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viernes, 27 de abril de 2012

LIBERTAD

“La tarea de nuestra vida es sólo y especialmente seguir siendo reales. La tragedia consiste en suponer que una sociedad, una institución, una causa, o incluso una Iglesia, harán la tarea por nosotros. Y nos resulta duro tener que reconocer que lo que hemos estado tratando de construir tiene que ser derribado y recompuesto de una manera mejor… y con muchas dificultades. Y sin embargo, siempre hay algo muy bueno en hacerlo todo de nuevo”. (Carta de Thomas Merton a Margaret Randall; 6 de julio de 1967) “La religión de nuestro tiempo, para ser auténtica, debe ser del tipo que escapa prácticamente a toda definición religiosa. Porque hubo definiciones interminables, verbalizaciones incesantes, y las palabras se convirtieron en dioses. Abundan tantas palabras que uno no puede llegar hasta Dios mientras se piense que Él se encuentra al otro lado de las palabras”. (Carta de Thomas Merton a Ludovico Silva; 10 de abril de 1965) “Si hay una ambición que podríamos permitirnos, y una forma de fortaleza, es tal vez esta especie de ironía sincera, ser un pedazo completo de ironía sistemática en medio de una vida totalitaria o capitalista”. (Carta de Thomas Merton a Czeslaw Milosz; 12 de septiembre de 1959)

LENGUAJE SIMBÓLICO

“Cuando leemos en el Nuevo testamento que la fe “mueve montañas”, no debemos interpretar el lenguaje simbólico en un sentido exclusivamente literal, como si quisiera decir que la oración es un medio mágico de llevar a cabo cosas físicamente difíciles o imposibles de realizar. Ese es el tipo de absurdo que los ateos sugieren después de haber allanado una colina con una máquina excavadora o después de que un astronauta soviético haya regresado a la tierra sin haber visto ningún ángel. La fe, en efecto, tiene que ver con imposibilidades, pero en modo alguno pretende suplir a la mera fuerza física, a la medicina, al estudio o a la investigación humana. Cuando Cristo decía a sus oyentes que debían tener fe, no pretendían que se limitasen a usarla para modificar el paisaje. Quería hacerles ver que su fe debía ser tal que no se dejara amilanar por ninguna clase de obstáculos ni de imposibilidades aparentes. La lección se refería a las cualidades de la fe, no a la naturaleza de la tarea que había de realizarse. La tarea no importaba, porque todo lo que fuese necesario para la salvación iba a concederlo Dios como respuesta a nuestras oraciones. El significado central de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la oración, por tanto, es que el Reino de los cielos está abierto a quienes, en la oración, pidan acceder a él. Esta ayuda sobrenatural jamás le será negada a nadie que la necesite y la busque en el nombre de Cristo. La fe le será concedida a quienes sepan pedirla. La luz de la verdad divina no se le niega nunca a los humildes. Pero la oración debe ser perseverante e insistente”. (Thomas Merton)

ROBERT LAX, amigo de TM

Uno de los mejores amigos de Merton fue Robert Lax; leyendo algo sobre él, hace unos años, encontré este texto que les comparto: “La oración es una forma de obrar el bien de forma instantánea en beneficio de todas las cosas en todos los sitios a la vez. Es una forma de enviar amor a todas partes de inmediato. Es una fuerza a la que todo el mundo puede acceder y puede transfigurar el mundo. La oración hace que todo cuanto emprendas sea más real, más duradero, lleno de sentido y fructífero. Con la oración simplemente todas las cosas florecen y fluyen. Es una forma de vivir y de dar… y si tienes la impresión de que no sabes o no puedes rezar, busca algún lugar tranquilo y descansa. Escucha el canto de un pájaro, o haz algo creativo. Canta, baila, pinta, sonríe. Ayuda a alguien. Siente la presencia de la mañana en cada hoja. Comparte tu alegría. Creo que todo eso es, de alguna forma, orar; sobre todo si procede de un corazón que ama y está gozoso”. Otro texto de Roberto Lax que también tengo copiado en mis cuadernos de apuntes es este: “Tal vez resulte útil tener en cuenta tres cosas: está Dios, estás tú y está el momento, y cada momento es un don. Y así las cosas, puedes relajarte, entrar en el momento y hacer cuanto esté en tus manos para escucharlo. Quiero decir escuchar de verdad. Estate presente en el momento con todo lo que eres. Después de aprender a escuchar, es cuando puedes empezar a responder”. Este último texto bien merece una sesión de meditación.

