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viernes, 23 de marzo de 2007

La Vida Espiritual.




Estas notas son un resumen algo recreado de un texto de Henri Nouwen, preparado para un retiro de Cuaresma el pasado año:



1- Una inquietud interior, un agobio, por alcanzar, por terminar, por conseguir, aun a sabiendas de que nunca me sentiré totalmente satisfecho. Al mismo tiempo no queremos detenernos, tenemos miedo a que de pronto todo quede vacío y en silencio, porque tendremos que mirar de frente nuestra propia realidad, lo que somos o creemos ser. Creemos realmente en Dios y en su amor? Confiamos en Él? Le conocemos de verdad? Qué imagen guardamos de ese Dios en quien decimos creer? Pero en medio de todo el ruido que llena nuestra vida permanece un voz suave, como un susurro, que se empeña en decir: “Vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, que yo les aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso. Porque mi yugo es llevadero, y mi carga ligera” (MT 11, 28-30). Esa voz habla desde lo más hondo de nuestro corazón.

2- Poder escuchar esa voz, crear las condiciones para ello, creer en lo me dice y vivir de acuerdo con eso es la vida espiritual. Esa voz me dice: DIOS ES AMOR<>. Esa simple afirmación tiene enormes consecuencias desde que vivimos a partir de ella: Si Dios, que me ha creado, es amor y solo amor, yo soy amado antes de que ningún ser humano me amara. Este primer amor es la razón y el fundamento de mi vida. Pero: Nosotros andamos por la vida indagando acerca del amor, preguntando siempre a todos y a todo: Me quieres? Y ese amor que encontramos nunca colma, siempre nos deja insatisfechos. El gran reto espiritual consiste en descubrir a lo largo de nuestra vida que el amor limitado, condicional y temporal que recibimos de nuestros seres queridos es reflejo del amor ilimitado, incondicional y eterno de Dios.

3- Siempre estamos tentados por el fatalismo, el desaliento, la desesperanza. El fatalismo es la actitud que nos hace vivir como víctimas pasivas de las circunstancias exteriores que escapan a nuestro control. Los cubanos sabemos mucho de esto. Lo opuesto al fatalismo es la fe. La fe consiste en la confianza profunda en que el amor de Dios es más fuerte que todos los poderes anónimos del mundo y puede transformarnos de víctimas de las tinieblas en siervos de la luz. (MT 17, 19-20). Pensemos en los diferentes modos fatalistas que tenemos de pensar, hablar o actuar, e irlos transformando poco a poco en actos de fe. Este movimiento del fatalismo a la fe es una parte importante de nuestra vida espiritual, porque ayuda a disipar las tinieblas de nuestro corazón y nos transforma en personas cuya confianza en el amor de Dios puede realmente “mover montanas”.

4- Una vida espiritual es una vida agradecida. La verdadera gratitud espiritual abarca todo nuestro pasado, tanto los buenos como los malos acontecimientos, los momentos alegres y los tristes. Aun lo malo que sucede, ocurre estando nosotros en la presencia amorosa de Dios. El propio sufrimiento de Jesús fue causado por los poderes de las tinieblas, y sin embargo él habla de su pasión y su muerte como de su camino de gloria. A veces resulta difícil conservar toda nuestra vida bajo la luz del agradecimiento: cosas que rechazamos, por las que nos sentimos avergonzados o culpables, cosas que no debieron ocurrir, que nos lastiman. Pero siempre que aprendemos a mirarlo COMO DIOS LO VE, todo se vuelve bendición porque nos lleva a un conocimiento más profundo de la misericordia de Dios, a la convicción de la guía providente de Dios. “Todo es bien para los que aman a Dios”-dirá San Pablo. Ser agradecidos nos hace más libres y capaces para ser enviados al mundo y anunciar la BUENA NUEVA. Todas nuestras faltas y dolores pueden transformarse en agradecimiento y hacernos a nosotros capaces de convertirnos en mensajeros de esperanza.

