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sábado, 8 de diciembre de 2018

SAN JUAN DE LA CRUZ

“Fuera de su nativa España, San Juan de la Cruz nunca fue un santo muy popular. Su doctrina es considerada como “difícil”, y le exige a los demás la misma austeridad intransigente que él practicó durante su vida entera. Sin embargo, un estudio más ceñido a su doctrina…, probaría que San Juan de la Cruz poseía todo el equilibrio, la prudencia y la “discreción” que caracteriza a la más elevada santidad. No es un fanático aplicado a sobrecargar a sus subordinados con fardos insoportables que acabarían por reducirlos a ruinas morales y físicas. Las exigencias que formula son inflexibles en lo esencial pero flexibles en sus aspectos accidentales. Su único propósito consiste en situar al hombre entero, cuerpo y alma, bajo la guía del Espíritu de Dios. En la práctica, San Juan de la Cruz se opuso inexorablemente al formalismo y la inhumanidad de quienes comparaba con “herreros espirituales” que martillaban violentamente las almas de sus víctimas para hacerlas calzar en algún modelo convencional de perfección ascética. Sabía muy bien que este tipo de ascetismo era uno de los más defectuosos, porque a menudo era una manifestación de incorregible orgullo espiritual. La claridad y la lógica de este carmelita español, sumada a su insuperable y experimentado conocimiento de las cosas de Dios, lo sitúan de lejos como uno de los más grandes y más confiables de todos los teólogos místicos”. 


“Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323 
Thomas Merton 
Ed. Lumen

jueves, 6 de diciembre de 2018

NUEVO LIBRO DE THOMAS MERTON

(Antonio Aradillas).- Lo que se dice partidario-partidario de que la mujer alcance idénticos niveles de aspiraciones y responsabilidades que el hombre, dentro de la Iglesia, Thomas Merton no lo fue jamás. No sería, por tanto, congruente, acudir a su autoridad como uno de los grandes pensadores de los tiempos modernos para avalar una de las ideas que se abren camino, y se estiman como elementales también en la Iglesia, tal como ya lo es en el resto de la sociedad y de sus proyecciones sociales, culturales, laborales, políticas, profesionales y demás.

Con esta excepción concreta "eclesiástica", la aportación que a la sinfonía femenina -"combinación armónica de varios elementos"-, le significó y le significa este autor, resulta cierta e incuestionablemente valiosa. Tal es la brillante intención de María Cristina Inogés Sanz, al publicar el libro con el título "La sinfonía femenina (incompleta) de Thomas Merton", en la editorial PPC, en su enciclopédica y venturosa colección ""Sauce", con su número 214.

Con autoridad, acierto y notable capacidad de síntesis, subscribo estas palabras de la presentación:

"En la vida de Thomas Merton hubo muchas mujeres. Están su madre y otras mujeres de su familia; aquellas que conoció en el más amplio sentido del término, durante su alocada juventud; la madre de su hijo; aquellas que formaron parte más adelante, de su círculo de amigos; aquellas otras con quienes mantenía correspondencia y que le ayudaron a ver otros puntos de vista o profundizar en los suyos, y, finalmente, M -como él la llama, el amor de su vida, siendo ya monje. Las mujeres y Merton parece un tema que no se evita, pero del que se prescinde en cuanto hay oportunidad. La historia en la Iglesia está salpicada de parejas que le han aportado mucho. Lo que hace falta es una mirada limpia y una lengua contenida cuando se desconocen las circunstancias". 

Acerca de María Cristina, autora del libro, me limito a historiar que "estudió en la Facultad de Teología Protestante de Madrid -SEUT-, y que actualmente colabora en "Lecturas diarias" de la Iglesia evangélica del Río de la Plata (Argentina), habiendo publicado ya en PPC los libros "Vía Crucis de la misericordia" y "El Cantar de los Cantares".

