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viernes, 2 de noviembre de 2018

LA FALSA LLAMA (4).

Acerca de las experiencias emociones en la vida espiritual, escribe Thomas MERTON en este artículo titulado LA FALSA LLAMA, que hemos compartido en el blog; y así, en esta última parte, sigue diciendo: 

"Nos esforzaremos por alejarnos de ellas y evitar las ocasiones que las provocan, si podemos precisar cuáles podrían ser estas. Pero no debemos perturbarnos ofreciendo una resistencia violenta; basta con permanecer pacíficamente indiferentes respecto a ellas. Si no podemos hacer nada para evitar estos sentimientos de embriaguez y alegría espiritual, los aceptaremos con paciencia, con reserva y hasta con cierta humildad y agradecimiento, comprendiendo que no sufriríamos tales excitaciones si no quedaran tantos sentimientos naturales en nosotros.

Tenemos que negar el consentimiento a todo cuanto haya de desordenado en ellas, y dejar el resto a Dios, aguardando la hora de nuestra liberación en las alegrías reales, los gozos puramente espirituales de una contemplación en la que nuestra naturaleza, nuestras emociones y nuestro yo no enloquecerán, sino que seremos absorbidos y quedaremos inmersos, no en esta embriaguez tambaleante de los sentidos, sino en la ebriedad limpia e intensamente pura de un espíritu liberado en Dios.

Es indudable que la pasión y la emoción tienen su lugar en la vida de oración, pero deben ser purificadas, ordenadas y sometidas al amor más elevado. Entonces, también ellas pueden compartir la alegría del espíritu y hasta contribuir a ella, en cierta medida. Con todo, hasta que sean espiritualmente maduras, las pasiones deben ser tratadas con firmeza y reserva, incluso en las consolaciones de la oración. Cuándo son espiritualmente maduras? Cuando son puras, limpias, mansas, silenciosas, no violentas, desinteresadas, desprendidas... y, por encima de todo, cuando son humildes y obedientes a la razón y a la gracia".

ESPIRITUALIDAD: ACCIÓN, AMOR, CONOCIMIENTO

"Comenzaremos por definir pragmática e incluso fenomenológicamente la espiritualidad como una manera determinada de enfrentarse a la condición humana. Expresando esta idea en términos más religiosos, podríamos decir que consiste en la actitud básica del hombre con respecto a su fin último... Una de las características que diferencia una espiritualidad de una religión establecida es que la primera tiene una mayor flexibilidad, pues se mantiene al margen de toda la serie de ritos, estructuras, etc., que son indispensables a toda religión. De hecho, una religión puede incluir diversas espiritualidades, pues la espiritualidad no está directamente ligada a ningún dogma o institución. Es más bien una actitud mental que puede adscribirse a religiones diferentes.

Podemos diferenciar tres formas de espiritualidad: de acción, de amor y de conocimiento, o, expresado en otros términos, espiritualidades centradas en la iconolatría, el personalismo y el misticismo.

1. Alguien puede intentar que su condición humana se desarrolle y perfeccione adoptando como modelo una imagen, un ídolo, un icono, que está al mismo tiempo fuera (atrayendo), dentro (inspirando) y arriba (dirigiendo). Es esto lo que da a la vida humana, a su carácter moral, pensamiento y aspiraciones, una orientación propia y un estímulo para la acción.

 2. También se podría tratar de establecer otra clase de relación en lo que podemos denominar lo Absoluto, por llamarlo de algún modo.  Puede considerárselo como el misterio oculto en lo más profundo del alma humana, misterio que sólo puede descubrirse y hacerse efectivo por el amor, por una íntima relación personal, por el diálogo. En este caso, Dios no sólo es, por decirlo así, el polo esencial que orienta la personalidad humana, sino también su elemento constitutivo, pues no se puede vivir o ser sin amor y no se puede amar sin esta  dimensión de verticalidad que únicamente se realiza en el descubrimiento de la persona divina.

 3. La tercera forma de espiritualidad subraya los derechos del pensamiento y las exigencias de la razón, o más bien, del intelecto o intuición; rechaza un Dios más o menos construido a la medida y necesidades del hombre y pretende penetrar en el análisis último del ser para encontrar allí una visión que dé al hombre la posibilidad de vivir en la plena aceptación de su propia humanidad".