5- Una vida espiritual transcurre bajo el signo de la sencillez y la confianza. Y en ella ocupa el pobre un lugar muy, especial. Dice Jesús: “Bienaventurados los pobres”, y no Bienaventurados los que ayudan a los pobres. Aquí está una clave importante del reino y de la vida espiritual. Ayudar, servir, ofrecer consuelo, todo esto es bueno. PERO: es mucho más importante reconocer que los pobres son portadores de una bendición de Dios para mí. Cuál? Ellos me permiten vislumbrar el rostro de Dios. El cielo consiste en ver a Dios, podemos ver a Dios en el rostro de Jesús, y vemos a Jesús en los pobres. Los pobres nos muestran a Jesús y nos dan vida –dijo una vez Jean Vanier. En esto radica el misterio del servicio cristiano: los que sirven a Jesús en el pobre serán alimentados por el mismo a quien sirven. (LC 12,37). Necesitamos tanto que nos bendigan y el pobre está esperando bendecirnos. Los pobres son portadores de Gracia.

6- La soledad y el silencio son importantes en la vida espiritual, pero Jesús envió a sus discípulos “de dos en dos”, porque no quiere que hagamos este viaje solos. “Miren que los envío como ovejas en medio de lobos; sean sencillos como palomas y astutos como serpientes”. La comunidad es importantísima para la vida espiritual, ella nos envía y nos protege, nos alimenta y nos sostiene. Dijo Jesús: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Juntos podemos revelar algo de Dios que ninguno de nosotros puede revelar por sí solo.

RESUMEN: Una vida espiritual es una vida celebrada, agradecida, compartida, aceptada. Una vida en la que puedo escuchar la voz de Dios, revelándome su amor en los pobres y en toda su creación. Dijo Henri Nouwen:

“La grandeza espiritual no tiene nada que ver con ser mayor que los demás. Tiene mucho que ver con llegar al nivel al que cada uno de nosotros tiene que llegar. La verdadera santidad es precisamente beber tu propia copa y confiar en que así, asimilándote plenamente a tu propio caminar por la tierra, que es irremplazable, puedes llegar a ser una fuente de esperanza para muchos”.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Pan para el Viaje (Henri Nouwen).


1- Cada día nos tiene reservada una sorpresa. Pero solamente si estamos esperándola podremos verla, oírla o sentirla cuando viene. No tengamos miedo de recibir la sorpresa de cada día, sea triste o alegre. Abrirá un lugar nuevo en nuestros corazones, un lugar donde podremos dar la bienvenida a nuevos amigos y celebrar de manera más plena nuestra común humanidad.
2- El gozo y la tristeza nunca están separados. Cuando nuestros corazones se regocijan ante un panorama espectacular, podemos al mismo tiempo lamentar la ausencia de nuestros amigos que no están con nosotros para verlo. Cuando el dolor nos inunda, quizás podamos descubrir el significado de la verdadera amistad. El gozo está escondido en la tristeza y la tristeza en el gozo. Si intentamos evitar la tristeza a todo costo, es posible que nunca experimentemos el gozo. Si desconfiamos del éxtasis, tampoco podrá tocarnos la agonía. El gozo y la tristeza son los padres de nuestro crecimiento espiritual.
3- Hay una gran diferencia entre tener éxito y dar frutos. El éxito proviene de la fuerza, el control y la respetabilidad. La persona exitosa tiene la energía para crear algo, mantener el control de su desarrollo y ponerlo a la disposición de los demás en grandes cantidades. El éxito trae consigo muchas recompensas y muy a menudo la fama. Los frutos, por el contrario, provienen de la debilidad y la vulnerabilidad. Y los frutos son únicos. Un niño es un fruto concebido en la vulnerabilidad, la comunidad es el fruto del fracaso compartido, y la intimidad es el fruto que crece en el roce de nuestras heridas. Recordémonos que el verdadero gozo proviene de los frutos y no del éxito.
4- La paciencia es una disciplina difícil. No es sólo esperar hasta que suceda algo sobre lo que no tenemos ningún control: que llegue el ómnibus, que deje de llover, que un conflicto de resuelva. La paciencia nos pide vivir el momento en su plenitud, estar completamente presentes para el momento, saborear el aquí y el ahora, estar donde estamos. Cuando estamos impacientes tratamos de escaparnos de donde estamos. Nos comportamos como si lo real fuera a suceder mañana, más tarde o en otro lugar. Seamos pacientes y confiemos que el tesoro que buscamos está escondido debajo del suelo que estamos pisando.

5- La Oración es el puente entre nuestra vida consciente y nuestra vida inconsciente. A menudo hay un gran abismo entre nuestros pensamientos, palabras y acciones, y las muchas imágenes que emergen en los sueños que tenemos, despiertos o dormidos. Rezar es conectar estos dos lados de nuestra vida. Se lo consigue accediendo al lugar donde mora Dios. La oración es “trabajar el alma”, porque nuestras almas son ese centro sagrado donde todo es uno en nosotros, de la manera más íntima. Por eso debemos rezar todo el tiempo, para llegar a ser verdaderamente íntegros y santos.