¡No dejen de leer con serenidad este libro! A sus lectores y lectoras les proporcionará elementos de juicio nuevos, radiantes e intensamente actuales, que contribuirán a que unos y otras se adentren en el misterioso mundo de la mujer, con la seguridad de disfrutar y de sentirse participante activo de las sinfonías que en mayor proporción y calidad enriquecen la obra creada y re-creada por Dios y que está interpretada por el colectivo femenino...

He aquí esta joya preciosa de la página 127, correspondiente al capítulo "Las mujeres en su vida": "Nuestras intimidades realmente se comunican. Es la raíz y el fondo de todas las cosas, y de esto, el amor sexual solo puede ser, en el mejor de los casos, una señal".

Al libro le coloca el punto y aparte este pensamiento profundamente religioso: "Se desaparece en el Amor, para 'ser Amor'".

(Tomado de : Religión Digital).

miércoles, 5 de diciembre de 2018

UNA REFLEXIÓN PARA ESTE ADVIENTO

La Biblia recoge la historia de los encuentros y desencuentros entre Dios y la Humanidad, que se salda indudablemente a favor del primero, que se revela sobre todo como AMOR: un amor personal, infinito, gratuito e incondicional. A partir de aquí podemos hilvanar tres verdades fundamentales: 

Dios es amor, nosotros somos amados (el amor nos define, no el pecado), y juntos construimos un reino de amor (esa es la misión, el propósito que tenemos en la vida como discípulos). 

Prestemos atención a los iconos del Ángelus: El anuncio, la aceptación y el fruto. También nosotros, como discípulos, vivimos la misma dinámica espiritual: la gracia, la acogida y el fruto. Ahora en Adviento celebramos en la liturgia el misterio de esa dinámica espiritual: Las promesas de Dios son la gracia; la confianza y la esperanza son la acogida; el nacimiento espiritual de Cristo en nosotros es el fruto. Navidad es celebrar que el Hijo de Dios se hizo carne nuestra, se “encarnó”, pero también es que nosotros “demos a luz a Cristo para el mundo”. 

Estamos en un camino de liberación, y debemos trabajar para superar cualquier esclavitud; resaltamos la tríada clásica: el tener, el placer, el poder. 

Con el TENER nos referimos a la acumulación compulsiva de bienes materiales, que además no se comparten, y con las que intentamos definirnos. Soy importante, soy mejor, porque tengo más. Esto no implica desprecio de la materia, de lo material, ni mucho menos nos dispensa de buscar la justicia para que todos puedan tener lo necesario, lo debido. 

Con el PLACER nos referimos a la búsqueda compulsiva de experiencias sensibles, a la sexualidad desbordada sin amor y respeto del otro, al buscar cómo pasarlo bien sin que me importen las necesidades ajenas, a la dependencia del alcohol y la droga, a la necesidad de acumular sensaciones cada vez más intensas, como escape de la realidad… Esto no implica el rechazo del cuerpo, ni de la sexualidad humana, ni del derecho a pasarlo bien, al ocio sano. 

Con el PODER nos referimos al afán de dominio sobre los demás, al afán de control, que nos hace sentirnos por encima de las obligaciones comunes, dueño del destino de otros, no sujeto a las leyes sociales. Esto no implica rechazo a la buena política, que se preocupa del bien común, pero sí del partidismo que se aprovecha, de la corrupción, de la imposición de ideas.

En los tres casos dejamos de tener a Dios como centro, como eje, para poner un ídolo en su lugar; y ese ídolo nos hace sentir falsamente fuertes y más libres, cuando en realidad somos esclavos (dependientes) y nuestra condición humana se vuelve frágil, y de va degradando. 


Entendemos entonces por CONVERSIÓN el recuperar nuestra condición de hijos, nuestra libertad, y la plena comunión con Aquel que nos ama y nos sustenta en el ser. No es que estemos fuera de Dios, ni tampoco que tengamos que volver a Él; somos en Dios, pero la esclavitud o dependencia (el pecado) nos ciega, y no somos capaces de vernos en nuestra verdadera identidad de hijos. Y es Dios el que obra, el que sale a nuestro encuentro, el que vine siempre. 