MERTON y MARGIE

Proyección profético-sacerdotal de Thomas Merton (Fragmentos de una conferencia de María Luisa López Laguna, rcm. Universidad de Eichi, Kobe (Japón. La nota más característica de la espiritualidad, e incluso misticismo, de Merton es que pone su acento más hondo en lo humano de la persona; esa es la cantera de donde extrae los materiales que le conducen a su ascenso hacia Dios. Lo mejor de Thomas Merton es su deseo constante de no reservarse ni excluir nada de lo que acontece en su vida: lo más ordinario, lo extraordinario, lo simple, lo ejemplar, lo reprobable... Todo forma los accidentes de ese pan vital, cotidiano (el que Dios nos da con nuestro propio existir) que, como el pan eucarístico, alimenta a la multitud que seguimos al Maestro con hambre y sed. Todo en él fue así sacerdotal y profético. Permítaseme, pues, que arriesgue una lectura “profético-sacerdotal” de una de sus últimas experiencias, que acaeció casi al final de su vida, siendo ya monje "maduro”, y que no ha sido comprendida adecuadamente por algunos lectores de Merton (que han sentido cierta extrañeza o decepción ante este hecho). Un punto muy delicado y que implica cierta madurez en la persona que lo analiza desde fuera. Me refiero a las relaciones afectivas con la enfermera que lo atiende en el hospital durante su operación de la espalda y que para muchos es lo “más escandaloso” de una persona que se suponía tan contemplativa y espiritual como revelaban sus escritos. ¿Qué decir, si además es sacerdote? Tanto los “padres” del Desierto como infinidad de autores espirituales ponen en alerta a las personas espirituales que siguen el camino de la perfección acerca del “demonio de mediodía”, porque cuanto más sincera y decididamente avanzan por el camino de la perfección más posibilidades tienen de toparse con él. Prestando un mínimo de atención a los síntomas psicológicos de las personas de nuestra sociedad al alcanzar esa típica edad, nos daremos cuenta del despliegue que el tal demonio nos muestra en la edad de la madurez .También aquí Merton paga el tributo de “ser un hombre como los demás”. No porque hubiera llegado a la edad del cansancio espiritual, sino precisamente, a nuestro parecer, por desear ir “más allá” en su camino de búsqueda espiritual. Parece incoherente; pero no lo es. No voy a entrar en detalles, ya que con la honradez y sinceridad propias de Merton, todo el asunto está publicado. Lo recoge el Volumen VI de sus Diarios, el titulado Aprendiendo a amar. (No podemos negar que es un detalle magnífico de su coherencia como escritor y como hombre espiritual. Esto pertenece a su vida y quiere que no sea “censurado”. Y porque es parte de su vida, es parte de su “biografía salvífica”: un momento en el que también la gracia se hizo presente, un momento en el que, como Jacob, “luchó duramente” por ver a Dios en medio de un amor humano que, por primera vez en su vida, experimentaba desde lo más profundo de su corazón; y no tanto por conseguir el amor humano o las caricias de una mujer, sino por querer amarla desde lo más profundo de su ser espiritual. Esta es la clave, nos parece, para entender lo que pasaba en su interior, y -¿por qué no?-, la invitación que Dios le hacía a hacer una opción por Él desde una mayor experiencia espiritual, de hombre maduro, de sacerdote. Esta nota es de la autora de este artículo). Continuará...