ORAR CON LA BIBLIA (Benedicto XVI).

"Los exhorto a familiarizarse con la Biblia, a tenerla a mano a fin de que sea para ustedes como una brújula que indica el camino a seguir. Leyéndola, aprenderán a conocer a Cristo. San Jerónimo afirma al respecto: “El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo”. Un modo muy eficaz para profundizar y gustar la palabra de Dios es la lectio divina, que constituye un verdadero itinerario espiritual en etapas. De la lectio, que consiste en leer y releer un pasaje de la sagrada Escritura tomando los elementos principales, se pasa a la meditatio, que es como una parada interior, en la que el alma se dirige a Dios intentando comprender lo que su palabra dice hoy para la vida concreta. A continuación sigue la oratio, que nos permite entablar con Dios un coloquio directo, y finalmente se llega a la contemplatio, que nos ayuda a mantener el corazón atento a la presencia de Cristo, cuya palabra es “lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en nuestros corazones el lucero de la mañana” (2 P 1, 19). La lectura, el estudio y la meditación de la Palabra tienen que desembocar después en una vida de coherente adhesión a Cristo y a su doctrina".

(Benedicto XVI)

martes, 20 de marzo de 2007

Teofanes Egido escribe sobre San José.


En la pagina web de los Carmelitas de Castilla aparece un artículo del P.Teofanes Egido, excelente como siempre. Como es corto y rico en matices, me permito incluirlo en esta página, a propósito de la Fiesta de San José, que celebramos ayer:


"No ha sido fácil el reconocimiento de san José en la Iglesia, y la mirada hacia su historia resulta, cuando menos, desconcertante pero también comprensible.Los evangelios, el de Mateo y el de Lucas, contra lo que suele afirmarse con cierta carga de ironía a veces, no hablan tan poco de José, de quien, en contraste, no registran ni una sola palabra: tiene su anunciación, cree y actúa con la eficacia de su silencio en la responsabilidad de esposo de María y padre singular de Jesús, de custodio del Redentor. Porque, a pesar de las inercias de tantos teólogos, de bastantes mariólogos (no de todos), resulta que el misterio de la Encarnación aconteció, conforme al proyecto divino, por mediación de María, pero no solitaria sino desposada ya con José, compañero y protagonista en la vida oculta de Jesús.Decía que es perfectamente comprensible el silencio y hasta el cúmulo de deformaciones que se cernieron sobre esta figura silenciosa en el tiempo posterior a la catequesis evangélica. Era preciso salvaguardar el valor, tan estimado, de la virginidad de María y defenderla frente a los ataques de herejías agresivas. La salvaron a la perfección, y mirando a los datos evangélicos, padres de la Iglesia como san Justino, san Agustín, san Jerónimo, san Juan Crisóstomo. Otros, sin embargo, se dejaron seducir por las fantasías de los apócrifos, que se acogieron al recurso de convertir al esposo de María en viejo, muy viejo, y en viudo con hijos habidos en matrimonios anteriores. Y esta percepción de José ancianísimo fue la que se impuso durante siglos a lo largo de la edad media.La literatura popular, los sermones, la iconografía en sus variadas expresiones medievales, fueron los transmisores y son testigos de aquellas representaciones de san José tan viejo, aislado y de espaldas al nacimiento, en papeles secundarios cuando no casi ridículos de portar un farol, de hacer sopas o, lo más frecuente y significativo, de estar de espaldas o dormido tan tranquilo y tan ajeno al misterio de alegría bulliciosa en aquel espacio animado de la navidad.El redescubrimiento de san José se produjo con el retorno al evangelio reclamado y realizado por los humanistas a partir del siglo XV. El precursor reconocido fue el canciller de Paris, Juan Gerson, encariñado con la misión y con la figura de José, con su paternidad singular, con el matrimonio con María, escritor del poema encendido de la Josefina, empeñado en conseguir la celebración de la fiesta de los desposorios, y empeñado con más denuedo, si cabe, en cambiar la imagen de un José viejo por la más acorde con su misión de esposo y padre, es decir, la de José joven y, añadía, hermoso.El autorizado canciller, que tanto influjo ejerció en la espiritualidad posterior, lo ejerció también en este particular aspecto de la figura, de la devoción, del culto, creciente a partir de entonces (eran los tiempos del concilio de Constanza, por 1416) y aunque la eclosión tuviera que esperar al manifiesto de santa Teresa, recogido todo ello y expresado en libros, en sermones entusiastas, en pinturas llenas de ternura como las del Greco o Zurbarán, en tallas rebosantes de fortaleza como las de Berruguete, de Gregorio Fernández y del barroco español. La presencia de san José se hizo realidad en la Iglesia, en la devoción del pueblo, en tratados de teólogos, en la literatura religiosa, en el culto y en la liturgia. Como expresión del fervor, su fiesta se hizo universal en el siglo XVII, fue proclamado patrono de obispados, de países, de órdenes religiosas y, por Pío IX en 1870, de la Iglesia universal. Eran tiempos necesitados de la protección de san José, como lo eran, por otros motivos, aquellos en los que el Papa León XIII publicó la única encíclica josefina (Quamquam pluries, 1889). Ya en el siglo XX, Juan XXIII, tan devoto del Santo, incluyó su nombre en la plegaria litúrgica (en el canon) de la misa.Después del concilio Vaticano II (¿quién recuerda que Juan XXIII proclamó al esposo de María velador especial del concilio?) san José no se libró de la crisis general que hoy se refleja en olvidos pero también en recuerdos, en la renovación de su teología, en congresos, en centros y publicaciones dedicados a su estudio y animados por la hermosa y profunda exhortación apostólica Redemptoris Custos de Juan Pablo II." (Teofanes Egido).