Cada Adviento nos recuerda que siempre es Adviento. Que Dios sale siempre a nuestro encuentro en Cristo, y que nuestra tarea, usando las palabras del Bautista, es PREPARARLE UN CAMINO. ¿Cómo? 

1. Alimentando la conciencia de nuestra identidad: hijos amados de Dios., llamados a vivir en el amor, sin miedos, sin angustia, sin culpas inútiles. 

2. Manteniendo viva la certeza de una Presencia, sanadora y liberadora, en nosotros. ¿De qué modo? 

3. Lectura cotidiana de los Evangelios, diálogo con Jesús Maestro; aprovechamiento de los sacramentos, en especial la participación dominical en la Eucaristía, porque… 

4. El vínculo mayor con Dios lo tenemos cuando nos reunimos en su nombre, como pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, compartiendo con os hermanos/as la Palabra y la Mesa. 

5. Es todo lo anterior lo que nos permite vivir testimoniando a Dios con una vida buena, justa, rechazando todo lo que Dios rechaza. Lo primero es SER y como consecuencia, como fruto, está el HACER. Si descuidamos lo primero, entonces se hace más difícil e inalcanzable lo segundo.

¿Cómo debe vivir un cristiano? HACIENDO EL BIEN. 

Miremos a estas tres figuras del Adviento: El Ángel, la Virgen y el niño. No pretendemos obviar que en este camino están también los profetas de Israel, en especial Isaías, y Juan Bautista, a quien ya mencionamos, y también Isabel, la esposa de Zacarías, y el mismo José, custodio de la esperanza y del amor que viene. Pero queremos detenernos en los tres primeros, porque enlazan con el principio de nuestra reflexión del Ángelus: 

El ÁNGEL nos recuerda que Dios está pendiente siempre de nuestra vida, que acude siempre para poner su gracia, que nos rodea de mediaciones (personas, encuentros, acontecimientos) para patentizar su elección por nosotros. Somos hijas e hijos de Dios, y Dios no se olvida de sus hijos. 

La VIRGEN nos invita a la preparación interior, a la confianza, a la disponibilidad, al abandono. Dice Pablo que para los que aman a Dios todo se vuelve bendición, se vuelve cauce para la maduración y para una vida más plena. Aprender a decirle a Dios: aquí estoy, no temo, porque tú estás conmigo… que se haga vida en mí tu amor. Esto no es resignación, sino confianza y disponibilidad. Dios vela y Dios ama, y sus fruto será también de amor. 

JESÚS, el niño que nace en Navidad, es el don de Dios, es decir, no cosas de Dios, sino Dios mismo. Con frecuencia nos volvemos reclamadores, exigentes de cosas, milagros, caprichos… pero cuando el mismo Dios viene le cerramos la puerta. Nos da miedo que nazca y crezca Dios en nuestra vida. 

De todo lo anterior ya podemos ir sacando conclusiones acerca de lo que es e implica el Adviento y la Navidad que preparamos. Cada tiempo litúrgico realiza en nosotros el misterio del encuentro en Dios y nuestra humanidad, y la vida de Cristo se hace carne en nuestra propia carne… ese es el mayor milagro de la fe. Que en nosotros Cristo recorra los caminos del mundo haciendo el bien, sanando y perdonando, gritando que el Reino está cerca y que Dios nos ama, que es Amor.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

lunes, 3 de diciembre de 2018

BUSCANDO EL BIEN QUE YA POSEEMOS

"Cuanto más buscamos "el bien" fuera de nosotros mismos como algo a ser alcanzado, más sentimos la necesidad de discutir, estudiar, comprender y analizar la naturaleza de ese bien. De este modo, nos sumergimos más en abstracciones y en la confusión de opiniones divergentes. Cuanto más objetivamente se analiza "este bien", cuanto más se lo considera como algo a alcanzar a través de técnicas virtuosas especiales, se vuelve menos real. Cuanto menos real se vuelve, más se aleja en la distancia de lo abstracto, lo futuro, lo inalcanzable. Entonces, nos concentramos más en los medios para alcanzarlo. Y cuando el fin se vuelve más remoto y más difícil, los medios se vuelven más elaborados y complejos, hasta que finalmente el simple estudio de los medios es tan demandante que todos los esfuerzos se centran en él, y el fin cae en el olvido... Todo esto no es más que desesperanza organizada: "el bien que el moralista predica y exige finalmente se vuelve "mal", sobre todo porque la búsqueda sin esperanza de este bien nos desvía del verdadero bien que ya poseemos y que despreciamos o ignoramos"