EL CAMINO DE LOS MAESTROS ESPIRITUALES

Cuando leemos a un maestro espiritual, no le estamos leyendo sólo a él, sino también a otros maestros, hombres y mujeres, de los que él aprendió. Unos maestros apuntan a otros, y van estableciendo como un entramado de doctrinas, afines unas con otras. Cuando leemos a Thomas Merton estamos compartiendo su camino espiritual, sus lecturas, las fuentes de las que recibió su saber; particularmente en sus diarios nos comparte sus lecturas y encuentros, así como su mirada personal de la realidad de su entorno, monástico, eclesial y las vicisitudes de su tiempo. 

En las diversas etapas de su vida Merton fue bebiendo de diferentes fuentes: toda la tradición monástica y contemplativa del Cister; San Juan de la Cruz y la tradición carmelitana; la teología protestante también, sobre todo autores contemporáneos; el mundo teológico del Concilio Vaticano II, y las tradiciones religiosas no cristianas del Oriente. Hablamos de un amplio diapasón, que a la vez está enriquecido por su saber cultural, literario y su carisma personal. 
Merton fue un gran lector, casi compulsivo; desde su retiro trapense está al tanto de cuanto sucede en la Iglesia y el mundo. 

La lectura de diarios y escritos personales de cualquier personaje relevante de la historia humana nos confrontan constantemente con otros autores, y nos hace indagar en ellos, participando de la misma búsqueda y los mismos descubrimientos del autor que leemos. En la literatura espiritual pasa lo mismo, y con una significación espiritual muy importante, pues va ampliando nuestra visión, permitiéndonos ahondar en la comprensión del Misterio de la Fe. 

En el caso particular de uno de los libros de Thomas Merton, “Conjeturas de un espectador culpable”, este consiste en una especie de diario y resumen de lecturas, con comentarios sobre situaciones concretas de su tiempo; aquí Merton intenta aterrizar la doctrina cristiana y lo más clásico del pensamiento de la Iglesia, respondiendo a los interrogantes de la historia humana, reinterpretando las afirmaciones teológicas y espirituales a la luz del devenir de una época concreta, la segunda mitad del siglo XX. 

Veamos algunos nombres y autores que Merton cita en esta obra, y nos daremos cuenta de por dónde va su reflexión: Karl Barth Y Mozart, St. John Perse, Mark Van Doren, Ernesto Cardenal, Alfonso Reyes y Neruda San Benito, Isaac de Stella, Karl Marx, Edmund Wilson, Newman y Fenelón, A. K. Coomaraswamy, Duns Scoto Albert Schweitzer, Simone Weil, Dalai Lama Chuang Tzu, Jean Giono, Emmanuel Mounier, Gandhi, Fidel Castro, San Juan Crisóstomo, Mao, Teilhard de Chardin, Romain Rolland Meister Eckhart, Bonhoeffer, León Bloy Einstein, y la lista es interminable. 

Pensemos cuántas miradas se cruzan entonces en el texto de Merton cuando lo leemos, a cuántas vidas nos asomamos al mismo tiempo, y todo eso desde la mirada contemplativa de alguien que está recurriendo siempre a la Biblia y a la tradición de la Iglesia. Aquí reside lo más valioso del testimonio de Merton, y su universalidad, la amplitud con que resuena su testimonio y su mensaje. Por eso es una cantera inagotable para el buscador, para el discípulo que se adentra en los caminos de la contemplación y la interioridad.