Raimon Panikkar
La Trinidad.

jueves, 1 de noviembre de 2018

SANTIDAD CRISTIANA


Al tema de la Santidad volvemos siempre, porque nos apasiona y desafía, y forma parte del gen espiritual de todos los seres humanos. Cuando hablamos de santidad, nos referimos básicamente a una vida en la que se despliegue el potencial espiritual recibido como don en el sacramento del bautismo[1], pero que ya está en nuestra esencia humana por el hecho de ser creaturas, es decir, tener nuestro origen en Dios; y esto implica,  en clave cristiana,  hablar de una vida plenamente realizada, según el proyecto de Dios Padre para todos sus hijos. 
El término “santidad” aparece generalmente vinculado  a otros términos afines:   discipulado, seguimiento, imitación,  filiación, unión, vida espiritual, vida que tiene su fuente en Cristo, o a  lo que el tratado de la gracia denomina “participación”. Así, podemos afirmar que el concepto de santidad implica, por tanto, en lo concreto, vitalidad y dinamismo en la práctica de la fe.
El  sinónimo más frecuentemente   utilizado en el campo de la teología espiritual para referirse a  la santidad es “perfección”[2]. Aunque personalmente prefiero utilizar la palabra  “santidad”, y soy  partidario de recuperar el sentido del término en toda su amplitud, y de modo especial a nivel pastoral, no hay que rechazar de plano el valor que el término “perfección”, y  otros conceptos afines, han tenido en la Iglesia durante muchos siglos. Como imperativo evangélico transformaron  la vida de muchas personas, y marcaron épocas, grupos humanos, fecundando la historia, ya sea que se utilizara una u otra expresión[3]. No obstante, siempre hay que resaltar que la condición humana es de por sí imperfecta, e insistir de manera inadecuada en el término perfección puede ayudar en el desarrollo de prácticas espirituales inadecuadas e incluso patológicas. Santidad, dijo alguien, más ser perfecto es estar completo, y creo que se entiende mejor desde esa perspectiva: caminar hacia una plenitud  de vida en Dios, que también considera nuestros límites y valora nuestros propósito de crecimiento, dentro de un progresivo proceso de maduración humana y espiritual. 

Me parece que ilumina el tema las distinciones que hace Luis Aróstegui, carmelita descalzo, para entender de lo que hablamos cuando tratamos acerca de la santidad: 

Primero, para la fe Bíblica y cristiana,  el Santo es ante todo Dios, que merece adoración;  es decir,  el reconocimiento de lo santo como santo, de Dios como Dios. 

Luego, en segundo lugar,  lo Santo santifica o reserva especialmente para sí realidades terrenas, lugares, personas tiempos, acciones, relacionadas especialmente con el Santo, que funcionan como mediaciones para entrar en comunicación con los humanos. Son realidades “santas” por participación, que resultan accesibles y que pueden ser profanadas, pero el Santo no, en el sentido de que por ello sufra detrimento su santidad. 

Y en tercer lugar estarían las personas llamadas “santas” en el devenir histórico cristiano, distinguibles de las que anteriormente señalábamos porque en ellas la presencia de Dios (del Santo) se realiza a través de lo ético.

Así también, dice el mismo autor, en  la aplicación del calificativo “santo”, se pueden distinguir varios niveles:

a. los santos en el sentido del Nuevo Testamento, es decir, los cristianos que viven cristianamente, que han recibido la fe en el bautismo, y con ella la filiación, el Espíritu Santo. Son santos, no sólo consagrados al culto divino, sino consagrados interiormente, en su propio ser.

b. Luego, en un sentido más restringido, santos son los cristianos que viven plenamente la vida cristiana, los que han alcanzado su madurez en Cristo, y lo viven con sencillez y libertad, con naturalidad. Casi nunca empleamos con ellos la palabra “santa”, por parecernos demasiado grandes; les llamamos “buenos”.

c. Y finalmente, están los santos  canonizados o canonizables, una santidad con signos “extraordinarios”, que funcionan como “modelos” eclesiales e incluso humanos.

 Estas distinciones ayudan en la comprensión de la santidad cristiana, pero por supuesto que no agotan el ámbito del que tratamos, que permite siempre nuevas maneras de vida y relaciones humanas, como expresión del actuar de Dios en el mundo.
  
