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lunes, 9 de diciembre de 2019

AGRADECER: LA ÚNICA RESPUESTA.

Leo este pasaje de Thomas Merton (de 1968, junio):

 “Parece que todos tenemos que afrontar una tristeza tras otra. Pero no olvidemos la esperanza que la fe nos da. Dios es nuestra fuerza, y ningún tipo de fe debería impedirnos comprenderlo. Por el contrario, la aflicción debería ayudarnos a profundizar y confirmar nuestra confianza. Es una vieja historia, pero en la medida en que me concierne, es a la que siempre volvemos. No hay otra”. 

Y luego, en un pasaje de sus diarios correspondiente a diciembre de 1964, en un momento en que toma consciencia de sí mismo y de lo que ha recibido de Dios, escribe: 

De repente me impactó, por así decirlo, el conjunto completo del significado de todo: que la inmensa misericordia de Dios estaba sobre mí, que el Señor en su infinita bondad me había mirado y me había dado esta vocación por amor, y que desde siempre había proyectado hacerlo, y qué necios y triviales habían sido todos mis miedos y mi desesperación… La única respuesta es salir de uno mismo con todo lo que es, que es nada, y derramar esa nada en gratitud a que Dios es quien es”.

jueves, 5 de diciembre de 2019

LA MEJOR RELIGIÓN...

Jesús era un maestro de las parábolas. En el caso de Mateo 7, 21. 24-27, la parábola pregunta, al que lee o escucha, por los cimientos en que está apoyando su existencia, y que marcan el contraste entre la "apariencia" y la "solidez". 

Para Jesús, confirmado además en otra parábola, la del Buen Samaritano, hay un camino para encontrarse con Dios que no pasa por el templo.  Dicho brevemente: Jesús, en la línea de la mejor tradición profética judía, sitúa la ética por encima de la religión (La ortopraxis por encima de la ortodoxia). 

"La mejor religión es la que hace mejores personas", afirmó en una ocasión el Dalai Lama. Podría decirse de otro modo: la religión es saludable cuando se vive al servicio de la persona y de la espiritualidad (entendiendo por espiritualidad aquella dimensión básica y fundamental del ser humano que posibilita la plenitud de la vida). Por el contrario, cuando se absolutiza, olvidando que es solo un instrumento siempre relativo, se hace dogmática, indigesta y peligrosa, llegando incluso a pervertirse. 

"No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre", proclamó Jesús. Lo mismo vale para la religión.  En el mejor de los casos, la religión es como un mapa que nos ayuda a descubrir y fortalecer la "roca" sobre la cual construir nuestra casa. Pero la roca es solo una: el núcleo último de todo lo que es, aquello que constituye nuestra identidad única, sobre la que podemos siempre descansar.

( Extracto de un texto de: Enrique Martínez Lozano)

martes, 3 de diciembre de 2019

EL SEGUNDO ADVENIMIENTO


En TIEMPOS DE CELEBRACIÓN, Thomas Merton dedica un capítulo a "El sacramento del Adviento en la espiritualidad de San Bernardo". De él tomo el texto que comparto a continuación, en el que habla de tres Advenimientos o venidas de Cristo, resaltando la segunda, la del tiempo presente:


Los tres Advenimientos de Cristo son el cumplimiento de la Pascua Christi...pero el segundo, en cierto sentido, es el más importante para nosotros. El "segundo Advenimiento", por el que Cristo está presente en nuestras almas, ahora, depende de nuestro reconocimiento presente de su pascha o transitus, el paso de Cristo por nuestro mundo, a través de nuestras vidas.


Meditando sobre los Advenimientos pasado y futuro, llegamos a reconocer el Advenimiento presente que tiene lugar en cada momento de nuestra vida terrenal como caminantes.  Tomamos conciencia del hecho de que cada momento del tiempo es un momento de juicio, de que Cristo pasa y somos juzgados por nuestra conciencia de su paso. Si nos unimos a Él y viajamos con Él hacia el Reino, el juicio se hace salvación para nosotros. Pero si le despreciamos y le dejamos pasar, nuestro descuido es nuestra condenación. 

 La meditación sobre el primer Advenimiento nos da esperanza de la promesa que se nos ha ofrecido. El recuerdo del tercero nos invita a temer, no sea que por culpa nuestra no sepamos recibir el cumplimiento de esta promesa. El segundo advenimiento, el presente, situado entre esos dos términos, es, por tanto, necesariamente un tiempo de angustia, un tiempo de conflicto entre miedo y gozo. ¡Pero esa es una batalla saludable! Acaba en salvación y victoria, porque purifica todo nuestro ser.