Algunas Ideas de Thomas Merton acerca de la vocación.


1-Todos tenemos una vocación, todos somos llamados por Dios a compartir su Vida y su Reino: cada uno es llamado a un lugar especial en el Reino. Si encontramos ese lugar seremos felices. Si no lo encontramos, nunca podremos ser completamente felices. Para cada uno de nosotros sólo hay una cosa necesaria: cumplir nuestro destino según la voluntad de Dios, ser lo que Dios quiere que seamos.
2- Ese destino no se descubre en un juego al escondite con la Divina Providencia. Nuestra vocación no es un enigma de la Esfinge que se haya de resolver por conjeturas bajo pena de perecer. En todo caso, nuestro destino es obra de dos voluntades, no de una sola. No es un hado inmutable, impuesto a nosotros sin elección nuestra por una divinidad sin corazón.
3- Es decir, la vocación no es una lotería sobrenatural, sino una interacción de dos voluntades, y por consiguiente, de dos amores. Es desesperado tratar de resolver el problema de la vocación fuera del contenido de la amistad y del amor. Providencia es más que una institución: es una Persona. Es nuestro Padre en el Cielo
4-Lo anterior significa que ese Padre nos ama más de lo que nos amamos nosotros mismos, como si nosotros fuéramos Él. Nos ama, además, con nuestra voluntad, con nuestras decisiones. ¿Cómo podremos entender el misterio de nuestra unión con Dios, que está más próximo a nosotros de lo que cada uno está a sí mismo? Su amor está actuando para sacar bienes de todas nuestras equivocaciones y para vencer nuestros pecados.
5- Al hacer planes sobre el curso de nuestra vida, hemos de recordar la importancia y la dignidad de nuestra libertad. El hombre que teme decidir su futuro por un acto bueno de su libre albedrío, no entiende el amor de Dios. Por la libertad es un don que Dios nos ha dado. La perfección del amor es proporcional a su libertad. Su libertad es proporcional a su pureza.
6- Obramos más libremente cuando obramos con pureza en correspondencia al amor de Dios. Pero el amor más puro a Dios no es servil, ni ciego, ni limitado por el temor. La Caridad pura es plenamente cauta del poder de su libertad, perfectamente confiada en el amor de Dios. El alma que ama a Dios se atreve a elegir libremente, sabiendo que su elección será aceptable para el amor.

(Tomado de "Los Hombres no son islas").

Thomas Merton y Santa Teresita.