Fray Manuel de Jesús, ocd

sábado, 21 de abril de 2012

SACERDOCIO EN TM

Thomas Merton: la ordenación sacerdotal: El sacerdocio, para Thomas Merton, es el mayor acto de gracia de Dios para con él: “Me parece imposible que pueda sobrevivir aún dos semanas y media sin desfallecer, sin morir de un ataque al corazón, o sin que el monasterio se derrumbe sobre mi cabeza. ¿Cómo es posible que alcance yo algo tan maravilloso como el sacerdocio? ¡Realizar lo único que salva al mundo, le da la salud y hace que los hombres sean capaces de lograr la felicidad! ¡Proseguir el misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo y ejecutar todas esas cosas sencillas y fáciles mediante las cuales se cumple la obra de nuestra redención!”. SJ, 216. Por eso en los días previos a la ordenación piensa una y otra vez en lo imposible que le parece llegar a alcanzarlo; se pregunta acerca de los efectos que tendrá el sacerdocio ministerial en su vida interior, y no puede casi controlar la ansiedad: “He resistido la tentación de contar los días que faltan para mi ordenación, por temor a que ello constituya una imperfección o a que se convierta en algo como el censo de David”. Sabe que el sacerdocio para él está vinculado íntimamente a su vocación contemplativa (“Comprendo que mi vocación es ser un sacerdote y un contemplativo, que mi vocación es la oración. Esto me hace feliz”. SJ, 220), y también al voto de pobreza (“Ser sacerdote significa, al menos en mi caso particular, no tener nada, no desear nada y no ser nada, sino pertenecer a Cristo”. En el caso del sacerdote contemplativo, dice hay una pobreza mayor, pues la falta de un ministerio activo excluye prácticamente la predicación, la guía, el talento o la inspiración. Es un ministerio también vinculado al silencio. SJ, 222). Apunta además: “Gran parte de los escritos sobre el sacerdocio no me satisface, y ahora no puedo ni siquiera leerlos. Parecen demasiado técnicos y lo que yo necesito no es literatura, sino al Dios vivo”. Finalmente también lo vincula al martirio y a su propia fragilidad: “La verdad es que disto mucho de ser un monje o clérigo tal como debiera serlo. Mi vida es una gran confusión y mezcla de los semiconscientes subterfugios para rehuir la gracia y el deber. He hecho malamente todas las cosas. He despreciado grandes oportunidades. Mas mi infidelidad a Cristo, en vez de enloquecerme de desesperación, me impele a arrojarme más ciegamente en los brazos de Su misericordia”. SJ, 223. Este texto evoca mucho a Santa Teresita, que afirma: “Lo que le agrada es verme amar mi pequeñez y mi pobreza… es la esperanza ciega que tengo en su misericordia… este es mi único tesoro” (Carta 197, 17 de septiembre de 1896, a Sor María del Sagrado Corazón. Obras Completas, Burgos, Monte Carmelo, 1996, 554). Merton conocía la obra de Teresita y sentía por ella una gran devoción. Consciente de lo que él llama su “profunda pobreza moral”, celebra el don que recibe, y se siente en paz, porque “todo se pierde en Su misericordia”. Así, afirma que “Cristo, el Sumo Sacerdote, está despertando en lo hondo de mi alma, en silencio y majestad, como un gigante dispuesto a correr Su carrera”.

martes, 17 de abril de 2012

BUSCAR LA VERDAD

“No tenemos la verdad, porque sólo Dios es verdad. Nosotros estamos en camino para buscarla; Dios nos ha revelado algunos elementos de la misma para jalonar nuestro camino, y a nosotros nos toca humilde, lenta y trabajosamente descubrir el contenido de la fe. La vida de la Iglesia es un largo camino, una pedagogía, una carrera, una lucha. La luz no está fija detrás de nosotros; está delante de nosotros y vamos hacia ella evitando los accidentes del camino”.

Evangelista Vilanova. 


“Se necesita derribar en nosotros los creyentes, y en nosotros, hombres de la Iglesia, la falsa persuasión de que ya se cree, de estar a punto en lo que se refiere a la fe. Necesitamos hacer nacer la duda --no se entiende sobre Jesús, sino sobre nosotros--, para entrar luego a la búsqueda de una fe más auténtica. ¡Quién sabe si no sería bueno, por un poco de tiempo, no querer demostrar nada a nadie, sino interiorizar la fe, redescubrir sus raíces en el corazón!”