El Advenimiento medio es más un tiempo de consuelo que de sufrimiento, si reflexionamos que ahí también viene Cristo realmente a nosotros, y se nos da realmente, de modo que ya poseemos nuestro cielo en esperanza. Este advenimiento medio es el camino por donde pasamos del primero al tercero. En el primero, Cristo fue nuestra redención; en el último, aparecerá como nuestra vida. En este actual, mientras dormimos entre las tierras (en nuestra herencia) Él será nuestro descanso y nuestro consuelo.

 No hay nada inactivo en este sueño. Sin duda esto puede significar quietud, tinieblas y vacío para nuestra actividad natural. Pero en esa "tiniebla" Dios viene a nosotros y actúa misteriosamente desde dentro de nosotros en espíritu y en verdad, para que el fruto de Su obra se haga manifiesto en el tercer Advenimiento cuando llegue en gloria y majestad.

Thomas Merton
Tiempos de Celebración

viernes, 29 de noviembre de 2019

PERSONAS LIBRES Y MADURAS QUE CELEBRAN...

A punto de comenzar un nuevo ciclo litúrgico (A), es útil recordar el sentido de la liturgia y también el valor de nuestros rituales. Sobre estos temas escribía Merton, a partir de los cambios promovidos por el concilio Vaticano II, en Tiempos de Celebración:

"Si la liturgia no es la actividad de personas libres y maduras, que participan inteligentemente reunidas en el culto en corporación que expresa y constituye su sociedad espiritual visible, no puede tener un verdadero significado espiritual. Esto es decir, por supuesto, que desde el momento en que el culto en corporación deja de ser genuinamente comunal y se convierte, en cambio, en meramente colectivo; tan pronto como deja de ser la colaboración de personas libres, ofreciendo cada cual su contribución insustituible, y se convierte en en el funcionamiento mecánico de unidades anónimas, cuya identidad y contribución individual no tiene especial valor, entonces pierde su derecho a llamarse litúrgica o culto cristiano. Ya no es el testimonio público de personalidades libres y responsables: se ha convertido en una demostración de hombres-masa, o esclavos.

Es cierto que el Señor habla en el Evangelio de sus fieles como de "ovejas", pero eso no da derecho a suponer que la liturgia sea meramente el balar organizado de animales irracionales reunidos en manada por la coerción y amaestrados por una ingeniosa disciplina hasta que sepan realizar acciones aparentemente humanas que no son capaces de comprender.

La liturgia no puede ser meramente la actuación de un grupo de especialistas en presencia de unos espectadores pasivos. No es meramente teatro. La liturgia requiere la participación inteligente y activa de todos los miembros maduros de la asamblea". 

Thomas Merton
Tiempos de celebración

jueves, 28 de noviembre de 2019

LO QUE SOMOS, ES PLENITUD

La liberación es ahora. Ahora es el momento de levantarse, alzar la cabeza y vivir como personas liberadas. Lo que somos, es plenitud. En un nivel relativo, superficial, pueden temblar los astros, aparecer miedo y angustia...; pero en el nivel absoluto, profundo, el Fondo que nos sostiene y constituye nos hace vivir en la confianza. Solo necesitamos reconocernos conectados a él. O mejor, reconocer que él constituye nuestra verdadera identidad.

Dar vueltas a las cosas en la cabeza no suele proporcionar más claridad ni más descanso, sino más confusión y sufrimiento. Por eso, todo pasa por acallar la mente y dejar de identificarnos con sus mensajes. Lleva la atención a la respiración, disfruta sencillamente de sentir el movimiento respiratorio y consiente en descansar en lo que es. No quieras pensarlo ni "controlar" mentalmente el proceso. No gastes tampoco energía en "pensar" a Dios; seguramente cuando dejes de pensarlo, te descubrirás en él, sin ningún tipo de distancia ni separación. De hecho, es imposible "escapar" de él, ya que es la Presencia imposible de evitar y, por ello, fuente de Confianza. 

Enrique Martínez Lozano
Otro modo de leer el Evangelio

lunes, 25 de noviembre de 2019

ADENTRARSE EN LA LUZ...

A propósito del inminente ADVIENTO, comparto una vez más algunos textos de Thomas Merton sobre este tiempo litúrgico, de su libro “Tiempos de celebración”. 