En la autobiografía de T.Merton, página 355, encontramos una nueva referencia a San Juan de la Cruz y el descubrimiento de la santidad de Teresa de Lisieux, a quien Merton llama “la florecita”. Son tiempos de clarificación, en que su vocación dormida está volviendo a despertar; una nueva visita a un monasterio de contemplativos, Nuestra Señora del Valle, le llena de gozo interior y le devuelve al mundo mucho más fortalecido y dispuesto: “Estaba consciente de haber adquirido alimento y fuerza, de haberme desarrollado secretamente en firmeza, certidumbre y profundidad.”
Es a su regreso al trabajo en el colegio de Buenaventura, cuando Merton va reorganizando su vida con un régimen más estricto: “Levantándome más temprano por la mañana, rezando las Horas Menores al alba, o antes de ella cuando los días menguaban, en preparación de la misa y comunión.” Y añade: “Hacía muchas lecturas espirituales… vidas de santos… Juana de Arco, San Juan Bosco, San Benito. Me entretenía la Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz y las primeras partes de la Noche Oscura, por segunda vez de hecho, pero por primera vez comprendiéndola.” (355). Juan de la Cruz acompañará el camino espiritual de Thomas Merton durante muchos años, y encontramos referencias explícitas a él en otros libros suyos, como “Ascenso a la Verdad”.
Pero Merton reconoce aquí un nuevo y enriquecedor vínculo con la espiritualidad del Carmelo; así escribe en esta misma página:

“El gran regalo que se me dio, ese octubre, en el orden de la gracia, fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

La mirada de Merton sobre la santa francesa no es acrítica, a pesar de tanto entusiasmo. Reconoce que en su espiritualidad hay mucho de la fealdad y mediocridad de la clase burguesa a la que Teresita y su familia pertenecían (356-357). Por ejemplo: “Su afecto nostálgico por una graciosa quinta llamada Las Buissonets; su gusto por el arte completamente almibarado, por los angelitos de azúcar y santos de pastel jugando con corderos tan suaves y vellosos que literalmente crispan los nervios a la gente como yo. Escribió una serie de poemas que, sin importar lo admirable de sus sentimientos, se basaban ciertamente en los modelos populares mas mediocres”.

No obstante, en medio de todo lo anterior, Merton descubre en Teresa de Lisieux el poder de la gracia de Dios, que convierte en posible lo imposible; de un ambiente como en el que vivió Teresita difícilmente saldría una santa, según Merton. Pero él escribe: “Y no solo llegó a ser santa, sino la mayor santa que ha tenido la Iglesia en trescientos años… aun mayor, en ciertos aspectos, que los dos tremendos reformadores de su orden: San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila” (357).
No está lejos esta manera de mirar la santidad de Teresa de la que desarrolla Jean Francoise Six en sus libros sobre la infancia, vida conventual y muerte de Teresita. Merton encomienda a Teresa sus preocupaciones de ese momento (su hermano John Paul, su trabajo en Harlem, su camino vocacional); la ve como intercesora. Pero el verdadero lugar de los santos en nuestra vida para Thomas Merton es mucho más amplio, y así lo dice en estas mismas páginas:

“Descubrir un nuevo santo es una maravillosa experiencia. Pues Dios se magnifica grandemente y se hace maravilloso en cada uno de sus santos. No hay dos santos iguales; pero todos ellos son como Dios, como Él de un modo diferente y especial. De hecho, si Adán nunca hubiese caído, toda la raza humana habría sido una serie de imágenes magníficamente diferentes y espléndidas de Dios, cada uno de todos los millones de hombres exponiendo Sus glorias y perfecciones de un modo asombrosamente nuevo, cada uno brillando con su santidad particular, una santidad destinada a Él desde toda la eternidad como la perfección sobrenatural más completa e inimaginable de su personalidad humana.” (Pág.355)

“Los santos no son objetos inanimados de contemplación. Se hacen nuestros amigos, participan de nuestra amistad, la corresponden y nos dan inequívocas muestras de su amor por nosotros mediante las gracias que recibimos a través de ellos.” (357)


Podemos resaltar también lo siguiente en relación con este tema, a partir de la reflexión de Merton:
1- ¿Tiene límites la gracia de Dios? “Me asombraba completamente la aparición de una santa en medio de la fealdad y mediocridad hinchada, aterciopelada, súper decorada y cómoda de la burguesía… tales gentes podían resultar inocuos pedantes, ¿Pero de gran santidad? Nunca.” (356). Pero, a través de Teresa, él descubre otra realidad: “llegó a ser santa no desertando de la clase media, no abjurando, despreciando, y maldiciendo la clase media, o el ambiente en que había crecido; por el contrario, se pegó a él en tanto puede pegarse a una persona a tal cosa y ser una buena carmelita. Conservó lo que era burgués en ella…”. (356).
2- Sin embargo:” En cuanto a santidad se refería, toda esa fealdad exterior era, per se, del todo indiferente. Y más aun, como todos los males físicos del mundo, podía servir muy bien, per accidens, de ocasión o hasta de causa secundaria de un gran bien espiritual.”