Thomas Merton
(Encuentro con Merton, Henri Nouwen, Bonum, 2007)

sábado, 1 de diciembre de 2018

ADVIENTO 2018: BUSCA TIEMPO PARA DIOS.

"¡Arriba, tú, hombrezuelo! ¡Huye un poco de tus ocupaciones! Entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones que te agobian y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Búscate tiempo para Dios y descansa. Habla con Dios y dile con todas tus fuerzas: “Quiero, oh Señor, buscar tu rostro” (salmo 27,8). Señor mío y Dios mío, enseña a mi corazón dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo puedo encontrarte".

(San Anselmo)

viernes, 30 de noviembre de 2018

EL CUERPO: COMO UN CRISTAL DE LUZ...


“El cuerpo ha sido para la espiritualidad occidental no una disposición, no un camino, no algo que ayuda, sino al revés: ha sido un obstáculo, una carga, ha sido algo negativo que había que superarlo, que domarlo.  Yo diría que en esto debemos tener una conversión de mentalidad. Creo que nos tropezamos con un nuevo prejuicio de muchos siglos, y que está ahí. Tenemos que descubrir que el cuerpo no es un obstáculo, no es un lastre, no es una cosa negativa. Tenemos que descubrir o transformar el cuerpo, de manera que sea para nosotros como un cristal de luz, un vaso de perfume, un velo transparente que exprese el espíritu. Un medio de expresión y comunicación, un espacio de expansión, un lugar de gozo. Una fuente de espontaneidad y belleza.


En occidente al cuerpo lo hemos disociado. Hemos separado al espíritu del cuerpo, lo hemos partido en dos. Hemos disociado a la persona, hemos despreciado, desvalorado, y yo diría más, odiado al cuerpo, lo hemos cosificado, mecanizado y lo hemos desintegrado. Y de ahí vienen muchas enfermedades. Ya no es solamente que con esto hemos perdido una de las formas de la ascética oriental que nos puede disponer mejor para la contemplación en el orden  espiritual. Es que incluso esto ha sido causa de tantas vidas desdichadas, empobrecidas, llenas de conflicto, de tantas vidas enfermas, y no solamente en el orden de la enfermedad psicológica, sino también en el orden de la enfermedad física.

 Frente a eso, el Oriente nos aporta un concepto unificado del ser humano. Para ellos, el cuerpo es como una manifestación del espíritu, no hay en la tradición oriental india esta actitud negativa de desprecio, de odio, de disociación. Al revés, hay un valorizar el cuerpo, como forma del espíritu, como camino para encontrar el espíritu”

Fernando Urbina, Teología de la contemplación.
EDE, 2009.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