Me gusta el Adviento, su color, su música, sobre todo su alegría y su esperanza. Pensando en este momento de mi vida, abierto siempre a la eterna novedad de Dios, con clara certeza de la cercanía de un nuevo nacimiento, me preparo interiormente con el auxilio de la Palabra. Y además de las lecturas habituales, la compañía de los maestros, la escucha atenta en el silencio y la contemplación de la naturaleza, me abro también al mensaje del arte: la música, el cine, la literatura. Con todo ello preparo el sitio y creo la melodía que acunará al fruto por venir. Cuatro semanas mágicas, con la magia vital del existir, para recrear y renovar lo que somos y estamos llamados a ser. Los ángeles, amigas y amigos, acompañan en la búsqueda del misterio, y en la consecución de la plenitud a la que estamos llamados.
Juntos empujemos suavemente la puerta, y adentrémonos en la luz del último mes del año. Aun en medio de la más profunda oscuridad hay una vida nueva que asoma su cara, y nos sonríe.

Nuestro Adviento no es una celebración de valores tradicionales meramente culturales, por grandes y dignos de perpetuación que sean. El Adviento no es un mero retorno, una repetición, una renovación de lo antiguo. No puede ser el regreso a la infancia personal o social. La venida del Señor, que es lo mismo que Su “presencia”, es la venida de lo nuevo, no la renovación de lo viejo”.

"Nuestra tarea es buscar y encontrar a Cristo en nuestro mundo tal y como es y no como podría ser. El hecho de que el mundo sea diferente de lo que podría ser no altera la verdad de que Cristo está presente en él, y que Su plan no ha fracasado ni cambiado: en efecto, todo se hará conforme a Su voluntad. Nuestro adviento es la celebración de esa esperanza. Lo que es incierto no es la "venida" de Cristo sino nuestra acogida a Él, nuestra docilidad y capacidad de salir a Su encuentro".


El misterio de Adviento es un misterio de vaciamiento, de pobreza, de limitación. Debe ser así. De otro modo no podría ser un misterio de esperanza. El misterio de Adviento es un misterio de comienzo: pero también es el misterio de un fin. La plenitud del tiempo es el final de todo lo que todavía estaba incompleto, todo lo que todavía era parcial. Es el cumplimiento en unidad de todo lo que era fragmentario. El misterio de Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Es el comienzo del fin de la irrealidad”.

“Adviento, para nosotros, significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos".

Thomas Merton
Tiempos de Celebración

domingo, 24 de noviembre de 2019

VERDADERAMENTE LIBRES...

"Vivamos en Cristo, totalmente abiertos a su Espíritu, sin preocuparnos de la seguridad institucional, libres de toda preocupación por estructuras ideales que nunca serán construidas, y conformémonos con la Noche Oscura de la fe, la única en la que realmente estamos seguros, porque somos verdaderamente libres".

Thomas Merton

UNA NUEVA IDENTIDAD

"Descubrir la vida contemplativa es un nuevo descubrimiento de uno mismo. Podríamos decir que es el florecimiento de una identidad más profunda en un plano completamente diferente de un simple descubrimiento psicológico, una nueva identidad paradójica que tan sólo se descubre con la pérdida del ego. Encontrarse perdiéndose: eso es parte de la contemplación".

Thomas Merton
Acción y contemplación

MERTON, EL SALMISTA

Thomas Merton dedicó su vida a escribir acerca de la contemplación; sin embargo, su propia forma de orar era, de hecho, sorprendentemente simple, «centrada por entero en prestar atención a la presencia de Dios y a su Amor y su Voluntad... una especie de alabanza que brotaba del centro de la Nada y el Silencio... sin pensar en nada, sino buscando directamente el Rostro del Invisible». Mucho se ha escrito acerca de Merton el monje, el contemplativo, el maestro espiritual, el profeta social y eclesial, el pionero del diálogo interreligioso, el crítico de arte, cultura y literatura, así como de Merton el poeta; pero no se ha escrito explícitamente acerca de Merton el salmista. Sin embargo, hay un salterio virtual a lo largo de sus numerosos escritos, tanto en verso como en prosa, que constituye un precioso ejemplo de alabanza cristiana inequívocamente contemporánea. Él insistía en que su tarea no consistía simplemente en ser poeta y escritor, y menos aún comentarista o pseudo-profeta, sino «básicamente, en alabar a Dios a partir de un centro íntimo de silencio, agradecimiento y "conciencia". [...1 Mi trabajo no es otra cosa que la expresión anhelante de dicho agradecimiento día a día, con absoluta sencillez, abriendo mis manos, por lo demás, a todo cuanto me pueda llegar y haciendo que el trabajo forme parte de la alabanza».