Tengamos presente que Merton es un artista, un hombre de una sensibilidad particular, un poeta; de ahí su mirada crítica al barroquismo o mal gusto de cierta espiritualidad o ciertas devociones. Pero lo exterior no es lo esencial, sino lo interior, lo profundo. La Florecita hará de centinela para el hermano de Merton, y también para su propia vida.

“Cuando el Espíritu Santo encuentra un alma en que puede obrar, emplea esa alma para cualquier número de propósitos; despliega ante sus ojos un centenar de direcciones nuevas, multiplicando sus obras y sus oportunidades para el apostolado hasta límites casi increíbles y ciertamente mucho más allá de la fuerza ordinaria de un ser humano.” (360)

Así, pensando en Teresa de Lisieux, Merton afirma: “No es novedad en Dios hacer santos que no son sacerdotes para predicar a los que son sacerdotes”.

domingo, 18 de marzo de 2007

La Noche del Alma.


La noche del alma comienza en el momento en que miramos alrededor y vemos que todas las cosas del cielo y de la tierra, a las cuales estamos tan firmemente apegados comparadas con Dios, nada son. Dice Jeremías: “Miré la tierra y estaba vacía, y ella nada era, y a los cielos, y vi que no tenían luz” Comprendemos en ese momento que nuestras aficiones a estas cosas son apegos a lo que es menos que nada. Son impedimentos para alcanzar a Dios, y transformarnos en él. Entendemos que nunca comprenderemos la verdad, mientras dependamos de nuestras propias luces, que nunca comprenderemos a Dios, mientras estemos apegados a sus criaturas. Toda la hermosura de las criaturas, comparada con la infinita hermosura de Dios, es fealdad. Y toda la gracia y elegancia de las criaturas, comparada con la gracia de Dios, es desabrida. Y toda la bondad de las criaturas del mundo, comparada con la infinita bondad de Dios, se puede llamar malicia. Sabemos que mientras estemos atrapados por los apegos a las criaturas, seremos incapaces de unirnos con Dios. Hasta que nos purifiquemos de estos apegos no estaremos en condiciones de poseer a Dios, ni en esta vida ni en la otra. Así comienza la noche del alma.

Esto es una gran verdad que nos legó Juan de la Cruz, pero también es cierto lo que acota Thomas Merton:
No podemos hacernos santos huyendo de las cosas materiales. Poseer vida espiritual consiste en poseer una vida que sea espiritual en toda su plenitud; una vida en que los actos del cuerpo sean santos por el alma, y en que el alma sea santa por Dios que mora y actúa en ella… El santo no es santificado sólo por el ayuno cuando debe ayunar, sino también por la comida cuando debe comer. No es santificado sólo por las oraciones en la oscuridad de la noche, sino por el sueño tomado en obediencia a Dios, que nos hizo lo que somos. No sólo la soledad contribuye a la unión con Dios, sino también el amor a los amigos y parientes y a los que viven y obran junto a él”.

A fin de cuentas, dirá el santo carmelita:
El que de los apetitos no se deja llevar, volará ligero según el espíritu, como el ave a que no falta pluma”.

El hombre espiritual. (Textos)

“Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos. No vemos lo que no tiene la iluminación de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes. Ya ni las flores los tienen. Algo que me afecta terriblemente es el ruido. Me pregunto si la gente se da cuenta del daño que le hace el ruido, o es que se les ha convencido de lo avanzado que es hablar a gritos. ¿Cómo nos respetamos tan poco? ¿Cómo hace el ser humano para soportar el número de decibeles en que vive? La experiencia con animales ha demostrado que el alto volumen les daña la memoria primero, luego los enloquece, y finalmente los mata. El hombre se está acostumbrando a aceptar pasivamente una constante intrusión sensorial. Y esta actitud pasiva termina siendo una servidumbre mental, una verdadera esclavitud.
No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí. Hay que revalorar el pequeño lugar y el poco tiempo en que vivimos, que nada tienen que ver con esos paisajes maravillosos que podemos mirar por la televisión, pero que están sagradamente impregnados de la humanidad de las personas que vivimos en él.” (“La Resistencia”, Ernesto Sábato).

sábado, 17 de marzo de 2007

Thomas Merton y la Virgen (2): Necesito tus manos, María.


