"Leo en las Cautelas de san Juan de la Cruz sus observaciones sobre la obediencia, y no deseo otra cosa que seguirlas y dejar que Dios me guíe por mediación de aquel a quien Él elija" (22 de agosto de 1948).
Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.
"Thomas Merton escribe en su autobiografía que la deficiencia más grave de su vida espiritual en el año que siguió a su conversión fue la falta de devoción a María, que "ocupaba en mi vida poco más que el lugar de un hermoso mito". Este defecto fue pronto reparado, pues la Madre de Jesús pasó a ocupar en su espiritualidsad un lugar central que duraría hasta el fin de su vida.
Un momento decisivo fue su visita a Cuba en abril de 1940, que fue una especie de peregrinación mariana, si bien en su diario trata este aspecto del viaje con bastante reserva. Pero, retrospectivamente, se centra en sus visitas a los santuarios de Nuestra Señora de la Soledad, a la que llama "una de mis grandes devociones", y por supuesto, a la patrona de Cuba, Nuestra Señora del Cobre, a quien promete honrar en su primera misa, en caso de ser ordenado sacerdote, y que le inspira la "Canción para Nuestra Señora del Cobre", que llama "el primer poerma de verdad que he escrito" y es el primero de sus poemas marianos.
El reflejo de la estatua de Nuestra Señora del Carmen en el espejo de la habitación de su hotel en La Habana fue una experiencia que tuvo para él un profundo eco muchos años después".
Diccionario de Thomas Merton
"En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla" (Lc 10, 21-24).
Jesús, lleno de alegría, estalla en una explosión de gratitud, al constatar que la gente sencilla “ve”. La alegría y la gratitud brotan, sin duda, de la consciencia viva de su identidad más profunda, allí donde se siente uno con el Padre y con todos los seres.
Por el contexto, sabemos que la expresión “los sabios y entendidos” alude a las autoridades religiosas y a los teólogos oficiales (escribas o doctores de la ley), es decir, a quienes creen saberlo todo y presumen de conocer a Dios y su Ley. “Los sencillos”, por el contrario, son aquellos que resultan sospechosos a los “entendidos”: los pecadores, los analfabetos, los grupos marginados (niños, mujeres, enfermos, pobres…) que, al acoger la palabra de Jesús, encuentran luz (se les “revela”) y dicha.
Tanto la alegría como la gratitud no son sino otros nombres de nuestra verdadera identidad. Podemos experimentar tristeza y tener reacciones ingratas, pero somos Gozo y Gratitud, como lo era Jesús; como lo son todos los seres. Porque todos somos uno con el “Padre”, con la Fuente o el Vacío de donde todo brota.
Pero no lo veremos a través de la mente. Esta puede hacernos “entendidos” en muchas cosas, pero corremos el riesgo de caer en una trampa tan sutil como peligrosa: la de creer que pensar es lo mismo que conocer, y así reducimos lo Real a nuestros conceptos. Como ha escrito Giorgio Nardone, “es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo”. Nos libraremos de esa trampa gracias a la sabiduría del no-saber (del no-pensamiento): “Entréme donde no supe y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”, sabía bien san Juan de la Cruz.
Y lo mismo vale para Dios, tal como lo expresaba el místico cristiano Angelus Silesius, en el siglo XVII: “Qué sea Dios, lo ignoramos…; es lo que ni tú ni yo ni criatura alguna ha sabido jamás antes de haberse convertido en lo que Él es”. O la poetisa Charo Rodríguez: “Solo el Dios encontrado, / ningún dios enseñado puede ser verdadero, / ningún dios enseñado. / Solo el Dios encontrado / puede ser verdadero”. Tendremos que “dejar caer” todas nuestras ideas y creencias sobre Dios –en realidad, son solo “objetos mentales”–, para anclarnos en la Presencia que se nos regala a través del silencio de la mente".
Enrique Martínez Lozano
Otro modo de leer el Evangelio
“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).
“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros
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