Son muchos los  frutos  que la llamada a la santidad   ha dejado en la Iglesia y en el mundo, y muchos los hombres y mujeres santos de los que la Iglesia guarda memoria viva,  aunque no es menos cierto también que en algunos ambientes  aparecen testimonios de una comprensión negativa de esta realidad, tal vez por cierta ambigüedad que acompaña al concepto, o porque no deja de ser la santidad algo que nos supera y los que se empeñan en alcanzarla entran en una corriente de curso  impredecible[4]. Los mismos creyentes en las comunidades cristianas no están imbuidos de lo que implica, en todo su sentido, la llamada a la santidad que hemos recibido todos los que nos llamamos cristianos. Aunque a partir del Concilio Vaticano II  se ha hecho común hablar de la “llamada a la santidad de todos los bautizados”,  todavía falta mucho para que la santidad se convierta en un aspecto central en la vida de los cristianos[5], y mueva a nuestras comunidades de fe a dar un testimonio más vivo y encarnado del amor de Dios. 



[1]  C. A. Bernard, Teología Espiritual, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2007, P.23
[2] Cierta ambigüedad y discusión en el uso de ambos términos. Parece que “perfección” referiría más al sentido de algo completo, acabado, realidad que contrasta con la experiencia humana, siempre inacabada. Hoy algunos autores prefieren utilizar otros conceptos, como “madurez” o “maduración”...
[3] S. Arzubialde, “Theologia Spiritualis. El camino espiritual del seguimiento a Jesús”, Madrid, Publicaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1989, 65-82.
[4] En este sentido resultan curiosas las palabras de Dorothy Day: “Cuando te llaman santa, significa, básicamente, que no deben tomarte en serio”; lo veía como una manera de quitar valor a sus propuestas radicales. R. Ellsberg, Todos los santos, Buenos Aires-México, Lumen, 2001, 564.
[5] S. Gamarra, Ob. Cit.,  180: “El que sea para todos no quiere decir sin más que la tengan todos. Es muy fácil quedarse en la mera complacencia de una vocación compartida a la santidad sin ninguna urgencia personal concreta. Se necesita marcar el camino y seguirlo”.

sábado, 27 de octubre de 2018

GETHSEMANÍ


El monasterio cisterciense de Gethsemaní, cercano a Bardstown (Kentucky, USA), fue fundado en 1848 por monjes cistercienses (trapenses) venidos desde Francia bajo la dirección del P. Eutropius Proust. Cuando se cumplió el centenario de la fundación, se le pidió a Thomas Merton que escribiera la historia de Gethsemaní (Gethsemaní Magnificat). Merton oyó hablar de este lugar por primera vez a su maestro y amigo Daniel Walsh. En la primavera de 1941, durante la Semana Santa, Merton hizo allí un retiro que cambió su vida. El 9 de diciembre de ese mismo año  tomó el tren a Kentucky y pidió ser admitido en la orden. Fue monje de Gethsemaní durante la segunda mitad de su vida (veintisiete años).  
Luchando a veces por buscar mayor soledad en algún otro lugar, obedeció a sus superiores cuando le dijeron que su vocación estaba ligada a Gethsemaní. En 1965 se convirtió en ermitaño  en los terrenos de la abadía. Tras su muerte accidental en Bangkok, sus restos fueron devueltos a Gethsemaní, y reposan en el cementerio de la abadía, anexo a la iglesia del monasterio.

 (Diccionario de Thomas Merton)

INVITADO A UNA FIESTA EN OTRA ORILLA...

"Esta noche he tenido un sueño que, desde muchos puntos de vista, ha sido hermoso y conmovedor: un sueño hierático.
Estoy invitado a una fiesta. Me encuentro con algunas de las mujeres que se dirigen a la misma fiesta, pero hay una separación. Estoy solo en los muelles de una pequeña ciudad. 
Un hombre me dice que por cinco dólares puedo ir en yate adonde quiera. Tengo cinco dólares, y más de cinco dólares: cientos de dólares, y también francos. Soy consciente de mi vestimenta clerical. El yate es una pequeña goleta, una goleta ordinaria
y no un yate. No se separa de la costa. Nosotros hacemos que se desplace un poco, empujando desde dentro. Después me veo nadando mar adentro en el agua hermosa y mágica de las profundidades, de donde surge una vida maravillosa a la que yo no tengo acceso, una vida y un vigor que yo temo. Sé que buceando en el agua en cuestión puedo encontrar algo maravilloso, pero no sería adecuado ni correcto que yo me pusiese a bucear, puesto que me dirijo a la otra orilla, con la fuerza que he recibido del agua, la
inmortalidad.

Luego, una vez llegado a la casa de verano de la otra orilla, lo primero que hago es jugar con el perro, y el niño me trae dos trozos de pan blanco con mantequilla, que yo devoro nada más llegar".