MONJE Y ESCRITOR


“Me parece que el hecho de escribir, lejos de ser un obstáculo para la perfección espiritual en mi propia vida, se ha convertido en una de las condiciones de las que dependerá mi perfección. Si he de ser un santo –y eso y no otra cosa es precisamente lo que debo pensar y desear–, parece que he de conseguirlo escribiendo libros en un monasterio trapense. Si he de ser un santo, no debo limitarme a ser un monje, que es lo que todos los monjes deben hacer para convertirse en santos, sino que, además, he de poner por escrito aquello en lo que me he convertido. Puede parecer sencillo, pero no es una vocación precisamente fácil.
Ser un monje tan bueno como me sea posible y seguir siendo yo mismo y escribir sobre todo ello. Poner por escrito, en semejante situación, todo lo referente a mi vida con la mayor simplicidad e integridad, sin enmascarar cosa alguna, sin confundir las cuestiones: esta tarea es muy dura, porque estoy envuelto en ilusiones y apegos. También estas cosas tienen que quedar reflejadas en mis escritos. Pero sin exageraciones ni repeticiones ni énfasis inútiles. No necesito darme golpes de pecho ni lamentarme ante nadie que no seas Tú, oh Dios, que ves las profundidades de mi fatuidad. Ser sincero sin resultar pesado. Es una especie de crucifixión, no excesivamente dramática o penosa, ciertamente. Pero esto requiere tanta sinceridad que supera mi naturaleza. De un modo u otro, tiene que venirnos del Espíritu Santo”.

Thomas Merton, Diarios.
1 de septiembre de 1949

lunes, 26 de noviembre de 2018

EL AMOR DE DIOS

Dios es amor: esa es para mí la afirmación más importante de toda la Escritura. Costó mucho tiempo llegar a ella, hizo falta un largo camino, pero al final pudo alguien, algunos, interpretar lo que Jesús quiso decir cuando pasó por el mundo haciendo el bien. Dios es amor. El mandamiento de Jesús, el primero y más importante, es amar. Amar a Dios, dijo, siguiendo la Torá, y amar al prójimo, y estos dos mandamientos son inseparables, porque a Dios nadie puede verlo, pero al hermano, conocido o extraño, lo tenemos todos delante, y ahí está Dios presente.  El ser humano es para mí la mejor imagen de Dios, el mejor icono, la presencia más real. 

 El peligro de las religiones es que sus mediaciones pueden ejercer el efecto contrario para el que fueron pensadas: nos alejan del Dios real; nos alejan del prójimo. Y acabamos no amando a Dios en el prójimo, sino odiando al prójimo en el nombre de Dios, condenando al prójimo, juzgándolo, apartándolo. Convertimos el mandamiento de amar en derecho a juzgar al que no piense como yo. Nos creemos con el derecho de catalogar el amor de los otros: bueno o malo, falso o verdadero, de Dios o no de Dios.
Pero:  Quién soy para evaluar el amor de los demás? Acaso mi amor es perfecto?

Por mi parte, yo procuro amar a todos, y ver en ellos la presencia amorosa de Dios. Procuro no juzgar a nadie, sino que intento amar a cada uno que encuentro en mi camino, como tengo la certeza inamovible de que Dios les ama.  Veo el amor de Dios en todos, incluso en los que no me quieren bien, en los que piensan distinto de mí, y puedo no compartir lo que hace una persona, pero procuro no juzgarla; y si creo que hace mal, no confundo lo que hace con lo que es. 

Todo amor, por imperfecto que sea, tiene algo de Dios, y por ahí voy. Eso quiero ver, y no evaluar. No soy perfecto, no hay amor perfecto, salvo el de Dios, por eso  procuro no quedarme en las anécdotas que suelen traerse a colación cuando alguien quiere resaltar lo mal que va este mundo, pues si vamos a buscar, las hay terribles también en las mismas Iglesias; porque en nombre de Dios, y de ciertas exigencias de perfección, se ha despreciado, humillado y marginado a mucha gente. Mucha gente a terminado rechazando al Dios amor porque se han encontrado con un dios de odio en quienes dicen hablar o actuar en su nombre. 

Jesús es el maestro para hablar de Dios, y él primero ama, entiende, libera de culpa y luego invita a crecer, a ir más allá. Creo que ese es el camino que podemos abrir, ahora y siempre, si queremos ser verdaderos testigos del Dios de Jesús: el de un amor que va delante,  que se adelanta a cualquier tipo de arrepentimiento, que es gratuito e incondicional. Es el único amor que puede cambiar un corazón y transformar el mundo. Y no es un amor blando como dicen algunos, que se creen llamados a corregir, a enviar al infierno, e incluso se burlan del diferente, del caído: nada es más exigente que el amor, lo digo siempre, porque la Ley pone límites a lo que debemos acatar, pero el amor exige ilimitadamente. Pero lo hace de otro modo: pacientemente, alegremente, libremente, suavemente. 