Y refiere cómo en alguna ocasión se ha levantado de la cama en mitad de la noche porque sentía la imperiosa necesidad de recitar salmos tumbado y con el rostro en tierra, completamente a solas, sin mujer alguna, extasiadamente abrazado a su silenciosa amante, el bosque, cuya dulce y oscura calidez era la raíz de todos los secretos que los amantes conocían y que los místicos ansiaban conocer. El hombre «intoxicado de Dios» había extinguido todos los deseos, excepto uno: estar en la misma casa de su amor, en el jardín del Paraíso. De camino hacia allí, y una vez llegado, los cánticos que entonaba eran los salmos que cantaba al ritmo de las horas del día, verdadero aliento y latido de su vida cisterciense.

A medida que se ahondaba la vida de salmodia de Merton, despertaba al salmista que le habitaba. Comenzó inscribiendo nuevos salmos en la prosa poética y en los incontables poemas que parecían fluir del inagotable manantial de su silencio, depósito original del auténtico lenguaje humano del que toda alabanza brota y al que acaba retornando. En una cascada de elocuencia literaria, no tardó en convertirse en la voz única e incomparable de un nuevo y contemporáneo despertar contemplativo, insuflando en sus lectores un ansia semejante de la experiencia de Dios. Para Merton, la poesía era el horizonte cercano de este encuentro, porque, al igual que la música y el arte, ponía al alma en sintonía con Dios, induciendo el contacto con el Creador de un universo en el que brillan con luz propia las huellas de la divinidad. La poesía era la «expresión libre» del nuevo ser humano, el mismo Cristo, renacido a la conciencia edénica en virtud del trabajo de conversión. Gracias a la simpatía creativa y a la comprensión intuitiva, Merton encontró un acceso a la «totalidad oculta»" que informa un universo sacramental preñado de misterio, un nivel paradisíaco de plenitud. Reaccionaba con meteóricos estallidos de luminosidad verbal, celebrando el poder de Dios de ocultarse, para que todos lo vean, en el esplendor de la creación y de susurrar en el secreto del corazón humano.

A medida que la prosa de Merton efectuaba cada vez más ataques contra la horrible brutalidad y violencia de nuestro tiempo, sus poemas místicos eran otras tantas incursiones en lo indecible. Con un lenguaje rico e incluso excesivo, exuberante y fastuoso, exponía una bellísima y sorprendente visión de la existencia a los ojos de la depauperada imaginación religiosa del cristianismo posmoderno. Al espíritu teñido de sangre del siglo XX, que languidecía en el eclipse de un escepticismo y una inseguridad entumecedores, Merton se atrevía a hablarle con la inocencia de la fe: la intuición primordial de la original integridad, sentido y compasión que anidan en el corazón mismo de la realidad. Mientras, a lo largo de su vida, el «relato original» del cristianismo se había visto progresivamente sometido a la distorsión, la discontinuidad y la fragmentación, Merton se mostró infatigable a la hora de rehacer la urdimbre de la historia sagrada en el telar de su inspirada imaginación religiosa, sin disculparse en absoluto por referir una larga e improbable historia con la que cubrir su desnudez existencial, una vestimenta con la que celebrar sus cotidianas liturgias de alabanza.

La de Thomas Merton era una nueva voz de la miseria y grandeza de nuestra experiencia del mundo, y sus versos expresaban una visión plenamente integrada de nuestro tiempo y el espíritu del mismo. Su poesía tenía alas, las cuales le permitían despegar y volar por encima y más allá del horizonte del habitual discurso sobre Dios. Con su poesía seducía a sus lectores y nos persuadía de que renunciáramos a las ya agonizantes y formularias traducciones del discurso sagrado y nos atreviéramos, al igual que él, a ser salmistas de los nuevos tiempos y a devolverle el encanto a un mundo cuya alma se veía seriamente amenazada. Nos invitaba a acceder a la mente del místico cruzando la «puerta del mito» del discurso profético", asegurándonos que al otro lado se despierta uno del sueño y accede a una nueva realidad a través de la puerta del cielo, que se encuentra en todas partes.

Kathleen Deignan
El Libro de las Horas
Sal Terrae

viernes, 22 de noviembre de 2019

PARA COMENZAR EL AÑO LITÚRGICO...