12 de septiembre de 1961
Thomas Merton, Diarios.

miércoles, 24 de octubre de 2018

DOS LIBROS DE THOMAS MERTON

LA EXPERIENCIA INTERIOR: Este libro de Thomas Merton explora el significado y la práctica diaria de la contemplación, el corazón de la experiencia monástica y religiosa, y constituye su obra más completa sobre el tema. Editada con toda fidelidad por un experto en Merton, tiende un puente entre las primeras obras del autor sobre la contemplación, de clara inspiración católica, y las posteriores, en las que adopta una postura más ecléctica. Este libro pone de manifiesto su creciente interés por las tradiciones orientales de meditación y espiritualidad, sobre todo por la tradición budista, que influyeron notablemente sobre su pensamiento y escritos en la última década de su vida. La experiencia interior no sólo supone una trascendental presentación de la mejor enseñanza que existe sobre la contemplación y la meditación, sino que además muestra cómo se practica la contemplación en la vida cotidiana Colección El Viaje Interior, ONIRO, 228 páginas).


REFLEXIONES SOBRE ORIENTE: Esta breve obra consta de cinco capítulos dedicados a otras tantas corrientes de la filosofía y la religión orientales: taoísmo, zen, hinduismo, sufismo y varias modalidades poco conocidas del budismo. Al final del libro, el autor habla de sus memorables entrevistas con el Dalai Lama, que lo recibió tres veces en audiencia privada. El monje trapense Thomas Merton es el máximo exponente contemporáneo del acercamiento entre el ascetismo cristiano y la filosofía oriental. Su interés por el budismo y el taoísmo le llevaron hasta las fuentes de estas milenarias "religiones sin Dios": viajó a la India y al Tibet y se entrevistó con algunos de sus maestros espirituales, entre ellos el Dalai Lama. En este libro se recogen las experiencias y reflexiones de Merton a raíz de sus iluminadores encuentros con la filosofía oriental. Con palabras sencillas y profundas, el autor logra transmitir al lector occidental la oculta sabiduría de las religiones y filosofías más antiguas del mundo (Colección El Viaje Interior, ONIRO, 128 páginas).

UN ACTO CIEGO DE FE

"Cada día percibo algo de lo que ocurre en mí cuando tengo que retractarme de mis propias ideas acerca del canto, de la vida interior, de la soledad, de la vocación cisterciense, etc., etc. Cada día sacrifico a Isaac, es decir, mi hermoso sueño acerca de una vida silenciosa, solitaria y bien ordenada de perfecta contemplación y perfecta observancia monástica, sin intromisiones del mundo, sin publicidad y sin libros de gran éxito; ¡¡simplemente, con Dios y con esa agradable, arcaica y pequeña celda de cartujo!! Tengo que hacer ese acto ciego de fe que me asegura que Dios y Nuestra Señora me están llevando –«a través de la cruz»– hacia algo mejor, que probablemente yo nunca veré en esta orilla del cielo".


Thomas Merton 
Diarios.1 de mayo de 1949. 
Santos Felipe y Santiago. Día de retiro.

UN AMOR QUE INTERCEDE Y VE MÁS LEJOS...


"Señora, cuando aquella noche abandoné la Isla que antes fue tu Inglaterra,
tu amor me acompañaba, aunque yo no lo supiese
ni tuviese conciencia de ello.
Y era tu amor, tu intercesión por mí ante Dios,
lo que disponía las aguas delante de mi barco,
y me abría la ruta hacia otro país.
Yo no estaba seguro de adónde iba,
ni podía ver qué haría cuando llegara a Nueva York.
Pero tú veías más lejos y más claro que yo.
Abrías los mares delante de mi barco,
que a través de las aguas me conducía
a un lugar con el que nunca había soñado
y que ya entonces me preparabas
para que fuera mi rescate, mi abrigo y mi hogar.
Y cuando yo creía que no había Dios, ni amor, ni misericordia,
tú no dejabas de guiarme al centro de Su amor y Su misericordia,
y me llevabas, sin ser yo consciente de ello,
a la casa que me ocultaría en el secreto de Su Faz".



