apoyo que espero del obispo diocesano, voy a permanecer en Cuba, ejerciendo el sacerdocio ministerial. Tengo la certeza espiritual de que mi etapa como carmelita descalzo llegó a su final, no me identifico con lo que he veo hoy en esta familia, y no es raro que los hijos tengan que abandonar la casa paterna para alcanzar nuevas cuotas de madurez y libertad interior.
Cuando miro atrás digo: ¡Gracias!, y echando la mochila al hombro, pongo la mirada en el horizonte, y confío.
EL SILENCIO, LA OSCURIDAD, LA RESTA...
LA FELICIDAD
“Mira dentro de ti, entiende que existe un generoso reino de felicidad autosuficiente. Tú no lo habías encontrado antes dentro de ti, porque tu atención estaba volcada hacia las cosas en que crees, o hacia tus ilusiones con respecto al mundo.
Necesidades emocionales para conseguir la felicidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser realmente feliz, sin agarraderas ni deseos, puesto que tienes en ti todos los elementos para ser feliz.
Pon tu felicidad en la vida y te darás cuenta de que, cuando quedas libre, es cuando eres capaz de amar.
Alimenta este valiente sentimiento. Tú alcanzaste la felicidad. ¿Consigues sentirla?
"La felicidad no está en lo que yo poseo sino en lo que soy". Tu yo es el que necesita ser. ¿Puedes verlo? Esta es la fe verdadera.
La felicidad y el amor van juntos pero no producen emociones, ni excitación, porque esto es enemigo de la felicidad. Tampoco producen aburrimiento, porque la felicidad nunca harta cuando es, de verdad, felicidad.
La felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. Si deseamos ser felices, podemos serlo inmediatamente, porque la felicidad está en el momento presente. Aun así, si deseamos ser más felices de lo que somos, o más felices que los otros, tenemos los atributos de una persona infeliz, porque las felicidades no se pueden comparar. Ese tipo de deseo es insaciable. Podemos ser tan felices como lo somos, y no podemos nunca medir cuán felices son los otros.
Abrir bien los ojos para ver que la infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad.
La felicidad no tiene causa. Cuando nada pueda herirte, ninguna persona, ningún acontecimiento, nada, entonces serás feliz.
¿Qué hacer para ser feliz? ¡Nada! No se hace nada. Es necesario desprenderse de las cosas. De la ilusión. De las ideas erróneas.
Nuestra felicidad o infelicidad dependen más de la manera por la cual percibimos y nos enfrentamos con los acontecimientos, que de la propia naturaleza de éstos. Si no te está gustando tu vida, hay algo radicalmente erróneo en ti.
Todos somos necesarios. El valor para tener en cuenta es ser feliz y buscar tu sitio en la vida.
Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido”.
Anthony de Mello.
viernes, 23 de septiembre de 2011
COMUNIDAD Y PERTENENCIA
Ahora, sin embargo, ha llegado el momento de salir del Carmelo. Es, indudablemente, una decisión difícil y dolorosa; en los últimos tiempos el Carmelo que yo conocí dejó de existir, aquel en el que yo me sentía como en casa, ya no está. Y viví acontecimientos que me hicieron entender, luego de mucho discernir y leer los signos del presente, que era hora de decir adiós y emprender un nuevo viaje. Aun no puedo ver lo que está por llegar, pero como he vivido otros momentos parecidos a lo largo de mi existencia, tengo la confianza de que el horizonte se aclarará y volveré a encontrar mi lugar.
No vivo una crisis de fe, ser de Cristo me ha enseñado a ser más plenamente la persona que soy, y a eso no renunciaré; tampoco es una crisis “sacerdotal” en el sentido en que concibo y vivo mi sacerdocio; creo que se trata de una “crisis de comunidad”. He sido siempre un defensor acérrimo del papel que juega una comunidad espiritual en el crecimiento personal, y como debo tanto a la iglesia en la que he hecho mi camino espiritual nunca podré renegar de ella. A la Iglesia Católica la puedo criticar, pero siempre la voy a amar entrañablemente, más allá de sus limitaciones. Puede ser providencial esta crisis, a punto de cumplir yo el medio siglo de vida, para ahondar en lo que significa eclesialidad, comunidad y pertenencia; así lo vivo, y creo que cuando este momento particular haya pasado tendré un poco más de sabiduría para compartir. No faltarán momentos de dolor e incertidumbre, pero tampoco ha faltado ni faltará la esperanza; soy un discípulo dispuesto a aprender, arriesgándolo todo.
MEMORIA EN SEPTIEMBRE
Ayer, 21 de septiembre, fue aniversario de la muerte de Henri Nouwen: no le conocí personalmente, pero es igual, pues sus libros me han acompañado a lo largo de muchos años, y conozco casi todos los detalles importantes de su vida; a menudo pienso en Henri, en su vida y sus luchas personales, en lo que han significado para mi propia búsqueda personal, y en la verdad importantísima que me enseñó y me sigue recordando día tras día.