La salvación, aunque ya la estamos experimentando en nuestra vida presente, acontece de formas definitiva en el futuro de Dios. Por eso la ESPERANZA, que es una espera confiada y activa en la promesa de Cristo; Él es el camino que nos conduce definitivamente a ese futuro: "cielo nuevo y tierra nueva". Más que ir a un lugar donde está Dios, vamos a Dios; Él es el Cielo de nuestra fe. Y nuestro caminar en el tiempo, hacia esa meta, se vive en la liturgia, la constante "acción de gracias", para que el mismo Cristo se vaya manifestando en nosotros, sus discípulos. Celebrar no es meramente evocar el pasado, satisfacer los deseos de un ser todopoderoso, sino ACTUALIZAR EL MISTERIO que celebramos en nuestra propia historia personal, familiar, comunitaria. No basta evocar a Cristo en la liturgia: ella tiene que convertirnos en otros Cristos

Precisamente la tarea profética del pueblo de Dios en el transcurso de la historia ha consistido en encender la llama de la esperanza; esa llama frágil, agonizante, que cualquier soplo, en cualquier instante, puede apagar. La pueden apagar tanto el anclarse en el pasado, que nos convierte en estatuas de sal, como hacerlo en el presente. magnificándolo, y quitándole ese toque de insatisfacción necesario para que no nos cierre a lo porvenir. La tensión de la fe no consiste en vivir entre el mundo y Dios, la tierra y el cielo, sino en hacerlo entre el presente, que es sacramento de Dios, abierto al porvenir. Esa es la ESPERANZA: no desentendernos del presente, mirando los celajes en un sueño que no acaba, sino vivir despiertos, vigilantes, para percibir con ojos de fe lo que nos aguarda  delante de nosotros. 

Todo momento o acontecimiento de nuestra historia tiene el carácter de inacabamiento, de provisionalidad; son estaciones de una trayectoria, momentos de un proceso, pero a la vez están grávidos de futuro, en ellos resplandece la promesa.  Y así andamos, encontrando umbrales nuevos, puertas que se abren, para asomarnos a nuevos paisajes de vida. Y así, hasta que se produzca el ADVIENTO definitivo, la parusía. 

En apenas ocho días comenzamos el nuevo año cristiano (Ciclo A), con el primer domingo de Adviento, y resultará provechoso espiritualmente prepararnos para ello con algunas lecturas. Será un paso más de la “interminable aventura de la vida espiritual”, pues cada año –dice Joan Chittister- es un punto de crecimiento claramente identificable en la vida de una persona. Las celebraciones del año litúrgico tienen el propósito de sintonizar la vida del cristiano con la vida de Jesús, el Cristo, por ello nos sumergen en el sentido y la esencia de la vida cristiana, en un verdadero “ejercicio de maduración espiritual”.

En este mismo blog podrán buscar información sobre el tema en las entradas de los años anteriores, sobre todo textos de Thomas Merton, y su libro “Tiempos de celebración”, cuya lectura resulta muy apropiada para adentrarse en el sentido de la liturgia cristiana. Entre los ensayos que incluye destacaría “Liturgia y personalismo espiritual”, “El tiempo y la liturgia” y “Adviento: ¿Esperanza o engaño?”.

También incluiría la lectura de algunos libros de Anselm Grün, y en primer lugar “Año litúrgico sanador. El año litúrgico como psicodrama” (Verbo Divino, 2002), así como otros escritos suyos que ofrecen pautas para la vivencia cotidiana de la fe; sumo además un libro de Joan Chittister, “El año litúrgico. La interminable aventura de la vida espiritual”, publicado por Sal Terrae. Seguro que cada uno tendrá alguna lectura especial para este tiempo, y a ella volverá seguramente durante las próximas semanas. 

Así, entre lecturas nuevas y relecturas, podemos prepararnos para el nuevo tiempo litúrgico, de manera que “pueda desarrollar las dimensiones cósmicas de lo que significa estar vivo en la entraña misma de la vida cotidiana”. Como sustrato de lo anterior suelo leer cada año la amplia introducción que trae el primer tomo de la Liturgia de las Horas, en las que aparece muy bien presentado el sentido del ciclo anual de celebraciones en la oración comunitaria de la Iglesia.

Otra sugerencia: yo suelo revisar cada año, a lo largo de estas dos últimas semanas, los textos bíblicos que se utilizarán en los cuatro domingos de Adviento, para captar el sentido espiritual del “camino” que voy a emprender. En dichos textos, busco encontrar frases o ideas que expresen para mí: un anhelo, una suplica, una certeza y un propósito. Podemos hacerlo solos, a nivel personal, o a nivel de grupos en nuestra comunidad religiosa o parroquial.

Es importante que no seamos meramente entes pasivos en este proceso, sino que además de aprovechar los espacios eclesiales, las celebraciones, etc, también aprendamos a ser creativos en nuestra vida espiritual, para no perder nunca la ESPERANZA, hasta que el Señor venga. La Eucaristía de cada domingo, y la de cualquier otro día de la semana, son nuestro "Maran-atha" (Ven, Señor).

Fray Manuel de Jesús, ocd

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.