Me gustaría tanto que pudieras experimentar este amor en tu vida.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

martes, 20 de noviembre de 2018

PREPARANDO EL CERCANO ADVIENTO...


En menos de 15 días, dos domingos, comenzamos el nuevo año cristiano, con el primer domingo de Adviento, y resulta siempre provechoso, espiritualmente, prepararnos para ello con algunas lecturas personales, además de participar en las celebraciones de la comunidad eclesial. Será un paso más de la “interminable aventura de la vida espiritual”, pues cada año –dice Joan Chittister- es un punto de crecimiento claramente identificable en la vida de una persona. Las celebraciones del año litúrgico tienen el propósito de sintonizar la vida del cristiano con la vida de Jesús, el Cristo, por ello nos sumergen en el sentido y la esencia de la vida cristiana; es un verdadero “ejercicio de maduración espiritual”.

En este mismo blog, y en otros afines, podrán encontrar información sobre el Adviento, en las entradas de los años anteriores, sobre todo textos de TM, y su libro “Tiempos de celebración”, cuya lectura resulta muy apropiada para adentrarse en el sentido de la liturgia cristiana. Entre los ensayos que incluye destacaría: “Liturgia y personalismo espiritual”, “El tiempo y la liturgia” y “Adviento: ¿Esperanza o engaño?”.

También incluiría la lectura de algunos libros de Anselm Grün, y en primer lugar “Año litúrgico sanador. El año litúrgico como psicodrama” (Verbo Divino, 2002), así como otros escritos suyos que ofrecen pautas para la vivencia cotidiana de la fe. Para este año sumo además un libro de Joan Chittister, del que pueden encontrar citas en este mismo blog, “El año litúrgico. La interminable aventura de la vida espiritual”, publicado por Sal Terrae. 

Así, entre lecturas nuevas y relecturas, me preparo para el nuevo tiempo litúrgico, de manera que “pueda desarrollar las dimensiones cósmicas de lo que significa estar vivo en la entraña misma de la vida cotidiana”.

Como sustrato de lo anterior suelo leer cada año la amplia introducción que trae el primer tomo de la Liturgia de las Horas, en las que aparece ampliamente explicado el sentido del ciclo anual de celebraciones en la oración comunitaria de la Iglesia.

Otra sugerencia: suelo revisar cada año, a lo largo de estas semanas previas, los textos bíblicos que se utilizarán en los cuatro domingos de Adviento, para captar el sentido espiritual del “camino” que voy a emprender. Así, para cada domingo de este tiempo busco, para servirme de ello a lo largo de esa semana, un deseo, una suplica, una certeza y un propósito. Podemos hacerlo solos, a nivel personal, o a nivel de grupos en nuestra comunidad religiosa o parroquial, e incluso puede hacerse a nivel de familia.

Es importante que no seamos meramente entes pasivos en este proceso, sino que además de aprovechar los espacios eclesiales, seamos creativos en nuestra vida espiritual. A ello les invito con el deseo de que este nuevo Adviento traiga renovación, esperanza y alegría renovadas para todos.

(Fray Manuel de Jesús, ocd).

domingo, 18 de noviembre de 2018

BUSCANDO AL DIOS VIVO (2).


El cristianismo de nuestro tiempo está viviendo un nuevo capítulo de esta búsqueda del Dios vivo; hoy se descubre a Dios en el encuentro con la presencia y la ausencia divina en las experiencias cotidianas de lucha y esperanza, tanto ordinarias como extraordinarias. Han surgido nuevas experiencias de Dios, y estos son algunos ejemplos: el esfuerzo por luchar contra las tinieblas del Holocausto, en la lucha de los pobres y perseguidos por lograr la justicia social, los afanes de las mujeres por lograr igual dignidad humana, el encuentro del cristianismo con el bien y la verdad de otras tradiciones religiosas, o los esfuerzos de los ecologistas por proteger el planeta. Ninguna época carece de presencia divina, pero la nuestra florece de manera particular.