ORACIÓN DE THOMAS MERTON A LA VIRGEN DEL CARMEN. (Evocando su visita a Cuba, en el año 1940, y la imagen de nuestra iglesia de Infanta).

¿No fuiste tú tal vez lo último que vi cuando el buque zarpó, a ti de pie sobre tu torre de espaldas al mar, mirando hacia la universidad? Yo nunca te he olvidado. He olvidado todas las cosas que te pedía en mi oración. Pienso que las he recibido, pero no me acuerdo. Lo realmente importante es que te he recibido a ti.
Te conozco y sin embargo no te conozco. Te amo, pero no lo suficiente.
La oración te acompaña, porque la oración, más que una exigencia que nos plantees, es un regalo que nos haces. ¡Ojalá pudiera yo orar¡…y de hecho lo hago.
Enséñame a ir a este país que está más allá de las palabras y los nombres propios.
Necesito que tú me guíes. Necesito que mi corazón se mueva bajo tu impulso. Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración. Necesito que tú fortalezcas mi voluntad. Necesito que tú salves al mundo y lo cambies. Te necesito para todos los que sufren, para los encarcelados, para quienes están en peligro, para los atribulados. Te necesito para toda esa gente que se ha vuelto medio loca.
Necesito que tus manos sanadoras actúen siempre ven mi vida.
Necesito que, a imagen de tu Hijo, hagas de mí un sanador, un consolador, un salvador.
Necesito que tú le pongas nombre a los muertos. Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar el río particular de cada uno de ellos.
Te necesito para mí mismo, tanto si vivo como si muero.
Necesito ser tu monje y tu hijo.
Es necesario. Amén.

viernes, 16 de marzo de 2007

Teresa, la de Jesús.


Teresa de Ávila nació en 1515 y murió en 1582. Leyenda en su España nativa ya en los últimos veinte años de su vida, el encanto de su personalidad perdura en sus cautivantes escritos. Pero más importante es la fascinación que emana de sentir que estamos frente a una persona que no sólo vivió en vinculación con Dios como muchas otras, sino que estuvo vivamente consciente de esta vinculación, de esta inmersión en las aguas divinas, y fue capaz, de algún modo, de mirar y analizar la relación del ser humano con su Divino creador. La Iglesia ha reconocido solemnemente la”autoridad” de Teresa al hablar de las cosas de Dios declarándola “Doctora”.

“Cristo, nuestro amigo.” (Libro de la Vida, de Santa Teresa de Jesús.

“Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero. Y veo yo claro y he visto después que, para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.
Muy, muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor; he visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así que no se quiera otro camino, aunque se esté en la cumbre de contemplación; por aquí se va seguro. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes; él lo enseñará; mirando su vida es el mejor dechado.
¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado?, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo. Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí.
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser los de su cámara y secreto, ir de buena gana. Siempre que se piense en Cristo, acordémonos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor.
Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar; porque si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos todo fácil y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.”

“Los que aman a Dios.” (Camino de Perfección, de Santa Teresa de Jesús.

“Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se juntan siempre, y los favorecen y defienden; no aman sino verdades y cosa que sea digna de amar. ¿Piensan que es posible, quien muy de veras ama a Dios, amar vanidades? Ni puede, ni riquezas, ni cosas del mundo de deleites, ni honras, ni tienen contiendas, ni envidias. Todo porque no pretende otra cosas sino contentar al Amado. Andan muriendo porque los ame, y así ponen la vida en entender cómo le agradarán más.”

“Ser ofrenda.” (Las Moradas, de Santa Teresa de Jesús).

“Poned los ojos en el Crucificado, y todo os será poco. Si su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿Cómo quieren contentarle sólo con palabras? ¿Saben qué es ser espirituales de veras?: Hacerse esclavos de Dios, señalados por su hierro, que es el de la cruz. Que el amor no mira tanto la grandeza de la obra como el amor con que se hacen; por eso, en lo poco que dure esta vida (quizás menos de lo que uno piense) ofrezcamos al Señor los sacrificios interiores y exteriores que podamos, que su Majestad los unirá al que hizo en la cruz por nosotros al Padre.”

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.