Luego hay nombres que evocan un momento particular de mi historia vital: Héctor, Juan Pablo, Yobel, José Enrique, Frank, Ángel; amigos que están o que estuvieron, que ofrecieron su mano o compartieron un tramo del camino; algunos luego desaparecieron, no he vuelto a saber de ellos, otros llaman cada cierto tiempo para dejar constancia de un afecto que no pasa. A pesar de todo y todos, la amistad es un regalo valiosísimo que enriquece y ennoblece lo que somos.
Y luego, están los que nos precedieron, en los que también se esconde parte del misterio de lo que somos: mis dos abuelas, Mary y Nena, y mi abuelo Francisco, al que todos llamábamos “Chicho”. En los últimos años he sentido la necesidad de saber más sobre ellos, sobre su vida, sus deseos, sus dudas, pero se hace difícil; presiento que si les hubiera conocido mejor, entendería mejor mis propios misterios.
Un 8 de septiembre de 1990 comencé el noviciado en el convento de los PP. Carmelitas Descalzos en la Habana, y un 11 de septiembre de 1995 recibí la ordenación sacerdotal en la Catedral habanera; el 17 de septiembre de 1998 llegué por primera vez a España para vivir durante un año en la ciudad de Ávila, conociendo en profundidad a Teresa y a Juan de la Cruz; y también un 14 de septiembre del 2004 comencé a trabajar en l parroquia de Santa Cruz del Norte, labor que desempeñé durante un año. Septiembre ha sido un mes importante para mí.
Y el último día de septiembre, además de ser aniversario de la muerte de Teresa de Lisieux, otra buena compañera de camino, es el cumpleaños de un amigo especial, con el que me siguen uniendo sentimientos encontrados y complejos, pero al que indudablemente llevo siempre en el corazón.
Al levantarme esta mañana tuve deseos de compartir con los amigos y amigas del blog algo más personal, cosa que solía hacer con más frecuencia en el otro blog, el de Teresa, que ahora ya no está; llevo tres meses viviendo en la ciudad de Matanzas, en una especie de “retiro”: soledad, lecturas, paseos, reflexión. Vienen cambios importantes en mi sendero personal y, mientras miro agradecido lo que quedó atrás, estoy oteando el horizonte en busca de una “nueva tierra” espiritual en la que habitar.
SJ: UN NUEVO LENGUAJE
Así, en “Incursiones en lo Indecible”, TM apunta: “Lo que interesa más no on las respuestas formales ni las definiciones exactas, sino intuiciones difíciles en un momento de crisis humana”. La necesidad de encontrar un lenguaje nuevo para expresar la experiencia de lo trascendente y eterno es una de esas intuiciones y de hecho, otra mística del siglo XX, Etty Hillesum, escribió en 1942: “Para encontrar un nuevo lenguaje, apropiado a la nueva forma de ver la vida, hay que callar hasta haberlo encontrado. Y aun así no es posible callar. Sería también una huida. Hay que intentar encontrar el lenguaje mientras se habla. Asimismo, hay que seguir la transición del viejo lenguaje al nuevo en todas sus facetas” (Diario de Etty Hillesum, 137, Antropos).
Merton buscó y descubrió esa nueva manera de comunicar la experiencia honda que vivió de modo que llegará a sus contemporáneos, tan necesitados como él de una transformación interior liberadora, y de hecho sus libros resultaron cercanos y significativos para varias generaciones, y aun hoy lo son, pesar del paso del tiempo.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
EL SIGNO DE JONÁS 2
“Un monje puede siempre, lícita y significativamente, compararse con un profeta, porque los monjes son los herederos de los profetas. El profeta es un hombre cuya vida entera constituye un testimonio vivo de la providente acción de Dios en el mundo. Todo profeta es un signo y un testigo de Cristo. Todo monje en el que Cristo viva y en el que, por consiguiente, se cumplan todas las profecías, es, repito, testigo y signo del Reino de Dios. Hasta nuestros errores son más elocuentes de lo que pensamos” (29).
Todo cristiano está llamado a ser profeta, en la misma medida en que todo ser humano está llamado a salir de si mismo, a mirar más allá de su circunstancias, y a alcanzar una nueva visión. Ser monje hoy supone mucho más que vivir dentro de los límites de una determinada estructura u organización religiosa. De modo que aquí entendemos por monje a todo ser humano que recorre los caminos del Espíritu, y por ello lleva consigo la necesidad de romper las barreras del egoísmo, la autocomplacencia y el miedo, para proponer lo nuevo que está naciendo siempre en su corazón, y que es la voz de Dios en él. Para ser profetas es necesario ser valientes y ser libres, y haber descubierto el rostro amoroso de Dios, pues únicamente así es posible desafiarlo todo y decir lo propio cuando llega el momento.