P. Raniero Cantalamessa.
Predicador de la Casa Pontificia

jueves, 12 de abril de 2012

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

“Las campanas doblan para recordarnos que sólo Dios es bueno, que le pertenecemos, que no vivimos para este mundo.
Suenan sobre nuestros afanes para recordarnos que todas las cosas son pasajeras y que nuestras preocupaciones no son importantes.
Nos hablan sobre nuestra libertad, que las responsabilidades y los cuidados transitorios nos hacen olvidar.
Son la voz de nuestra alianza con el Dios del Cielo.
Nos dicen que somos su templo verdadero. Nos llaman a la paz con Él en nosotros.
El Evangelio de María y de Marta se lee al final de un toque de campanas a fin de recordarnos todas estas cuestiones.
Las campanas dicen: los negocios no importan. Reposa en Dios y regocíjate, pues este mundo es solamente la imagen y la promesa de un mundo que vendrá, y sólo quienes están desapegados de las cosas transitorias pueden poseer la sustancia de una promesa eterna.
Las campanas dicen: hemos hablado durante siglos desde las torres de las grandes iglesias. Hemos hablado a los santos, a tus padres, en su tierra. Los hemos convocado, como te convocamos a ti, a la santidad. ¿Cuál es la palabra con que los llamamos?
No dijimos simplemente: Sean buenos, vengan a la iglesia. No dijimos simplemente: cumplan los mandamientos, sino sobre todo: ¡Cristo ha resucitado! Y dijimos: Ven con nosotros, Dios es bueno, la salvación no es difícil. ¡Su amor la hizo fácil!
Y éste, nuestro mensaje, siempre fue para todos, para los que acudieron y para los que no acudieron, pues nuestro canto es perfecto, así como el Padre celestial es perfecto, y derramamos nuestra caridad sobre todos”.

Thomas Merton
Pensamientos en la soledad.

SOBRE LA ORACIÓN

MERTON sobre la ORACIÓN:

“La oración es nuestra auténtica libertad… es en la oración donde somos verdadera y plenamente nosotros mismos y no estamos bajo ningún poder, autoridad o dominación”. (174)

“Cuando hablas de la oración, nunca sabes si lo que estás diciendo tiene sentido para otros o no. Hablas acerca de lo que tú piensas, y no sabes si logras comunicar con tu auditorio. La oración no es lógica o razonable. No hay nada razonable en la cruz, que es completamente irrazonable. Es ilógica. ¿Qué puede haber de más ilógico que el hecho de que Dios se digne venir a la tierra y morir en la cruz? Es la cosa más ilógica jamás ocurrida, pero sucedió porque Él la hizo, porque Él deseó hacerla y porque nos amó. En el amor no existe lógica. El amor va mucho más allá de la lógica”. (175)

“Lo que nosotros necesitamos es una teología que sea capaz de fundamentar la oración, que acompañe a la oración y le dé una cierta estructura, porque, de lo contrario, si sólo tienen oración y nada de teología, es como si tuvieran agua pero carecieran de recipiente para ponerla. La oración no les va como el agua, pero si tienen una teología que pueda contenerla, puesta como límite externo a su alrededor, sabrán dónde se encuentran. Ustedes pueden hacerle compañía, pero lo que cuenta es el agua, no el cubo. Si prestan excesiva atención al cubo, se olvidarán del agua y de nuevo se encontraran con dificultades. El cubo es útil, pero lo que ustedes desean es el agua. Ese es el tipo de teología que necesitan, y naturalmente, la Biblia la tiene. La teología bíblica les ofrece un contenedor para la oración”. (176)