TRES NORMAS BÁSICAS PARA HABLAR DE DIOS: Para superar una visión excesivamente racionalista de Dios que hizo perder el norte a ciertos espirituales de la época de la ilustración (teísmos), compartamos unas líneas directrices que tienen su origen en el cristianismo primitivo y medieval, y que son recuperadas por la teología más actual:

1.     La realidad del Dios vivo es un misterio inefable que está más allá del discurso.
2.    Ninguna expresión acerca de Dios puede ser tomada de manera literal.
3.    Vemos la necesidad de dar a Dios muchos nombres.

Vamos a explicar algo de cada una de ellas:
1.     El Santo, infinitamente creador, redentor e inhabitador, está por encima y tan profundamente dentro del mundo como para ser literalmente incomprensible.  La mente humana no puede clasificar lo divino con palabra o imagen, por verdadera, hermosa o excelsa que sea. Los cristianos creen que Dios se ha hecho cercano en Jesucristo, pero aun así el Dios vivo sigue siendo un misterio inefable y no puede ser circunscrito (como dijo Pablo: vemos como en un espejo, en enigma). La historia de Agustín (en la playa, diálogo con el niño que intenta meter el mar en un hoyo en la arena) y una expresión de RANHER: somos como una islita rodeada por un gran océano; hacemos incursiones en el agua, pero las profundidades marinas excederán siempre nuestra comprensión.

2.    Nuestro lenguaje como un dedo que apunta a la luna, no la luna misma. Las palabras humanas acerca de Dios nunca han de ser tomadas literalmente, proceden por vía indirecta. En la teología católica esto se expresa mediante el concepto de analogía, y en la protestante mediante la metáfora; hoy también se usa mucho el símbolo, que abre nuevos niveles de comprensión de la realidad. Finalmente son los místicos de todas las tradiciones los que superan el pensamiento conceptual, y renuncian al deseo de dominar y definir, encontrando a Dios en lo más profundo de su ser.

3.    Si los seres humanos fueran capaces de expresar la plenitud de Dios con un nombre “directo como una flecha”, la proliferación de nombres, imágenes y conceptos observables a lo largo de la historia de las religiones carecería por completo de sentido. Pero ese nombre no existe, sino que en muy disímiles situaciones, lo seres humanos nombran a Dios con una sinfonía de notas. Frente a toda la riqueza de nombres que aparecen en la Escritura para referirse a Dios prosigue sin embargo lo que llama Santo Tomás “la pobreza de nuestro vocabulario”; incluso tomando mil nombres, imágenes y perfecciones y sumándolos, no se trasmitiría una comprensión plenamente adecuada ( Si lo has entendido, no es Dios).

Estas normas para hablar acerca de lo divino están profundamente arraigadas en la verdad del Dios vivo, y aun así en nuestro mundo se derraman torrentes de palabras sin la consciencia previa necesaria. Esta reflexión pretende e invita a liberar nuestra imaginación de modelos culturales rígidos, a la vez que aseguran cierta modestia en el discurso cuando atisbamos nuevas fronteras para  encontrar a Dios. Algunas personas se aferran a la antigua visión y no quieren cambiarla, temerosos de perder la esencia, pero la mayoría avanza buscando  un sentido último coherente con su experiencia actual de la vida. Únicamente el Dios vivo que pasa por encima de todos los tiempos puede interrelacionarse con las nuevas circunstancias históricas que el futuro continuamente aporta. Una tradición que no cambia no puede ser preservada. Cuando las personas experimentan que Dios sigue teniendo algo que decir, las luces permanecen encendidas.

(Estas notas fueron tomadas a partir de: “La búsqueda del Dios vivo”, de Elizabeth A. Johnson, Sal Terrae 2008).

La imagen de las dos entradas con este título pertenecen a YAZMI PALENZUELA. Gracias.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.