Me gusta que Merton incluya nuestros errores también como parte de nuestro mensaje; a menudo tenemos una visión “perfectista” del camino espiritual, que es ajena a nuestra propia condición humana. La elocuencia de nuestra vida, de toda ella, vale más que todas nuestras palabras, a menudo lastradas por los convencionalismos y las presiones del entorno. Los errores son muy humanos, pero pueden ser tan humanos que lleguen a ser divinos. En todo ser humano VIVE Cristo, así como suena, y pugna Cristo por revelarse en toda su estatura, humana y divina. La imagen de Jonás y su tránsito, usada por TM en el libro que comentamos, es muy apropiada para entender lo que digo.
sábado, 17 de septiembre de 2011
EL SIGNO DE JONÁS.
En la última edición del SJ aparece una breve pero rica presentación de Francisco R. de Pascual, gran conocedor de TM; de ella tomamos algunas ideas para adentrarnos en el libro. Con el paso del tiempo la vida y la obra de TM han sido más y mejor conocidas; sus numerosos lectores han dado paso también numerosos estudios y nuevas ediciones, sobre todo el lengua inglesa. Sigo esperando ansiosamente la edición en español de “The Thomas Merton Enciclopedia”, en preparación desde hace varios años; ella contribuirá a un mejor conocimiento del pensamiento mertoniano, pues aun con la multiplicación en los últimos diez años de nuevas reediciones de sus obras muchas personas dentro del ámbito católico miran con suspicacia al monje trapense, e incluso le tachan de tradicionalista y conservador, a la par que otros le tildan de liberal y alejado del pensamiento oficial de la Iglesia.
Con el SJ Merton introduce una nueva dimensión en la literatura espiritual autobiográfica, fusionando el discurso religioso con un lenguaje experiencial, más comprensible al lector común, no iniciado en la jerga eclesial. Válidamente apunta De Pascual, que ello es un muestra de cuán lejos se hallan todos los patrones o sistemas de la singularidad misteriosa de la persona humana. En este libro TM pone al lector en el ámbito mismo del claustro trapense y le hace partícipe de sus búsquedas, dudas y hallazgos espirituales, con buen gusto además, y gran sentido del humor. Merton ofrece una obra llena de buena espiritualidad, sin dejar de ser fiel a sus propias circunstancias concretas, individuales e históricas, tanto en sentido personal como comunitario.
A partir de la fecha en que se publica el libro, 1952, parece producirse un cambio de contexto teológico en la vida de TM; así apunta el comentario que seguimos:
1. Evolución desde la dicotomía de lo natural-sobrenatural de sus primeros escritos, hasta alcanzar la sabía intuición de que el verdadero equilibrio personal no se logra sino a través de la depuración en el crisol de la noche oscura, por medio de la lucha espiritual.
2. Exigencia de una sana autonomía psicológica para poder realizar lo anterior, requisito indispensable para la entrega definitiva a Dios y a los demás.
3. Expone su intuición de que el problema del yo nunca estará completamente resuelto para quien permanece vivo, abierto a la experiencia y dando testimonio escrito de lo vivido.
TM vive su personal aventura espiritual, asumiendo toda la rica tradición que le precedía, al mismo tiempo que aporta su vivencia propia y su singularidad; no ofrece respuestas definitivas ni propone dogmas espirituales, sino que busca y nos hace partícipes de ese proceso, nos comparte sus descubrimientos, llevándonos hasta el mismo vientre de la ballena, ese lugar donde no deseamos estar, pero donde a menudo la vida nos lleva. El magisterio espiritual de TM es un magisterio de libertad: no hay respuestas dadas, sino una clara invitación a vivir y a buscar lo propio como parte indispensable del camino eclesial o comunitario.
Vuelvo a citar un texto de Merton en el prólogo de este libro, que él titula “Viaje a Nínive”: “Me he propuesto exponer mis ideas con mis propias palabras, evitando toda terminología técnica. He querido trasmitir algo de lo que son los pensamientos y la vida espiritual de un monje, no con el lenguaje de la especulación, sino basándome en mi experiencia personal. Esto resulta siempre un tanto arriesgado, porque significa dejar el camino fácil y seguro de una terminología aceptada, para viajar por los caminos poco frecuentados de la poesía y la intuición. Al escribir Ascenso a la Verdad descubrí que el lenguaje técnico, aunque universal, preciso y aprobado por los teólogos, no es comprensible para el hombre corriente, y no trasmite lo que hay de más vital y personal en la experiencia religiosa. Como mi centro de interés no son los dogmas como tales, y sólo estudio sus repercusiones en la vida de un alma cuando en ella comienzan a encontrar su realización concreta, espero merecer perdón si empleo mis propias palabras para hablar de mi propia alma” (27).
Gracias a este propósito de Merton podemos disfrutar y aprovechar esta obra personalísima, en la que su autor se siente identificado con las luchas del profeta Jonás, mientras viaja hacia su destino en el vientre de una paradoja.
(Continuará...)
Ser parte de todo...
-Thomas Merton-
Santidad es descubrir quién soy...
“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).
LA DANZA GENERAL.
Thomas Merton.
ORACIÓN DE CONFIANZA...
“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros
Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.