Thomas Merton
La montaña de los siete círculos

martes, 16 de octubre de 2018

DIRECCIÓN ESPIRITUAL Y MEDITACIÓN


En REVISTA DE ESPIRITUALIDAD, conocida publicación carmelitana de ciencia y vida espiritual, con fecha abril-septiembre de 1962, encuentro la presentación de un libro de THOMAS MERTON, “Dirección espiritual y meditación”, escrita por el muy conocido y malogrado carmelita descalzo CRISÓGONO DE JESÚS.  Como una curiosidad, y también por su sencillez y claridad, la comparto 

“El conocido y benemérito cisterciense de la abadía de Getsemaní trasciende una vez más su austero retiro para suscitar inquietudes de vida divina entre el gran público de habla inglesa. Obra breve pero sustanciosa. Sus páginas están sembradas de ideas y consejos de mucha utilidad tanto para seglares como para sacerdotes y religiosos, sobre todo su primera parte. No busca el autor presentarnos una obra completa. Espera solamente ayudar a quienes no hayan encontrado lo que necesitan en otros libros de la misma materia. 

La obra contiene dos partes como indica el título de la misma: Dirección espiritual y Meditación. En la primera parte, el autor se propone: 

1. Ayudar a las almas que buscan o tienen ya dirección, para que consigan el máximo provecho espiritual de esta gracia. 

2. Estimular a los sacerdotes demasiado tímidos para considerarse posibles directores espirituales para que, confiando en la ayuda de Dios, se animen en la empresa de estimular y dar consejo a las almas en el confesionario, cuando esto es posible. 

3. Finalmente, disipar algunas ideas erróneas acerca de la dirección espiritual. 

En la segunda parte no se propone enseñar a meditar. Pretende dar los consejos oportunos para evitar errores y dificultades en el camino de la meditación. 

Crisógono de Jesús, OCD.


SIN PRINCIPIO NI FIN

Algunas ideas del Zen que pueden iluminar nuestra propia experiencia espiritual 
(tomado de SIN PRINCIPIO NI FIN, de Jakusho Kwong, Editorial ONIRO) 

“Incluso el más sencillo de los gestos o de las formas puede trasmitir una tremenda profundidad”. 

“Lo que es importante para nosotros, como seres humanos que somos, es saber qué hay, qué es lo que hay antes de hablar, el verdadero lugar del que no solo las palabras sino todas las cosas surgen y al que también regresan”. 

“En la práctica del zazen (en la oración): a veces nos va bien, y a veces no, casi lo odiamos, o nos parece que actuamos como un robot. Es difícil permanecer sentados y pensar que vale para algo, que hay frutos. “Pero al cabo de mucho tiempo, la práctica, apoyada por el voto que hemos hecho de no rendirnos, se volverá una de las partes másíntimas de nuestra vida. No es solo el sentarse, sino que está ocurriendo algo másallá de uno mismo y de sus limitaciones personales. No es uno el que se sienta. Es el Buda (el Cristo) sentado en uno lo que impregna todo el universo”. 


“La codicia, la ira y la ignorancia, los tres grandes obstáculos de nuestro corazón/mente original”. 

“El samadhi consiste en ir más allá del pensamiento del yo para entrar en una gran calma y espaciosidad”.

 “Ser consciente de la gran y única realidad”. 


“Una de las tareas más importantes del zen es recoger la basura. Al recoger los papeles o la basura del suelo, hemos de comprender que también estamos recogiendo la basura que se acumula en nuestra propia mente. Las palabras FUERA y DENTRO son dos formas de describir una sola cosa. Como nuestros pensamientos y nuestra comprensión dualista son una especie de desperdicios en nuestra mente, cuando recogemos la basura exterior, estamos al mismo tiempo recogiendo la interior”. 


“Cada cosa tiene su propio valor intrínseco. Abordamos nuestro trabajo y vida con este espíritu de realización”. 

A través de los diversos rituales, abrimos un camino para que Cristo aparezca en nuestra vida.

 “El espíritu, la actitud y la comprensión del zen consisten en entregarse por completo a cualquier actividad”. 


“Tal como somos, con nuestra naturaleza original, ya estamos completos, ya tenemos todo cuanto necesitamos. Ya somos una persona plenamente realizada. Lo único que necesitamos es percibirlo”. 


“Cuando seguimos el mismo programa cada día, y estar todo estructurado de antemano, lo que se oculta bajo la superficie empieza a emerger”.

 “Cuando te concentras en la práctica y estas con todo tu ser en el lugar donde te encuentras, algo cambia en tu vida”. 



“Hemos de ser un poco más sencillos y menos inteligentes” 

“Tened cuidado con vuestras ideas de provecho”. 

“Estad atentos a las cosas que parecen poco importantes”. 

“Lo más importante es confiar firmemente en nuestra naturaleza original”.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.