“Nuestras relaciones con Dios son de tipo personal, nosotros no tratamos con Dios de acuerdo a un determinado sistema. La oración nos trasporta más allá de la ley. Cuando están rezando, en cierto sentido son ilegales. Entre el corazón y Dios no e interpone ninguna ley. La ley queda fuera de nuestra relación íntima con Dios, y si haces que en las relaciones íntimas de tu corazón con Dios haga acto de presencia una ley confundes las cosas. Entre el alma y Dios no existen leyes. Pero esta situación no es natural, sino el resultado de la redención, el resultado de Cristo. En otras palabras, si no existen leyes, no hay naturalmente una ley de oración, no existen sistemas. Los sistemas son buenos hasta cierto punto, pero toda su utilidad consiste en que ellos pueden ayudarnos a alcanzar el punto en que desaparece todo sistema, allí donde el trato con Dios es absolutamente libre, tanto por tu parte como por parte de Dios”. (178-180)

“La única regla que mantiene su validez en la oración es que no digan nunca nada que no sientan en el corazón. Si no sienten nada, no digan nada. No hablen si no sienten lo que van a decir”. (180)

“Dos semanas en Alaska” Diario, cartas, conferencias.
Thomas Merton
ONIRO, 2000

CONFIAR EN ÉL SIGNIFICA MORIR

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo” (Juan 12, 24)
“Las palabras son mucho más penetrantes en su contexto. Algunos gentiles habían preguntado a Felipe si podían hablar con Jesús. Ésta fue la respuesta de Nuestro Señor: ellos no podían llegar a Él a través de Felipe y de Andrés; ni siquiera podían llegar a Él hablándole, porque las palabras no les unirían con Él. Sólo pueden llegar a É, si Él muere por ellos.
Queda Él solo. San Juan subraya cada vez más la soledad y el aislamiento moral de Cristo antes de Su pasión. Cristo está solo desde el principio porque es Dios y todos los demás son hombres. Está solo porque nadie puede comprenderle. Ya en el capítulo sexto una multitud de discípulos. Le abandona porque Su doctrina de la eucaristía rebasa su comprensión. Luego, Le aísla el creciente odio de los fariseos, que forman un frente cada vez más fuerte y compacto contra Él, forzando a los demás a que huyan de Su lado. Le aísla Su propia grandeza, que Le eleva cada vez más sobre Sus enemigos. Se encuentra solo entre los hombres que Le odian o que no saben amarle, porque son incapaces de comprenderle tal y como realmente es. No obstante, hay algunos que desean llegar al verdadero conocimiento y amor a Él. Si desean estar con Él, Él tiene que pasar a través de la muerte y llevarlos consigo a la vida”.


(Aquí tengo mis dudas, con perdón de mi querido maestro. A mi entender, la soledad que Cristo experimenta es la soledad que experimenta todo ser humano, único e irrepetible. El hecho de ser el Hijo no le aísla del ser humano, mucho menos su grandeza; todo lo contrario, justo porque es la “grandeza” de Dios, le acerca a todos y a todo).

“Me encuentro solo en el mundo, pero con una soledad diferente de la de Cristo. Él estaba solo porque Él era todas las cosas. Yo estoy solo porque no soy nada. Me encuentro solo en mi insuficiencia: dependiente, desvalido, expuesto a cualquier contingencia, y nunca estoy completamente seguro de que confío realmente en Aquel de quien dependo.
Y, sin embargo, confiar en Él significa morir, porque para confiar perfectamente en Dios es preciso abandonar la confianza en todo lo demás. Y yo temo esa muerte. Lo único que puedo hacer es convertir mi temor en parte de la muerte de que he de morir, para vivir perfectamente en Él”.


(Aquí Merton suscribe una teología que aposta más por la exclusión y la diferencia; yo prefiero hablar de que confiar en Dios es confiar en todo lo demás y todos mis semejantes, y justo está en eso el morir que libera. Algunos hablan de una especie de “competencia” entre el amor a Dios y el amor a otros seres humanos; yo creo que a Dios se llega siempre a través de mediaciones humanas, y se le ama amando bien y libremente nuestra humanidad).

Los textos de TM, tomados de: “El signo de Jonás”, páginas 271 y 272. DDB.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.